Julia Ayuso, arquitecta, sobre cómo empezar bien una reforma: "Antes de elegir suelo, cocina o color de paredes, conviene saber por dónde se escapa el calor en invierno"


¿Vas a renovar tu casa? Antes de pensar en acabados, descubre por dónde pierde calor en invierno y dónde lo gana en verano. La arquitectura sostenible ofrece las claves para aumentar el confort climático durante todo el año gastando menos en climatización.


La arquitecta Julia Ayuso© Julia Ayuso
7 de octubre de 2026 a las 10:11 CEST

Reformar un piso antiguo y hacerlo más sostenible: no, cambiar las ventanas no es lo primero que debes hacer. En muchas viviendas, agosto es una cárcel térmica: el salón se convierte en un horno desde media tarde. Y en enero el frío se nota en los pies por más que la calefacción lleve horas encendida. Cuando una casa no ofrece confort térmico, la mejora energética no es un extra para cuando sobre presupuesto: debe formar parte de la reforma sí o sí. 

“Antes de elegir suelo, cocina o color de paredes, conviene saber por dónde se escapa el calor en invierno, por dónde entra en verano y en qué orden se interviene”, cuenta Julia Ayuso, doctora arquitecta especializada en sostenibilidad y edificación, quien defiende un principio sencillo: primero se aísla la casa y después se piensa en máquinas, ventanas y acabados. Así se gasta menos, se vive mejor y se aprovecha lo que ya está construido, ya que, muy a menudo, la vivienda más sostenible no es la nueva, sino la que ya existe y se sabe reformar con criterio.

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Ático luminoso con muchos ventanales© Francesca Tosolini / Unsplash

Leer la casa antes de reformarla: lo que revelan la factura, la fachada y los hábitos

Antes de reformar, Julia revisa cómo está aislada la casa (fachada, tejado, suelo y ventanas) y lo que dice la factura sobre cuánto se escapa cada mes. También importa el año de construcción. "En España la primera norma que obligó a aislar los edificios es de 1979. Lo anterior, que es buena parte del parque inmobiliario de nuestras ciudades, lo más probable es que no tenga aislamiento en la fachada", señala. 

Pesan igualmente la orientación y la superficie en contacto con el exterior: un piso en planta intermedia parte con ventaja sobre un ático. 

La arquitecta pregunta además a la familia qué habitaciones se calientan, a qué horas hay gente y qué cuarto nadie usa en invierno a causa del frío. “Esa conversación me da más información que muchas mediciones”, explica. Sin comprar nada, el dorso de la mano sobre la pared de la calle y sobre un tabique interior delata fugas. Una varilla de incienso señala las corrientes, y las manchas de humedad suelen revelar los puntos más fríos de la vivienda, donde puede producirse problemas de condensación. 

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Ventanas nuevas en una cocina© Magnific

Por qué empezar por las ventanas puede salir caro (y mal)

La ventana es una parte pequeña de la superficie por la que se pierde calor y casi siempre la más cara de la reforma, afirma Julia. Además, advierte, “cambiarla sin haber resuelto el resto puede empeorar las cosas”. Una ventana nueva sella, y las rendijas que antes dejaban pasar el aire ventilaban la casa sin que nadie lo hubiera planeado. Con el cierre hermético, el vapor del baño, la cocina y la respiración busca la superficie más fría, que en un muro sin aislar es el propio muro. El resultado es manchas de moho en las esquinas y detrás de los armarios, en una vivienda que acaba de gastarse un dineral en ‘mejoras’.

