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Nueve preguntas con respuesta sobre la diástasis abdominal

Los expertos nos cuentan todo lo que debemos saber sobre este problema que padecen muchas mujeres tras el embarazo

por Pilar Hernán

No son pocas las personas, sobre todo mujeres, las que padecen este problema. “En medicina, se habla de diástasis cuando hay una separación entre dos estructuras anatómicas. La más común es la diástasis abdominal, también conocida como diástasis de los rectos abdominales. Esta se produce cuando los músculos rectos abdominales se separan como consecuencia de una quiebra de la línea alba entre los rectos. No es doloroso y, a veces, no se ve, por lo que quienes la sufren no son conscientes del problema, sin embargo, sí puede conllevar una serie de efectos o molestias”, nos cuenta Karl Doric, osteópata y autor del libro Cuida tu zona pélvica.

“Consiste en la separación de más de 2,5 centímetros de dichos músculos, como consecuencia de un daño del tejido conectivo-línea alba que los mantiene unidos en la línea media del cuerpo. La línea alba es una estructura tendinosa situada en la línea media del abdomen formada por la fusión de las aponeurosis de los músculos rectos, oblicuo interno, oblicuo externo y transverso del abdomen. Se extiende desde el esternón hasta el pubis”, añade por su parte la doctora Leyre Navarro Echeverría, de la Unidad de Suelo Pélvico del Servicio de Ginecología del Hospital Universitario Sanitas La Zarzuela. Partiendo de estas consideraciones, hemos planteado una serie de preguntas a ambos especialistas, para que nos den su visión sobre este problema de salud. 

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¿Cuáles son las causas de este problema?

Las causas, tal y como nos explica Karl Doric, son varias. “Tanto hombres como mujeres pueden sufrir diástasis abdominal. Esta separación entre los rectos se puede producir por movimientos que ejerzan una presión en la zona, por estreñimiento, por tos crónica, por sobrepeso u obesidad… pero el más común es el embarazo, que es la primera causa natural y fisiológica de la diástasis”, apunta. Y es que durante el embarazo, crece el útero y el bebé así que el cuerpo de la mujer tiene que adaptarse produciéndose así esa separación de los rectos abdominales. “Casi el 70% de las mujeres tienen diástasis durante el tercer trimestre de gestación. Tras dar a luz, en la mayoría de los casos, el cuerpo poco a poco se recupera y los rectos vuelven a su sitio pero cuando esto no ocurre se convierte en una patología a la que hay que atender y buscar soluciones”, nos dice.

¿Cómo puedo saber si realmente tengo este problema de salud?

“Para valorar la diástasis hay un test que cada mujer puede hacer en casa, es muy fácil. Tienes que tumbarte boca arriba con las piernas flexionadas y la planta de los pies en el suelo. Luego pones la mano extendida con el dedo central coincidiendo con la línea alba, abajo o arriba del ombligo. A continuación, levanta un poco la cabeza, como si hicieras un pequeño ejercicio abdominal del gimnasio. Si los dedos se hunden entre los músculos o notas que los rectos se separan creándose un vacío entre ellos, es que hay diástasis. Esta separación se puede valorar en tres aspectos: profundidad, verticalidad y separación lateral. Es importante ante cualquier duda consultar a un profesional como un ginecólogo o un fisioterapeuta”, nos cuenta Doric.

¿Cómo se manifiesta?

Hay varios síntomas que indican que sufrimos si padecemos diástasis abdominal. “Si tu abdomen adquiere un aspecto flácido y descolgado y sobresale con y sin esfuerzos, puede que tengas una diástasis abdominal. La mayoría de las veces es un problema meramente estético, pero en ocasiones puede ir acompañado de problemas funcionales”, nos cuenta la doctora.  “A simple vista, podemos observar que nuestro vientre está diferente, incluso podemos ver un bulto justo en el centro, en la línea que une el ombligo y el hueso del pubis. A veces también podemos observar que la piel tiene un aspecto raro en el abdomen bajo o que se crea como un agujero. También se encuentra dificultad a perder volumen en la zona, se baja de peso pero ese contorno no disminuye”, nos dice el osteópata, que matiza que la diástasis tiene consecuencias estéticas pero también fisiológicas como molestias de espalda, un suelo pélvico débil, quien la padece puede notar un peso a nivel vaginal, pérdidas de orina, tener digestiones pesadas y largas a veces con gases… “Los problemas funcionales pueden ser de suelo pélvico como la incontinencia de orina o el prolapso de órganos genitales. También problemas digestivos, como el estreñimiento o las malas digestiones. Y musculoesqueléticos, como el dolor lumbar y la mala estabilización corporal”, añade la doctora.

“Lo más importante es que la diástasis abdominal es más que un problema estético. La parte estética es solo la punta del iceberg, detrás hay otras muchas consecuencias que reduce la salud y el bienestar de la mujer. Además puede dar paso a otros problemas a lo largo del tiempo”, nos cuenta.

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¿Hay factores de riesgo que influyen en su aparición?

Doric explica que como comentábamos antes, el sobrepeso o la obesidad así como los partos múltiples o haber tenido más de uno son los factores más comunes. “También son factores de riesgo las cicatrices de antiguas operaciones en esa zona, la tos crónica, las cesáreas, el tamaño del bebé antes de nacer, el sedentarismo, algunos traumatismos en la zona pélvico-toráxico… Además, no todas las mujeres tienen la misma calidad en los tejidos. Como osteópata especializado en la zona pélvica, puedo decir que un desequilibrio de la pelvis, la columna o de los órganos abdominales pueden aumentar el riesgo de padecer diástasis”, añade.

