Psicología

Viktor Frankl, psiquiatra, sobre el sentido y la felicidad: ”Al hombre se le puede quitar todo excepto una cosa: la elección de la propia actitud ante la adversidad"


Hay frases que te conectan con tu interior y te ayudan a alcanzar un mayor bienestar. Esta de este famoso psiquiatra, neurólogo y creador de la logopedia me ha servido en muchos momentos de mi vida.


Navidad es sinónimo de comidas abundantes, sobremesas largas y, a menudo, digestiones pesadas. Pero este año, ¿qué tal si le das un giro saludable a tus celebraciones? Las especias, esos pequeños tesoros de la naturaleza, pueden convertirse en tus mejores aliadas para disfrutar de las cenas navideñas sin arrepentimientos digestivos. Hablamos con Julia Farré, dietista-nutricionista, para descubrir cómo estas especias pueden ayudarte a cuidar tu estómago mientras disfrutas de los sabores de la temporada.  Jengibre: El Remedio Natural Contra la Pesadez El jengibre es una de las especias más valoradas por sus beneficios digestivos. Con su característico toque picante y aroma fresco, es ideal para aliviar la pesadez estomacal, las náuseas y esa sensación incómoda de "demasiada comida".  “Los compuestos del jengibre, como el gingerol y el shogaol, actúan relajando los músculos del tracto gastrointestinal y acelerando el vaciado gástrico, lo que lo convierte en un excelente aliado para las digestiones difíciles”, explica Farré.  Además, su uso está respaldado por estudios científicos que demuestran su eficacia en reducir náuseas en contextos como el embarazo o incluso tratamientos de quimioterapia. Para obtener sus beneficios, se recomienda consumir entre 1 y 2 gramos al día, ya sea fresco o en infusión.  Una buena idea es preparar un té de jengibre después de la cena, añadiendo unas rodajas de la raíz fresca en agua caliente con un toque de limón. Así, te asegurarás una digestión ligera y reparadora.  Hinojo: La Solución para la Hinchazón Si alguna vez has sentido hinchazón después de una comida copiosa, el hinojo puede ser tu salvación. Esta especia, con su sutil sabor anisado, ayuda a reducir los gases y aliviar los espasmos intestinales gracias a sus aceites esenciales, como el anetol.  “El hinojo tiene propiedades carminativas, es decir, facilita la expulsión de gases, y antiespasmódicas, por lo que es ideal para evitar esa incómoda sensación de hinchazón”, comenta Farré.  Se puede consumir en forma de infusión, utilizando una o dos cucharaditas de semillas en agua caliente, o como parte de tus platos navideños, como sopas o ensaladas. Si prefieres algo dulce, prueba añadiendo semillas de hinojo a un yogur natural; el contraste de sabores es delicioso y ligero.  Cardamomo: Un Toque Exótico para tu Digestión El cardamomo, con su sabor cálido y ligeramente dulce, es otra especia que no puede faltar en tus comidas navideñas. Es conocido por estimular el flujo biliar, lo que facilita la digestión de grasas, algo muy útil en estas fiestas donde los excesos son frecuentes.  “El cardamomo es fantástico para aliviar los calambres abdominales y mejorar la digestión en general. Además, su aroma único lo hace perfecto para añadir un toque especial a tus recetas”, asegura Farré.  Un truco es incluirlo en tus postres o bebidas calientes. Por ejemplo, puedes añadir unas vainas de cardamomo al chocolate caliente o al café, logrando un sabor exótico y beneficioso. También puedes preparar una infusión con las semillas después de la comida para ayudar a tu sistema digestivo a procesar los alimentos.  Clavo: Pequeño pero Poderoso El clavo, una especia diminuta pero repleta de propiedades, es especialmente útil para combatir la acidez y mejorar el metabolismo digestivo. Su compuesto principal, el eugenol, tiene efectos antiinflamatorios y promueve la producción de jugos gástricos, esenciales para una buena digestión.  “El clavo no solo alivia la acidez, sino que también ayuda a mantener un equilibrio en el sistema digestivo, lo que es clave durante estas fechas”, explica Farré.  Úsalo en pequeñas cantidades, como 2 o 3 clavos en una infusión o como parte de recetas de guisos y postres. Por ejemplo, en un arroz con leche o una compota de manzana, aporta un toque especiado y beneficioso. Recuerda que, aunque es muy efectivo, su sabor es potente, así que no necesitas usar mucho para aprovechar sus propiedades.  Pimienta Negra: La Reina de la Cocina y la Digestión La pimienta negra es una de las especias más comunes en nuestras mesas, pero quizás no sabías que también es una gran aliada para la digestión. Su compuesto activo, la piperina, estimula la secreción de jugos gástricos y mejora la absorción de nutrientes.  “La pimienta negra no solo realza el sabor de los platos, sino que también ayuda al cuerpo a digerir mejor los alimentos y aprovechar mejor sus nutrientes. Es especialmente útil cuando se combina con otras especias, como la cúrcuma”, señala Farré.  Una pizca de pimienta negra en tus platos salados, desde carnes hasta sopas, no solo potenciará su sabor, sino que también hará que tus comidas sean más ligeras. Eso sí, no excedas un cuarto de cucharadita al día para evitar irritaciones gástricas, especialmente si tienes un estómago sensible.  Consejos Prácticos para Usar Especias Aunque estas especias son seguras en cantidades moderadas, Farré recomienda empezar con pequeñas dosis si no estás acostumbrado a utilizarlas. “Por ejemplo, añade una pizca de jengibre o cardamomo a tus recetas habituales y ve ajustando según tu gusto. Las infusiones también son una forma sencilla y deliciosa de integrarlas en tu rutina”.  Además, combinar varias especias es totalmente seguro y puede potenciar sus beneficios digestivos. Un buen ejemplo es un té casero con jengibre, cardamomo y un par de clavos, que no solo es delicioso, sino también ideal para aliviar la pesadez después de una comida abundante.  Eso sí, Farré advierte que, aunque estas especias tienen grandes beneficios, es importante no abusar de ellas. “En cantidades excesivas, pueden causar irritación gástrica, especialmente en personas con gastritis o úlceras. Si tienes alguna condición médica o tomas medicamentos, consulta con un profesional de la salud antes de introducirlas en tu dieta”.  Más Allá de la Digestión Además de sus propiedades digestivas, estas especias tienen beneficios adicionales para la salud. El jengibre, por ejemplo, es antiinflamatorio; el clavo y el cardamomo fortalecen el sistema inmunológico gracias a sus compuestos antimicrobianos; y todas estas especias son ricas en antioxidantes, que ayudan a combatir el envejecimiento celular.  “La Navidad es el momento perfecto para experimentar con nuevas especias en la cocina. No solo mejorarás tus digestiones, sino que también añadirás un toque especial y saludable a tus recetas”, concluye Farré.  Así que, estas fiestas, dale un respiro a tu sistema digestivo y enriquece tus platos con el sabor y los beneficios de estas maravillosas especias. Tu cuerpo (y tu paladar) te lo agradecerán.© Getty Images
25 de enero de 2026 - 18:00 CET

