Una obra de arte puede cambiar por completo la percepción de una estancia, aportar identidad e incluso convertirse en el punto de partida de toda la decoración. Pero elegir arte para casa plantea muchas dudas: ¿debe combinar con el interiorismo?, ¿qué tamaño conviene?, ¿dónde se coloca? ¿y cómo se ilumina sin alterar sus colores?
Hemos consultado a tres expertos —un comisario de arte, una artista y un especialista en iluminación— para reunir las claves que ayudan a elegir, colocar e iluminar el arte en casa con criterio. Sobre estas líneas, un proyecto de arquitectura de Pilar Pintado Izquierdo con focos modelo Stand de Faro Barcelona para iluminar las obras de arte.
© ddduarteElige una obra que te emocione, pero también con criterio
Si estás empezando a comprar arte, no necesitas convertirte antes en especialista. Alejandra Duarte, artista y fundadora de ddduarte (IG @d_d_duarte), recomienda partir de una reacción mucho más intuitiva: “Para mí, lo primero es que la obra te provoque algo. Tiene que haber una conexión, aunque no sepas explicar exactamente por qué”. Después llegará el momento de valorar cómo dialoga con el espacio, sus colores o sus proporciones.
La emoción, sin embargo, puede convivir con una compra informada. Juan Alfaro, CEO de Juan Alfaro Studio y art manager de Gunni & Trentino (www.gunnitrentino.es), aconseja fijarse en el currículum y la trayectoria de artistas noveles y de media carrera con posicionamiento internacional. Y desmonta una idea frecuente: iniciarse en el coleccionismo no exige necesariamente presupuestos elevados, porque existen propuestas asequibles de artistas con posibilidades de evolución tanto artística como de mercado. En la imagen, una obra con relieve y color de Alejandra Duarte (colección R E L I E F).
© Poliform by Gunni & TrentinoEl arte no tiene que combinar con el sofá
Buscar una obra únicamente porque repite los tonos de la alfombra, el sofá o las cortinas puede dar como resultado un espacio demasiado coordinado y restarle fuerza al arte. “No elegiría nunca una obra solo porque combine con un sofá o con una pared. El arte tiene que tener personalidad y aportar algo propio al ambiente”, defiende Alejandra Duarte.
Eso no significa ignorar el interiorismo. Juan Alfaro recuerda que conviene tener en cuenta “el lenguaje de la propia casa”: el mobiliario, los suelos, la tonalidad de las paredes o la entrada de luz. La clave está, por tanto, en buscar diálogo, no coincidencia. Una obra puede recoger algunos colores presentes en la estancia o, por el contrario, introducir un tono nuevo y convertirse precisamente en el contrapunto que necesita un ambiente neutro. En la imagen, espacio Poliform by Gunni & Trentino.
© De la Villa StudioEl arte abstracto funciona en casi cualquier estilo
Una de las grandes ventajas del arte abstracto y contemporáneo es su capacidad para convivir con interiores muy distintos sin exigir que todo pertenezca al mismo lenguaje estético. “Una obra abstracta puede funcionar muy bien en una casa clásica, minimalista, rústica o muy contemporánea”, explica Alejandra Duarte. Y, de hecho, muchas veces gana fuerza precisamente por contraste.
El color, la composición, la textura o el relieve permiten establecer vínculos con el espacio sin necesidad de reproducir literalmente su estilo. Esa libertad lo convierte en un recurso especialmente interesante para introducir personalidad en ambientes muy neutros o para rebajar la rigidez de una decoración excesivamente coordinada. En la imagen, una propuesta de De la Villa Studio.
© CARLA CAPDEVILA¿Primero la obra o primero la pared?
No siempre hay que partir de una pared concreta ni, al contrario, comprar una obra sin pensar en su destino. Para Juan Alfaro, ambas decisiones pueden convivir. Una pieza que no encaja de forma exacta en las medidas previstas puede funcionar si existe un buen diálogo con el cromatismo, el marco, el mobiliario, los suelos o la tonalidad de las paredes.
También importa el tipo de obra: pintura, fotografía o instalación responden de manera diferente al espacio. La clave está en evitar soluciones forzadas y entender la obra como parte del conjunto, pero sin reducirla a un simple accesorio decorativo. Proyecto de CONUVE Studio.
© erlantz biderbostEl tamaño importa, pero también el aire alrededor
Una obra necesita espacio para respirar. Juan Alfaro recomienda buscar una cierta equidistancia entre suelo y techo o, si cuelga sobre un mueble, entre ese elemento —por ejemplo, un sofá o un aparador— y el techo. Como referencia, aconseja dejar al menos unos 30 cm libres alrededor de la pieza cuando sea posible.