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Vivienda con contraventanas de madera© Oliver A.I. para Bonba Studio

Un orden de reforma que empieza por lo gratuito

Un plan realista y en orden de importancia que Julia propone es el siguiente:

  • Lo primero ni siquiera implica obras ni cuesta dinero: ajustar la temperatura y los horarios de la calefacción, purgar los radiadores al empezar la temporada, dejarlos libres de muebles y cortinas, y bajar las persianas o cerrar las contraventanas por la noche. 
  • Después toca tapar las fugas detectadas, la parte más rentable y la que menos se hace. El cajón de persiana antiguo, el mayor agujero de las casas de los 70 y 80, se rellena y sella en una mañana. A eso se suman burletes en puerta y ventanas, y sellado entre marco y pared. 
  • A partir de aquí, con todas estas fugas de calor en invierno (y de frío en verano) minimizadas, es el momento de valorar si se debe sustituir la caldera. Cuando la vivienda pierde menos calor necesita menos potencia, así que “dimensionar el equipo antes de sellar lleva a elegir una máquina más grande y cara de lo necesario, que además rinde peor”, detalla la arquitecta.

Sobre estas líneas, Bonba Studio transforma un teatro en Sencelles (Mallorca) en vivienda. La edificación cuenta con contraventanas, un elemento que actúa como una barrera frente al frío en invierno y al calor en verano, mejorando el control climático de la vivienda.

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Una vivienda del siglo XVIII con muros de piedra© Mauricio Fuertes para Susanna Cots Interior Design

El ‘calcetín’ de la casa: la envolvente que decide cuánto calor hace falta

La experta en sostenibilidad y edificación realiza esta metáfora: la envolvente funciona como un ‘calcetín’: el interior es el pie, y fachada, tejado, suelo sin vecinos debajo, ventanas y puertas son la lana que lo separa de la calle. Radiadores, caldera o aire acondicionado solo reponen lo que se escapa. Con un calcetín grueso hace falta poca estufa, y con uno fino se acaba pagando por calentar la calle. 

Incluso con buen aislamiento quedan zonas donde la lana se interrumpe: el canto del suelo de cada planta, los pilares metidos en la fachada, los encuentros con balcones y la caja de la persiana. Son los puentes térmicos, los primeros puntos en enfriarse. 

Sobre estas líneas una casa vernácula del siglo XVIII, reformada por la interiorista Susanna Cots, en la que se conserva la envolvente original, con gruesos muros de piedra.

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Salón vestido con textiles cálidos, incluida una alfombra© Ikea

Sensación térmica: por qué importa tanto la temperatura de las superficies

Siguiendo con la analogía del calcetín, techo y suelo son la punta y el talón, y Julia es de la opinión de que se olvidan (casi) siempre. El calor sube, así que en un último piso buena parte de lo que se paga en invierno se escapa por el techo, y en verano el tejado es lo que más sol recibe durante más horas. La buena noticia es que el tejado se aísla por fuera, trabajando sobre la propia cubierta, o desde el desván si lo hay, de modo que no hay obra dentro de la vivienda.

El suelo pesa cuando debajo hay un portal, un garaje o un local vacío, es como tener la calle bajo el salón. “Ahí ocurre algo que todo el mundo nota y casi nadie sabe nombrar: el termómetro marca 21º C y sigues teniendo frío. No sentimos solo la temperatura del aire, también la de las superficies que nos rodean. Con el suelo y las paredes fríos subimos el termostato, gastamos más y seguimos incómodos. Una casa bien aislada resulta agradable con menos grados y con menos gasto”, detalla la arquitecta. Y mientras llega la obra, una alfombra gruesa en el salón (esta es de Ikea) cambia bastante la sensación de confort.

