David González, interiorista, sobre cómo decorar una casa con personalidad: "Una butaca de los años 70 puede funcionar perfectamente junto a un sofá muy contemporáneo"


Sofá y butacas a juego, mesa y aparador de la misma colección, lámparas gemelas, textiles que repiten exactamente los mismos tonos… Durante años, coordinarlo todo fue casi sinónimo de decorar bien. Ahora los interioristas buscan justo lo contrario: casas con más capas, piezas independientes y alguna sorpresa.


David González interiorista© Amador Toril
9 de octubre de 2026 a las 18:02 CEST

Una casa bien resuelta no tiene por qué parecer recién salida de una tienda de muebles. De hecho, cuando los asientos, la mesa y las sillas del comedor o el cabecero y las mesitas de noche, pertenecen a la misma colección, el resultado pierde encanto. Hoy ganan terreno los interiores en los que se combinan piezas de distintas épocas, materiales y estilos, pero bien escogidas.

La clave está en saber qué mezclar y qué dejar que destaque por sí solo. ¿Conviene que sofá y butacas sean diferentes? ¿Y la mesa de comedor y el aparador? ¿Cómo se consigue que un mueble vintage encaje en un salón actual? David González, interiorista y cofundador del Estudio de Interiorismo Alberto Torres, responde y comparte sus trucos para dar más personalidad a una casa sin caer en el "todo vale".

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Salón decorado en tonos neutros© Amador Toril

Cuando cada elemento parece pensado para encajar con el siguiente, la estancia pierde personalidad

Mismo acabado de madera, patas similares, volúmenes parecidos, colores repetidos de manera exacta, lámparas de la misma familia… "Ahí es cuando una casa resulta anticuada, si entras en una estancia y lo primero que reconoces es el conjunto decorativo", explica David. "Me llaman más la atención los interiores que no se entienden completamente en cinco segundos. En ellos puede haber una pieza antigua, otra contemporánea, algo encontrado durante un viaje y algún objeto elegido sencillamente porque gusta", cuenta.

Para el interiorista, esta es una de las diferencias fundamentales: "Un interior excesivamente coordinado habla fundamentalmente del diseñador o de la tienda donde se compró. Otro construido con más libertad, como el salón que vemos sobre estas líneas –un proyecto del Estudio de Interiorismo Alberto Torres– habla de quien vive allí".

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Media Image© Hohenberger

Tampoco hace falta desterrar las colecciones

"Una casa puede tener muebles de colecciones diferentes y seguir estando excesivamente conjuntada si todos responden exactamente a la misma estética, al mismo acabado y al mismo momento", señala David.

Para él, la pista está en evitar que la habitación parezca "haber sido resuelta en una única compra". De ahí que le guste introducir piezas que parezcan anteriores al proyecto y otras que pertenezcan claramente al presente.

Es una diferencia importante para quien quiera actualizar su casa: no hace falta buscar muebles radicalmente distintos. A veces basta con incorporar algo que rompa la sensación de que todo fue elegido el mismo día. Y si no, fíjate en este salón, con un revestimiento mural de Hohenberger Manufaktur Für Tapeten y mesitas que nada tienen que ver entre sí.

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Salón con sofá beis y butaca de terciopelo azul oscuro© Doublespace

Por qué sofá y butacas no tienen que salir del mismo catálogo

Si hay un dúo que merece especial atención es el de sofá y butacas. Son piezas grandes, ocupan el centro de la estancia y, cuando son de la misma colección, pueden hacer que todo el salón adquiera un aspecto demasiado cerrado.

"El sofá suele tener un peso visual importante y me parece mucho más interesante que las butacas aporten otra geometría, otra textura o incluso otra época", explica. 

La diferencia, por tanto, puede estar en algo tan sencillo como cambiar una butaca por un modelo curvo, incorporar otra tapicería o introducir una pieza vintage. No es necesario que el contraste sea evidente: basta con que los asientos no parezcan comprados como pareja. La prueba está en este salón, un proyecto del estudio Reigo & Bauer. 

