Celia Gonzalo, endocrina: "La menopausia favorece la acumulación de grasa abdominal y una mayor actividad inflamatoria"


Los cambios hormonales pueden favorecer la acumulación de grasa abdominal y alterar el funcionamiento del intestino. Sin embargo, no todas las molestias responden a la misma causa ni se solucionan de la misma manera.


Mujer de 50 en la playa mirando a cámara feliz© Getty Images
15 de octubre de 2026 a las 7:01 CEST

La llegada de la menopausia suele acompañarse de cambios que muchas mujeres empiezan a notar incluso antes de que desaparezca definitivamente la menstruación. Uno de los más habituales es la sensación de tener el abdomen más hinchado, especialmente después de comer o al final del día. Otras observan que su cintura ha aumentado, aunque la báscula apenas refleje diferencias. 

Retrato de una mujer madura sentada en la terraza con una tableta digital y un vaso de batido© Getty Images

¿Es una consecuencia de la caída de los estrógenos? ¿Se trata de inflamación, retención de líquidos o acumulación de grasa? Aunque estos fenómenos pueden coincidir durante esta etapa, no son lo mismo y conviene distinguirlos para saber cómo actuar.

La doctora Celia Gonzalo Gleyzes, especialista en Endocrinología y Nutrición del equipo médico de Neolife Madrid, donde desarrolla su actividad en el ámbito de la longevidad saludable y la medicina preventiva, nos explica qué ocurre en el organismo durante la transición menopáusica, por qué podemos sentirnos más hinchadas y qué hábitos ayudan a mejorar estos síntomas.

mujer sonriente mirando por su balcón en una mañana de otoño© Getty Images/Westend61

¿Por qué nos sentimos más hinchadas durante la menopausia?

Una de las razones está en los cambios hormonales que comienzan durante la perimenopausia. Como explica la doctora Celia Gonzalo, "la progesterona disminuye progresivamente en el contexto de una función ovárica cada vez más irregular", especialmente cuando se producen ciclos sin ovulación. Esta hormona también interviene en la actividad del músculo liso y en el funcionamiento digestivo, por lo que las variaciones en su secreción pueden modificar el tránsito intestinal.

A ello se suman las fluctuaciones de los estrógenos, que pueden influir en el equilibrio de líquidos. Sin embargo, la especialista recuerda que no toda la hinchazón tiene un origen hormonal. El estreñimiento, determinados alimentos o una mayor sensibilidad intestinal también pueden explicar por qué algunas mujeres notan el abdomen más distendido, especialmente después de las comidas.

Además, durante esta etapa cambia la composición corporal. "Aumenta la tendencia a acumular grasa en el abdomen y puede perderse masa muscular, incluso sin grandes variaciones de peso", señala la endocrina. Es decir, podemos pesar prácticamente lo mismo que hace unos años y, sin embargo, observar que nuestra cintura ha aumentado. En este proceso también intervienen el envejecimiento, el descanso, el estrés y los hábitos de vida.

Mujer comiendo dulce en la cocina © Getty Images/Image Source

¿Qué relación existe entre los estrógenos y la inflamación?

Los estrógenos no solo intervienen en la función reproductiva. También participan en la regulación del metabolismo, la salud vascular y determinados procesos inflamatorios. Por eso, su descenso durante la transición menopáusica puede favorecer cambios metabólicos y una mayor acumulación de grasa abdominal, especialmente de grasa visceral, la que se encuentra alrededor de los órganos internos.

Como explica la doctora, "esta grasa se relaciona con una mayor actividad inflamatoria y con alteraciones de la sensibilidad a la insulina". Hablamos de una inflamación crónica de bajo grado, un proceso que puede pasar inadvertido y que se asocia con un mayor riesgo cardiometabólico.

Pero ¿significa esto que cuando nos sentimos hinchadas estamos inflamadas? No necesariamente. La especialista insiste en que debemos distinguir la inflamación metabólica de bajo grado de lo que coloquialmente llamamos "estar hinchada". Los gases, la distensión abdominal y la retención de líquidos son fenómenos diferentes que no indican por sí mismos que exista una inflamación sistémica.

Mujer de 50 en la playa mirando a cámara feliz© Getty Images

¿Cómo saber si tenemos inflamación, retención de líquidos o grasa abdominal?

Aunque a menudo utilizamos la misma palabra para describirlos, existen algunas diferencias que pueden ayudarnos a identificar qué está ocurriendo.

Por ejemplo, la distensión abdominal suele variar a lo largo del día. Podemos levantarnos con el vientre relativamente plano y notar que aumenta después de comer, para mejorar de nuevo durante la noche. En cambio, la retención de líquidos puede manifestarse con hinchazón en manos o tobillos y cambios relativamente rápidos de peso.