Tengo que confesar que durante una etapa de mi vida me aficioné a leer frases de personajes célebres. Filósofos, psiquiatras, escritores, líderes espirituales o políticos... muchos de ellos tenían esa cita que podía colgar en la nevera para acudir a ella en determinados momentos. Ahora eso ya pasó, pero hay una frase muy bonita que sigue inspirándome. Es de Viktor Frankl, y la leí hace años. Desde el principio me pareció una cita inspiradora, de esas que subrayas en un libro y sigues adelante. Con el tiempo, y sobre todo con la experiencia, entendí que no era solo una reflexión brillante, sino una guía práctica para atravesar momentos difíciles.

Frankl no hablaba desde la teoría, sino desde lo vivido. Desde el límite. Desde haberlo perdido casi todo. Y, aun así, dejó escrito algo que hoy me resulta profundamente actual: cuando ya no puedes cambiar lo que te ocurre, todavía puedes decidir cómo te colocas ante ello. Y esta actitud, desde mi parecer, es la clave de la felicidad.

Mujer en overol azul sosteniendo una taza blanca, sonriendo en una sala de estar.© Getty Images

Viktor Frankl y la libertad que nadie puede quitarte

Viktor Frankl fue neurólogo, psiquiatra y, sobre todo, un pensador profundamente marcado por su experiencia. Judío vienés, fue deportado a varios campos de concentración nazis, entre ellos Auschwitz, donde perdió a sus padres, a su hermano y a su mujer embarazada. Vivió el despojo absoluto: de la libertad, de la identidad, de la seguridad y de los afectos. Y, aun así, observó algo que cambiaría su forma de entender al ser humano para siempre: incluso en las condiciones más extremas, algunas personas lograban mantener una dignidad interior, una actitud que nadie podía arrebatarles.

