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¿Qué es el trastorno ansioso depresivo que sufre Rocío Carrasco?

Los pacientes que sufren esta alteración alternan síntomas de ansiedad y depresión o se manifiestan signos de ambas

por Nuria Safont

El trastorno mixto ansioso-depresivo que sufre Rocío Carrasco es un problema más común de lo que parece. De hecho, ha podido agravarse en la pandemia. Las personas que lo sufren padecen síntomas de ansiedad y también de depresión. El estigma que acompaña a estos dos problemas pueden hacer que los pacientes pasen un calvario. Como nos explica la psicóloga Alba Valle, "las personas que lo sufren manifiestan ansiedad y depresión indistintamente, teniendo épocas en las que pueden sufrir más síntomas de ansiedad y otras de depresión o se tienen indicios de ambos. Sin embargo, su sintomatología no se puede encuadrar dentro de un cuadro clínico de ansiedad o de depresión marcado por el DSM5, que es el manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales", aclara la psicóloga. 

Antes de ver los síntomas del trastorno mixto ansioso depresivo, repasamos qué es la ansiedad y la depresión por separado

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Ansiedad

"La ansiedad no es una enfermedad, sino un trastorno relacionado por nuestra manera de gestionar las emociones", explica la psicóloga Alba Valle. Sus manifestaciones son variadas: emocionales, psicológicas y fisiológicas. Las personas que la padecen la pueden sentirla en mayor o menor intensidad, y en forma de nudo en el cuello, presión en el pecho o taquicardias, pero también hay quien vive con mucha ansiedad y sensación frecuente de urgencia, y sin embargo no sufre taquicardias.

Ansiedad y miedo van de la mano, aunque son fenómenos distintos. La primera viene de la segunda y es una consecuencia natural de la capacidad innata del ser humano de sentir el miedo como una forma de protección para garantizar la supervivencia. La ansiedad no tiene causa a priori, “no hay algo en este instante que la esté generando, sino que suele ser nuestra propia mente o nuestras propias sensaciones internas”, detalla Valle.

Por el contrario, la causa del miedo es generalmente externa, y puede darse por ejemplo al ir conduciendo y ver venir un coche en dirección contraria, lo que desencadena el miedo y el mecanismo de huída por motivos justificados. El problema surge cuando no se sabe gestionar correctamente el miedo y no se le da una salida útil.

La ansiedad generalizada, por otro lado, es una sensación permanente de preocupación. "Como si la persona tuviera el nervio metido en el cuerpo y no se pudiera relajar, aunque no exista nada concreto que cause este estado", señala Valle.

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Depresión 

Tal como nos explican desde Lundbeck, la depresión es una enfermedad psiquiátrica bien definida que nada tiene que ver con el fin del disfrute del periodo estival de cualquier trabajador. Se trata de una enfermedad mental compleja, multidimensional y heterogénea, que presenta una extensa variedad de síntomas: afectivos, tales como tristeza, ansiedad, irritabilidad, bajo estado de ánimo, desesperanza; cognitivos, como son las dificultades de atención y concentración, de memoria, de toma de decisiones y planificación, y somáticos, entre ellos, fatiga, cambios en el apetito y peso, alteraciones del sueño, cefalea, problemas estomacales.

Tristeza o abatimiento no son sinónimos de depresión. Los períodos de tristeza o melancolía son inherentes a la experiencia humana. La tristeza es un sentimiento normal, pero puede llegar a ser patológica en función de su duración, intensidad y grado de interferencia en la conducta y la vida cotidiana de la persona.

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¿Qué es el trastorno ansioso depresivo?

Con el ajetreo del día a día  en un estilo de vida laboral y personal tan frenético un porcentaje alto de la población sufre o ha sido diagnosticada con trastorno de ansiedad o depresivo. A la cabeza se sitúan los trastornos ansiógenos y seguidamente los trastornos depresivos.

Convencionalmente, "se ha observado desde nuestra profesión que la ansiedad y la depresión guardan muchos síntomas en común. Asimismo, un episodio ansiógeno prolongado puede generar síntomas depresivos y viceversa. Hoy en día se ha observado que una gran cantidad de población presenta sintomatología de ambos trastornos de manera simultanea conociéndose como trastorno mixto ansioso-depresivo", indica la psicóloga Carla Jubells de Mundopsicologos.com.