Mujer mayor feliz riéndose© Getty Images

La acumulación de grasa abdominal tiene un comportamiento distinto. En este caso, el aumento del perímetro de cintura suele ser más progresivo y mantenerse en el tiempo.

¿Y qué sucede con la inflamación crónica de bajo grado? La doctora aclara que "generalmente no produce una sensación específica que permita identificarla y no puede diagnosticarse por el aspecto del abdomen". Para valorarla es necesario tener en cuenta la historia clínica y, cuando está indicado, realizar pruebas complementarias.

Como nos cuenta la experta, en su clínica, por ejemplo, utilizan técnicas como la densitometría DXA para analizar la composición corporal, cuantificar la masa grasa y muscular y, mediante determinados equipos y programas, estimar la grasa visceral. Cuando predominan las molestias digestivas, el estudio debe orientarse según los síntomas y los antecedentes de cada paciente.

Mujer menopáusica haciendo ejercicio© Getty Images

¿Qué podemos hacer para reducir la hinchazón durante la menopausia?

La buena noticia es que algunos cambios sencillos pueden ayudar a mejorar las molestias digestivas. La doctora Celia Gonzalo recomienda empezar por la forma en que comemos: hacerlo despacio, evitar las comidas demasiado abundantes y moderar las bebidas con gas puede reducir la distensión abdominal.

También aconseja prestar atención a los alimentos o edulcorantes que desencadenan molestias. Si existe estreñimiento, aumentar progresivamente la fibra y mantener una hidratación adecuada puede resultar beneficioso. En mujeres con tendencia a retener líquidos, conviene moderar la sal y limitar el consumo de alcohol.

Ahora bien, no se trata de eliminar alimentos indiscriminadamente. "Si la hinchazón se relaciona repetidamente con determinados alimentos, conviene estudiar el patrón con un profesional de nutrición antes de eliminar grupos alimentarios completos", señala la especialista. Tampoco debemos atribuir automáticamente estas molestias a un desequilibrio de la microbiota sin una valoración clínica que lo justifique.

Mujer relajada leyendo en una silla de su jardín, rodeada de buganvillas y plantas, con un lazo en la cabeza, gafas de sol y ropa de primavera© Getty Images

Pero la alimentación no es la única herramienta. Durante la menopausia también es importante preservar la masa muscular, ya que su pérdida puede contribuir a empeorar la composición corporal y la salud metabólica. Para ello, la endocrina recomienda asegurar un aporte suficiente de proteínas y combinar el ejercicio aeróbico con el entrenamiento de fuerza.

¿Y caminar después de comer? También puede ser útil. Según explica, estos paseos pueden favorecer el tránsito intestinal y aliviar algunas molestias digestivas. Como referencia general, recomienda realizar entre 150 y 300 minutos semanales de actividad aeróbica moderada, o su equivalente de actividad vigorosa, y entrenar la fuerza al menos dos días por semana.

¿Cuándo debemos preocuparnos por la hinchazón abdominal?

Aunque muchas mujeres relacionan estas molestias con los cambios hormonales, la doctora advierte de que no debemos normalizarlas cuando aparecen de forma repentina, persisten o empeoran.

"No conviene atribuir automáticamente a la menopausia una hinchazón nueva, persistente o progresiva", insiste. Especialmente a partir de los 50 años, si la distensión se repite durante varias semanas y se acompaña de saciedad precoz, dolor abdominal o pélvico, aumento del perímetro abdominal o necesidad de orinar con mayor frecuencia, es importante consultar para descartar otras posibles causas, incluida una patología ovárica.

Médico escuchando a la paciente © Getty Images

También requieren valoración médica la pérdida de peso involuntaria, la presencia de sangre en las heces, los cambios persistentes del ritmo intestinal o el sangrado vaginal después de la menopausia. Y si aparece hinchazón en las piernas acompañada de dificultad para respirar, la evaluación debe ser urgente.

En definitiva, no todo lo que ocurre en nuestro cuerpo a partir de los 50 años tiene que ver necesariamente con la menopausia. El estreñimiento, la enfermedad celíaca, el hipotiroidismo y otros trastornos digestivos también pueden explicar algunas molestias. Por eso, antes de recurrir a suplementos, dietas restrictivas o tratamientos para "desinflamar" el abdomen, lo más importante es identificar qué está provocando los síntomas.

La clave está en entender qué ha cambiado en nuestro organismo. Si existe distensión digestiva, habrá que buscar sus desencadenantes; si ha aumentado la grasa abdominal, convendrá prestar especial atención a la alimentación, la actividad física y la masa muscular. 

Y cuando la hinchazón es persistente o se acompaña de otros síntomas, la mejor decisión es consultar.