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Proyecto de viviendas unifamiliares industrializadas en El Cañaveral (Madrid) con ventanas de altas prestaciones© Víctor de la Fuente

Exigencias antes de firmar el presupuesto de las ventanas

El cambio de las ventanas solo debería llegar cuando la envolvente está resuelta, o al menos decidida, porque así se determina cuál hace falta. Julia detalla en qué fijarse:

  • En el cristal, doble, con una cámara de unos 16 milímetros (más allá el aire se mueve y empeora) y una luna bajo emisiva, que devuelve el calor hacia dentro en invierno y frena parte del sol en verano. 
  • En el marco, si es de aluminio, con rotura de puente térmico, lo más importante de la lista; en PVC y madera no hay problema. Los aluminios antiguos, sin esa rotura, conducían el frío y el calor con facilidad. Los sistemas actuales han reducido tanto esa pérdida que los mejores igualan o superan al PVC de la misma sección, con la ventaja de que el aluminio se recicla muy bien. 
  • En el cierre, pidiendo por escrito la clase de permeabilidad al aire, que mide cuánto aire se cuela con la ventana cerrada y va del 1 al 4, siendo 4 la mejor. La clase mínima depende de la zona climática. El Código Técnico de la Edificación (CTE) pide al menos clase 2 en las zonas más suaves y clase 3 en el resto, las de clima más frío. Conviene subir un escalón si la vivienda es un piso alto o está expuesta al viento. 
  • Y en el valor U, o transmitancia térmica, que indica cuánto calor atraviesa cada metro cuadrado de ventana por cada grado de diferencia entre dentro y fuera: cuanto más bajo, mejor aísla. Hay que exigir el del conjunto de vidrio y marco, y no solo el del cristal. El vidrio es lo que mejor sale en la ficha, mientras que el marco suele ser el punto débil, y un cristal excelente en un marco flojo da una ventana mediocre. El dato debe constar para el tamaño y el tipo de ventana presupuestados. 
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La correcta instalación de una nueva ventana es vital para asegurar su rendimiento© Fabian Kleiser / Unsplash

La instalación, el eslabón débil de una ventana eficiente

Queda la instalación, donde más prestaciones se pierden. Una ventana con una transmitancia excelente puede quedarse en una ventana corriente si no se coloca bien, porque entre lo que prescribe el proyecto y lo que se ejecuta en obra hay una diferencia muy palpable. “He visto trabajos impecables a la vista en los que el aire seguía entrando por la junta entre la ventana y la pared”, recuerda Julia. 

El problema se agrava por la escasez de mano de obra cualificada en el sector, así que elegir bien al instalador pesa tanto como elegir la ventana. El presupuesto debe incluir el sellado y los remates, y el cambio o aislamiento (si la hay) de la caja de persiana en la misma obra, porque cuenta como parte de la ventana a la hora de medir su hermeticidad.

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Los toldos en los meses cálidos pueden reducir la temperatura interior hasta 5 °C, al bloquear buena parte de la radiación solar antes de que entre en la vivienda© Vicugo Foto para Egue y Seta

La sombra se pone por fuera: la clave para una casa fresca

El control solar marca la diferencia entre una casa habitable en agosto y otra que no lo es. La regla es simple: la sombra va por fuera. Julia nos cuenta los motivos: un coche aparcado al sol se convierte en horno por mucho parasol que lleve en el salpicadero, porque el sol ya entró por el cristal. En casa pasa igual: la cortina interior reparte el calor que ya está dentro, mientras que persianas, contraventanas, toldos o lamas orientables lo paran antes. 

La vegetación exterior es una aliada igual de valiosa. Rodear la vivienda de árboles frondosos, plantados a cierta distancia para que las raíces no den problemas cuando alcancen su tamaño adulto, frena el sol antes de que llegue a la fachada. Conviene elegir variedades de hoja caduca: dan sombra en verano y, al perder la hoja, dejan que el sol caliente la casa en invierno. Por otro lado, los arbustos sirven como pantallas verdes más sencillas, sin el inconveniente de las raíces, y las trepadoras sobre la fachada o una pérgola (hiedra, parra, madreselva, jazmín o glicinia) hacen de escudo. En un piso, la misma lógica se traslada a balcones y terrazas bien cargados de plantas.