También conviene valorar si el espacio pide una obra vertical u horizontal y cómo entra la luz natural en la estancia. En paredes amplias funcionan especialmente bien las piezas de gran formato, siempre que no queden encajonadas. Y no todo tiene que ir colgado: una escultura exenta puede resolver un rincón y aportar volumen al conjunto. Proyecto de De la Villa Studio con focos en el techo de Faro Barcelona.
© ARÁNZAZU CATALÁN¿Una obra grande o una composición de varias?
Una pieza de gran formato puede tener una presencia espectacular, especialmente en una pared amplia, pero necesita espacio suficiente alrededor para respirar. Juan Alfaro desde Gunni & Trentino también propone otras fórmulas cuando se quiere ocupar visualmente una superficie importante: un díptico, un tríptico o incluso dos obras de artistas diferentes, de distintos formatos, siempre que exista algún tipo de diálogo entre ellas.
No se trata, por tanto, de llenar la pared. Una composición funciona mejor cuando las piezas establecen una relación entre sí y el conjunto mantiene cierto equilibrio con el espacio que lo rodea. En la imagen, un proyecto de Luz Sánchez de Cysa Atelier con estilismo de Guiomar de Carlos. Obra de arte de Iratxe Arteta.
© DomkapaColor, textura y relieve también decoran el espacio
No solo importa lo que representa una obra. Su materia puede cambiar por completo la percepción de una estancia. Alejandra Duarte destaca el papel del color, pero también de la textura y el relieve, porque “aportan profundidad y hacen que la obra cambie según la luz y el punto desde el que la miras”.
En espacios de tonos neutros, una pieza con volumen puede adquirir una presencia especial sin necesidad de recurrir a colores intensos. Y precisamente por esa capacidad para reaccionar a la luz, las obras texturadas requieren pensar conjuntamente dónde se colocan y cómo se van a iluminar. Banco Henry de la firma de mobiliario Domkapa.
© Jaime Salvá Arquitectura & InteriorismoLa iluminación del arte se planifica, no se improvisa
Uno de los errores más frecuentes aparece cuando la casa ya está terminada y solo entonces se decide dónde colocar las obras. Para Iván Meana, director de Proyectos de Faro Barcelona (www.faro.es), el principal problema es precisamente “la falta de previsión”, porque impide situar los puntos de luz en el lugar idóneo.
Juan Alfaro coincide en que la iluminación del arte debería ser independiente de la iluminación general de la vivienda. Un foco dirigido o una iluminación más uniforme tipo wall washer responden a necesidades diferentes. Y hay otro error que conviene evitar: iluminar demasiado. El objetivo es realzar la obra, no convertirla en un escaparate. Proyecto de Jaime Salvá Arquitectura & Interiorismo.
© El Ático de DanielaPara ver bien los colores, fíjate en el CRI
La temperatura de color importa, pero no es el único dato que debemos mirar al escoger una luminaria para iluminar arte. Iván Meana señala los 3000 K como una temperatura adecuada en muchos casos, aunque será el tipo de obra el que termine de determinar la elección.
Para reproducir sus colores con fidelidad, recomienda prestar especial atención al índice de reproducción cromática y optar por un CRI 97. Si se trata de un cuadro en pared, la luminaria debe instalarse en el techo y orientarse hacia la pieza; la distancia adecuada dependerá de las dimensiones de la propia obra. Proyecto del estudio de arquitectura de interiores y decoración El Ático de Daniela.
© Jordi CanosaCristales y relieves necesitan una luz diferente
No todas las obras se iluminan de la misma manera. Si una pieza está protegida con cristal, Iván Meana recomienda recurrir a una luz difusa para reducir los reflejos. Cuando existe textura o mucho relieve, puede ser necesario utilizar más de una luminaria. Pero cuidado con eliminar todas las sombras: en determinadas obras, las sombras son positivas y pueden enfatizar el volumen y conseguir un efecto especialmente interesante.
Como regla final, el director de Proyectos de Faro Barcelona aconseja trabajar con poca potencia: “Lo ideal es que te des cuenta de que la obra está iluminada solo cuando apagas la luz”. Y, pensando a largo plazo, recomienda luminarias con zoom y recorte, que permiten adaptar la iluminación si las obras cambian. Obra de arte en un proyecto de Pia Capdevila con estilismo de Mar Gausachs.