De esa experiencia nace su libro más conocido, 'El hombre en busca de sentido', una obra breve pero de una profundidad enorme, en la que combina el relato autobiográfico con su visión psicológica. Frankl no escribió desde el resentimiento, sino desde una admirable serenidad. En este libro explica cómo el sufrimiento es inevitable en muchos momentos de la vida, pero cómo el sentido que le damos puede marcar la diferencia entre hundirse o seguir adelante. Para él, no es el placer ni el éxito lo que sostiene al ser humano, sino encontrar un para qué incluso cuando todo parece perdido.

La frase que me marcó reza así: “Al hombre se le puede quitar todo excepto una cosa: la elección de la propia actitud ante la adversidad”. Me parece que es una brillante llamada a la responsabilidad interior, a ese pequeño margen de libertad que permanece incluso cuando el exterior se vuelve hostil, incierto o doloroso. En mi opinión, es la actitud que gira entorno a películas tan maravillosas como 'La vida es bella', de Roberto Benigni. Es también la idea que nos transmiten muchos expertos en salud mental. Pero, ojo, tampoco hay que ser naïf. 

Persona con corte de cabello estilo pixie, recostada, manos en la cabeza, ojos cerrados.© Getty Images/500px Plus

Darle cabida a la emoción sin quedarte atrapada en ella

Los expertos en psicología y psiquiatría recuerdan que las emociones no son el problema. El problema es quedarse enganchada a ellas, identificarse por completo, pensar que no van a pasar. La ansiedad, el miedo o la angustia son respuestas humanas ante situaciones complejas. No son errores.

Cuando dejo de luchar contra lo que siento y empiezo a escucharlo con más calma, algo cambia. No siempre es inmediato, pero la emoción se mueve. Y cuando se mueve, pasa. Esta forma de relacionarnos con lo que duele nos permite atravesar momentos difíciles con menos desgaste añadido.

No basta con pensar en positivo: hay que aprender a gestionar

Otra de las reflexiones que vienen a mi cabeza al leer esta frase del famoso psiquiatra es que durante años creí que la clave estaba en pensar en positivo. En darle la vuelta a todo. En buscar el lado bueno incluso cuando apenas se veía. Hasta que entendí, tras muchas conversaciones con profesionales, que ese planteamiento no siempre ayuda. A veces, incluso, añade presión.

Los expertos en psicología advierten de que no se trata de luchar contra la ansiedad, la angustia o la necesidad constante de saber qué va a pasar. Al contrario. Se trata de darle espacio a esa emoción, permitir que esté, escuchar lo que trae… y dejar que pase.

Cuando peleamos contra lo que sentimos, solemos intensificarlo. Cuando lo aceptamos sin resignarnos, algo se relaja. No desaparece de inmediato, pero deja de ocuparlo todo. Y ahí empieza la gestión real de la adversidad.

Mujer saltando con alegría frente a una pared amarilla y azul.© Getty Images

Cómo gestionar la adversidad

Otro de los retos que me inspira esta frase de Viktor Frankl es la capacidad de superación, virtud que no tiene que ver con aguantar sin quejarse, sino con adaptarse sin romperse. Hace unos días entrevistaba a una experta en longevidad, Consuelo Borrás, y ella misma afirmaba que la capacidad de adaptarnos a las circunstancias es lo que puede evitar que el estrés nos reste años de vida. 

La resiliencia, tal y como me la han explicado tantas veces, no es salir reforzado de todo, sino salir entero. Pedir ayuda cuando hace falta. Bajar el ritmo cuando el cuerpo lo pide. Entender que hay etapas en las que no se puede con todo, y que eso no es un fracaso.

También he aprendido que gestionar la adversidad también depende de gestos muy cotidianos: cuidar el sueño cuando se puede, comer con más atención, poner límites, reducir la autoexigencia, dejar de compararse. Pequeñas decisiones que, sumadas, sostienen.

Mujer en vestido blanco y sombrero sosteniendo globos en un campo al atardecer.© Adobe Stock

Elegir la actitud no es negar el dolor

Volviendo a Viktor Frankl, hay algo que conviene dejar claro: elegir la actitud no significa negar la realidad ni tapar el dolor. Significa no dejar que ese dolor lo decida todo. Significa conservar, incluso en los días más torcidos, un pequeño espacio de libertad interior.

Y cuando la emoción es insostenible, pedir ayuda suele ser la mejor opción. 

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