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Comedor con muebles de sklum© Sklum

Rompe el "todo a juego" con los muebles auxiliares

Hay muebles que permiten hacer estas pruebas sin comprometer toda la decoración. David señala especialmente las mesas auxiliares, precisamente porque tienen menos peso que un sofá o una mesa de comedor.

"Es una de las piezas donde podemos introducir piedra, metal, vidrio, madera lacada o una pieza vintage sin asumir demasiado riesgo", explica.

Y otra combinación que prefiere evitar: la mesa y las sillas del comedor, incluso el aparador. Mejor que cada mueble tenga su identidad. En este comedor, la mesa Luceida de Sklum, de acero y mármol verde, se ha combinado con las sillas Rokan, en madera de teca, de la misma firma.

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Salón decorado con muebles vintage© Creative Windows Films

Cuestión de tiempo

Hay una palabra que aparece varias veces en las respuestas de David y que explica buena parte de su manera de trabajar: tiempo.

"Las casas más interesantes, para mí, contienen tiempo. No solo estilo." Una idea que se traduce en interiores donde encontramos objetos que parecen haber llegado en momentos diferentes.

Una cómoda heredada, una silla de otra década, una lámpara conservada durante años o una pieza encontrada en un viaje introducen algo que un conjunto recién comprado difícilmente puede aportar: la sensación de que la casa se ha ido construyendo poco a poco. Justo lo que transmite este salón, con muebles vintage, diseños contemporáneos y una lámina geométrica de Creative Windows Film en la ventana.

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Maniquí en dormitorio© Amador Toril

Lo ideal es que exista algo que "no termine de encajar"

"Puede ser una silla antigua dentro de una arquitectura muy contemporánea, una obra de arte demasiado grande, una lámpara cuyo color no aparece en ningún otro lugar o una mesa brutalista en medio de un espacio muy delicado…", nos cuenta David.

Pero hay una condición: no introducir algo extravagante solo para conseguir un efecto. La procedencia del objeto importa. "Cuando el objeto inesperado tiene algún vínculo con la persona que vive allí, ya sea porque perteneció a su familia, porque lleva años acompañándole o simplemente porque le emociona, deja de ser un recurso decorativo y se convierte en una parte de la historia de la casa." En este caso, un dormitorio decorado por el Estudio de interiorismo Alberto Torres, el maniquí nos dice que sus propietarios disfrutan rodeándose de piezas singulares.

Es una buena pista para buscar ese elemento diferente: antes de comprar algo llamativo, mira qué piezas tienes y qué historia hay detrás de ellas.

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Salón decorado con piezas de diferentes estilos© Matthew Millman

Conjuntar es relativamente sencillo. Mezclar bien requiere mucho más criterio

"Aquí está, para mí, la verdadera dificultad del interiorismo. Cuando combino piezas diferentes no intento encontrar una coincidencia evidente entre ellas sino que busco relaciones", explica David.

"Puede ser la proporción. Una butaca de los años setenta puede funcionar perfectamente junto a un sofá muy contemporáneo porque ambos tienen una altura similar o porque sus volúmenes se equilibran. Puede ser el material. Una mesa antigua de madera queda de maravilla con una pieza contemporánea si comparten la misma temperatura cromática. Puede existir también una relación de forma: una curva que reaparece discretamente en otra parte de la habitación, una geometría contundente que encuentra respuesta en un detalle arquitectónico", dice. En este salón, un proyecto de Philpotts Interiors, el mix encaja a la perfección.

Y hay una segunda cuestión: la jerarquía. "No todas las piezas pueden intentar llamar la atención al mismo tiempo. Si el sofá tiene mucha presencia, la mesa de centro puede ser más sencilla. Si la lámpara es escultórica, no hace falta que la mesa auxiliar compita con ella".

La decoración también consiste en decidir qué pieza debe hablar más alto y cuáles deben acompañarla.