En este trastorno, como decíamos, se alternan síntomas de ansiedad y de depresión. Las causas, como nos explica Jubells: 

  • Biológicas: debido al desequilibrio en algunos neurotransmisores. 
  • Ambientales: por ejemplo, en este contexto de pandemia, los síntomas de depresión y de ansiedad aumentan. 
  • Psicológicas: las personas con depresión o con ansiedad que no se tratan, pueden acabar desarrollando este trastorno ya que ambas se retroalimentan. 

Entre los factores de riesgo, nos explica la especialista, está el tener familiares con trastornos mentales, vivir en la pobreza, ser mujer, la soledad, sufrir una enfermedad grave, la baja autoestima, haber sufrido traumas o el estrés. Asimismo, hay tipos de personalidad más proclives a tener este trastorno mixto, por ejemplo, las que tienden a ser pesimistas o dependientes. 

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Cuáles son los síntomas de esta alteración mental

Debido a que las personas que lo padecen experimentan síntomas de ansiedad y de depresión, las manifestaciones son variadas, y aparecen como alteraciones físicas y psicológicas. Asimismo, los síntomas no siempre se dan por una causa concreta y se pueden cronificar si no se busca ayuda de un profesional de la salud mental. Sin embargo, sí suelen tener un inicio que suele estar relacionado con un acontecimiento estresante, como por ejemplo, la muerte de un ser querido, un despido, la jubilación, una época de mucho estrés, el desempleo, cambios en la rutina, problemas de pareja o esta situación de pandemia. 

Como indica Carla Jubells, "la característica principal de este trastorno es un estado de ánimo de inquietud que persiste en el tiempo con una duración de al menos un mes". Además se incluyen mínimo de los cuatro síntomas que se exponen a continuación:

  • Problemas de concentración o de memoria
  • Dificultad para dormir
  • Sensación de fatiga o falta de energía
  • Preocupación continuada y de intensidad elevada.
  • Llanto continuado
  • Emociones desesperanzadoras o pesimismo ante el futuro
  • Baja autoestima
  • Hipervigilancia

Todos estos síntomas deben provocar malestar clínico significo o dificultades a nivel social, laboral, emocional u otras áreas de importancia para la persona.

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Qué tratamiento se debe administrar

Antes de administrar un tratamiento, el especialista debe confirmar que el paciente sufre este síndrome ansioso depresivo y no ansiedad o depresión. En cualquier caso, el tratamiento debe ser multidisciplinar, es decir, en el que intervengan profesionales de la psiquiatría y de la psicología. Como advierte Jubells, "es conveniente atender este trastorno a tiempo para que no se cronifique".

En primer lugar, el psiquiatra puede administrar un tratamiento farmacológico que consiga estabilizar el organismo y que los síntomas físicos disminuyan su intensidad. "En situaciones donde el sujeto se encuentre en un estado alto de malestar puede acompañarse de un tratamiento farmacológico mediante ansiolíticos o antidepresivos".

Sin embargo, el tratamiento psicológico será de suma importancia para la mejoría final. "El más utilizado se observa que es la terapia cognitivo-conductual. Dentro de esta terapia se persiguen diferentes objetivos. En primer lugar es importante obtener un nivel adecuado de activación fisiológica por parte del paciente. Para ello será conveniente utilizar técnicas de respiración la respiración diafragmática y técnicas de relajación como la terapia de relajación muscular progresiva de Jacobson entre otras alternativas". apunta.

De la misma manera es importante reducir el malestar del paciente en cuanto a su estado de ánimo y para ella la terapia de activación conductual puede ser una salida satisfactoria. Básicamente se incita al paciente a que vuelva a su rutina de actividades instándole a hacer tareas que le agraden o a empezar nuevos retos. En contraparte no es malo recordar que también se debe plantear una fase de psicoeducación donde si el paciente se encuentra desorientado acerca de lo que le pasa se le puede dar unas nociones simples sobre su situación y síntomas para normalizar la experiencia.

Finalmente, "se deberá hacer una reestructuración cognitiva del problema del paciente. Esta técnica consiste en reenfocar algunas creencias o pensamiento que estén reforzando el malestar del sujeto", concluye la psicóloga Carla Jubells, de MundoPsicólogos.com

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