¿Qué debo hacer si padezco este problema?

Es una de las preguntas clave: qué hacer cuando nos encontramos con este problema de salud. “Si usted cree que padece este problema debe acudir a un especialista, bien sea cirujano, ginecólogo especialista en Suelo Pélvico o médico rehabilitador”, nos cuenta la doctora Navarro. Y también pueden ser de gran ayuda profesionales como osteópatas y fisioterapeutas. “La diástasis es un problema multifactorial y complejo, así que hay que trabajar con diferentes herramientas. Primero, yo recomiendo visitar a un osteópata específico en trastornos pélvicos que pueda investigar sobre las causas. Esto es muy importante para recuperar la fisiología de la zona. El profesional va a revisar y analizar la columna vertebral, la estructura de la pelvis y los órganos abdominales como el útero, los intestinos o la vejiga que pueden haber sufrido durante el parto, por ejemplo. Va a verificar que no hay problemas urinarios, digestivos o ginecológicos. A partir de ahí hay que trabajar las estructuras del abdomen y reequilibrar los volúmenes del cuerpo”, nos recomienda. Y añade que también nos puede ayudar un fisioterapeuta especializado en diástasis y suelo pélvico, ya que ambas musculaturas están ligadas. “El fisioterapeuta tendrá que trabajar en la reeducación de los rectos y el suelo pélvico a través de ejercicios específicos para tonificar la zona. Va a enseñarle cómo moverse en su día a día que no se dañe más así como ejercicios para su recuperación. En casos muy severos, es necesaria una cirugía. Una vez que se lleve a cabo esta operación también es muy importante trabajar con un fisioterapeuta para continuar con la recuperación”, nos dice.

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¿Se puede prevenir la diástasis o, al menos, intentar evitar que empeore?

En opinión de la doctora del Hospital madrileño de La Zarzuela, es difícil poder prevenir la diástasis abdominal, pues la mayoría de las veces no se puede predecir su aparición. “Hay que intentar evitar los factores de riesgo mediante la dieta (pobre en grasas), evitando ejercicios de trabajo abdominal excesivo o el estreñimiento. La clave está en hacer una identificación y diagnóstico precoz del problema, para así evitar su empeoramiento”, nos cuenta.

“Hoy la medicina está demasiado enfocada en solucionar problemas pero hay que trabajar para prevenir. En osteopatía intentamos ayudar al cuerpo a recuperar su máximo potencial de salud, significa que se puede trabajar con antelación para prevenir. Debemos mantener una buena salud para reducir el porcentaje de tener cualquier mal, también la diástasis”, explica por su parte el experto, que añade que es fundamental mantenerse activos, tener buena tonicidad abdominal y del suelo pélvico, y evitar levantar peso. También hay que comer bien y sano. Es importante, en resumen, mantener una buena higiene de vida.

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¿Puede ayudarnos el ejercicio a mejorar la sintomatología de este problema de salud?

“Sí, el ejercicio es muy importante para la recuperación, pero no cualquier ejercicio. Algunos pueden ayudar y otro agravar la diástasis por eso es muy importante consultar a un profesional de la salud. Hay que tener mucho cuidado porque a veces, cuando queremos perder tripa, optamos por hacer más abdominales y justo los abdominales típicos que hacemos en el gimnasio aumentan la diástasis. Hay que ver con un profesional qué ejercicios nos ayudan y cuales no debemos hacer”, nos dice el experto. La clave está en elegir los más adecuados. “Existen determinados ejercicios que van a mejorar los síntomas de este problema. La gimnasia abdominal hipopresiva, el trabajo del transverso del abdomen en profundidad (técnica Tupler), ejercicios de Kegel del suelo pélvico o el fortalecimiento del core. Si además de éstos se añaden técnicas como la diatermia o la tecarterapia (Indiba de la fascia), se puede acelerar la solución del problema y los resultados serán más satisfactorios para la paciente”, cuenta por su parte la doctora.

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¿Está recomendado el uso de fajas específicas para la diástasis abdominal?

En cuanto al uso de las fajas, no hay un consenso si es beneficioso o no para el tratamiento de la diástasis, como nos cuenta la doctora Navarro. “Los defensores de la faja abogan por ella porque además de recolocar la zona abdominal, los órganos internos y la piel, ayuda a mantener la postura correcta disminuyendo así el dolor de espalda. Los detractores argumentan que la faja anula la musculatura abdominal, impidiendo que se fortalezca. En conclusión, el uso de la faja de manera gradual y como complemento a los ejercicios, puede ser beneficioso”, nos detalla.

¿Cuándo está recomendada la intervención quirúrgica?

En opinión del experto, la cirugía es el tratamiento de última solución para los casos más severos, aquellos que no avanzan tras un programa específico para abordar el problema o para quienes tienen una lesión de la pared abdominal muy importante. “La cirugía de la diástasis abdominal se reserva para aquellas pacientes con un defecto estético muy severo y para aquellas con problemas funcionales que les altera su calidad de vida”, concluye la doctora.

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