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Salón ecléctico© Covet House

"El eclecticismo tiene estructura; el desorden, no"

Esta imagen es un buen ejemplo de lo que David entiende por un interior ecléctico: hay muchas piezas diferentes, pero la habitación no resulta caótica. La arquitectura clásica, con sus molduras, el parqué y las lámparas de cristal, se han combinado con sofás de líneas contemporáneas, una gran mesa de centro oscura, butacas de colores intensos y pufs de formas redondeadas.

"Un espacio ecléctico puede reunir objetos de distintas décadas, materiales y procedencias, pero existe una mirada que establece relaciones entre ellos. Y cuando esas relaciones desaparecen, lo que queda es acumulación", dice David.

En este salón, un proyecto de Patricia Mauguy Flores, de PFBDesign, esas relaciones se perciben en varios puntos. El morado de las butacas reaparece en la alfombra y en algunos cojines; el gris de los sofás vuelve en los pufs; las formas curvas de distintos asientos y mesas se repiten sin ser idénticas. Son pequeñas conexiones que hacen que elementos muy diferentes puedan compartir espacio.

Para mantener un hilo conductor, el interiorista trabaja la proporción, la repetición y el vacío. "La proporción hace que piezas muy distintas puedan convivir sin molestarse. La repetición permite que determinados colores, formas o materiales reaparezcan de manera sutil y construyan conexiones visuales. Y el vacío es lo que permite entender todo lo anterior, evita que todo compita por llamar la atención."

"Muchas veces, cuando hablamos de decoración, pensamos exclusivamente en qué añadir. Yo pienso muchísimo en qué no poner". Es una idea especialmente útil al actualizar una casa. Antes de incorporar otra pieza, quizá haya que retirar una pareja de objetos idénticos, algunos cojines demasiado coordinados o aquello que solo está ahí porque "pega con todo".

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Dormitorio con cama de forja© The Original Bed Co.

Repetir sin copiar

Cuando las piezas no hacen juego, el interior necesita algún tipo de conexión. Pero esta no tiene por qué ser literal.

"En lugar de utilizar exactamente el mismo roble en varios muebles, prefiero maderas distintas que compartan temperatura", asegura. Y lo vemos en este dormitorio, con una cama de hierro de la firma The Original Bed Co., y un armario y una estantería de madera en distintos acabados. Con el color hace algo parecido: un tono puede aparecer intenso en una obra de arte y mucho más apagado en una tela, un libro o una cerámica.

Otro truco del interiorista es jugar con las texturas. "Una madera con veta visible, una piedra ligeramente irregular, un lino lavado, un metal patinado… Hay materiales que aportan profundidad y consiguen que piezas de procedencias muy diferentes pertenezcan al mismo universo. Me gustan los materiales que no parecen recién estrenados, que envejecen, que adquieren marcas, que cambian con la luz y con el uso porque prefiero la idea de que una casa parezca viva y no perfecta."

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Dormitorio en tonos neutros y azules© OKA

Una casa no tiene por qué parecer teminada

Quizá esta sea la consecuencia más interesante de todo lo anterior. Si dejamos de pensar que cada mueble tiene que encontrar inmediatamente su pareja, también cambia nuestra relación con la casa.

"Creo que vamos hacia interiores cada vez menos interesados en parecer terminados", dice David. Y eso significa aceptar que una vivienda puede seguir incorporando cosas, cambiando y acumulando capas con el paso de los años. Este dormitorio, decorado con muebles y tapicerías de diferentes estampados, todo de la firma OKA, es un buen ejemplo: no parece que todo se haya elegido para formar un conjunto cerrado. Cada elemento tiene su propia presencia y, precisamente por eso, el resultado transmite algo que un dormitorio excesivamente coordinado difícilmente consigue: la sensación de que la habitación ha ido creciendo con quienes viven en ella.

Porque, al final, "una casa debería ser la suma imperfecta de las historias de quienes la habitan". Y quizá ese sea el verdadero motivo por el que los interiores excesivamente coordinados empiezan a perder atractivo: no porque combinar esté mal, sino porque cuando todo encaja demasiado, cuesta reconocer a las personas que hay detrás.