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Cubierta verde biosolar, es decir, con techo vegetal y placas fotovoltaicas© Bauder

Sostenibilidad de escaparate: lo que conviene dejar para el final

Algunas intervenciones lucen muy sostenibles y llegan demasiado pronto. Instalar placas solares en una casa con fugas por todas partes es producir energía renovable para desperdiciarla mejor. La domótica que dibuja el consumo hora a hora en el móvil sirve de poco si nadie va a cambiar lo que el gráfico señala. Y los acabados con etiqueta ecológica, que a la arquitecta le parecen muy bien, son lo último que entra en la obra: una pintura natural sobre una pared sin aislar sigue siendo una pared sin aislar. “Sospecho que elegimos estas cosas porque se ven y se pueden contar”, reflexiona Julia.

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La protección solar en este ático no se realiza con persianas sino con estores de fibras naturales© Belén Imaz para Estudio Boira

Una casa saludable se decide con gestos baratos y fáciles

Sostenibilidad no es solo gastar menos energía. Julia detalla qué más conviene hacer. Para renovar el aire interior, basta con ventilar cinco o diez minutos al día cruzando dos ventanas y vigilar con un higrómetro (que cuesta unos 10 €) que la humedad se mantenga entre el 40 y el 60 %. 

Además, tras la obra, hay que ventilar semanas y elegir pinturas libres de tóxicos. Respecto al ruido, las ventanas frenan el de la calle, pero no el del vecino de arriba, que viaja por la estructura; alfombras, cortinas gruesas y una librería llena contra el tabique ayudan a insonorizar. 

Para ahorrar agua, selecciona grifos con aireadores y cisterna de doble descarga, y una vez al año, comprueba el contador tras una hora sin consumo para descubrir fugas. En materiales, lo atornillado se repara por piezas y lo pegado se arranca y se tira, así que conviene guardar fichas técnicas y fotos. 

En este ático madrileño Estudio Boira emprende una reforma integral. Vemos la ventana que da a la terraza dotada con un estor enrollable de fibras naturales, que filtra el sol y crea una cámara de protección delante del vidrio, reduciendo la entrada de calor en verano y las pérdidas térmicas en invierno. Estas soluciones son una alternativa ligera y natural a la persiana, que además evita puentes térmicos y posibles fugas de aire.

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En esta vivienda con patio interior la ampliación de la vivienda se realiza precisamente ganando espacio al exterior© Eugeni Bach para Anna & Eugeni Bach

Reformar empieza por otras preguntas: el orden de la conversación

Hoy una reforma empieza eligiendo suelo, cocina y color de paredes, y lo que decide si se estará bien en la casa se deja para el final, cuando ya no queda presupuesto. Cambiarlo no exige saber de construcción, solo hacer otras preguntas a quien proyecta. La primera es por dónde se escapa el calor y qué se arregla sin comprar ninguna máquina. 

La segunda, qué se gana tirando un tabique, ya que muchos caen por moda y dejan una vivienda más difícil de calentar y más ruidosa. Preguntar bien abre también alternativas mejores que derribar sin más y permite ganar espacio sin perder confort. Lo demuestra la reforma y ampliación de una vivienda de dos plantas entre medianeras, en el barrio barcelonés de Sants, que firman los arquitectos Anna & Eugeni Bach. Trasladaron la cocina al exterior, en un volumen de madera y vidrio a modo de invernadero, y liberaron el interior para salón y comedor. La casa funciona además en lo climático: por la sombra del propio edificio y de los vecinos, esa cocina acristalada nunca recibe gran insolación, y su transparencia deja que el resto de la planta baja conserve la luz natural. 

La tercera cuestión mira al futuro: quién vivirá en la casa dentro de 20 años, que probablemente seas tú. Eso se traduce en una ducha en lugar de bañera, un paso por el que quepa una silla de ruedas o enchufes a una altura cómoda. “Nada de eso encarece la reforma si se decide al principio, y todo resulta carísimo si se tiene que realizar después”, advierte Julia.