María García de Jaime y su escapada a Galicia que demuestra que el nuevo lujo es vivir en libertad


Mar de Frades inspira una ruta con acento atlántico, raíces y una mirada contemporánea, donde la calma se convierte en el mejor recuerdo del viaje

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© Mar de Frades
27 de mayo de 2026 a las 16:54 CEST

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Hay una forma de viajar por Galicia que no va de tachar sitios de una lista, sino de dejarse llevar un poco. Mirar al mar, quedarse más tiempo del previsto en una sobremesa y entender que a veces el mejor plan es no tenerlo todo medido. Lo mejor de una escapada no está en lo que haces, sino en cómo te hace sentir. Esa es la sensación que transmite Mar de Frades –y que María García de Jaime corrobora– rindiendo homenaje a su origen atlántico a través de una invitación a vivir con más libertad, más calma y más conexión con el entorno. Ahora entenderás por qué.

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Vivir en azul: una manera de mirar Galicia© Mar de Frades

Vivir en azul: una manera de mirar Galicia

El lema “Vivir en azul” de Mar de Frades no es solo una frase bonita ni una forma de hablar del mar. Es una actitud. Tiene que ver con esa manera tan atlántica de entender la vida: más libre, menos previsible y mucho más auténtica. En Galicia, esa idea la tienen muy intrínseca –y cuando viajas allí te impregnas de ella–. La luz cambia, el viento aparece sin avisar, el paisaje impone su propio ritmo y uno aprende a no querer controlarlo todo.

Ese es el territorio en el que se mueve Mar de Frades. Una bodega nacida en Rías Baixas que ha hecho de su origen una forma de identidad, no solo un punto en el mapa. Su universo habla de raíces, pero también de vanguardia; de naturaleza, pero también de diseño; de tradición, pero desde una mirada actual. El Atlántico no aparece aquí como decorado, sino como carácter: está en la forma de vivir el tiempo, en la manera de disfrutar y en esa sensación de libertad que atraviesa toda la experiencia. Sin duda, la bodega gallega ha conseguido embotellar el espíritu de Galicia.

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El nuevo lujo no es tener más planes, sino vivirlos mejor© Mar de Frades

El nuevo lujo no es tener más planes, sino vivirlos mejor

Durante mucho tiempo, viajar parecía ir de acumular lugares, fotos y recomendaciones. Ahora, cada vez apetece más lo contrario: escoger menos, pero vivirlo con más calma. Y ahí Galicia tiene mucho que decir porque es un destino que tiene mucho que ofrecer. Ese es el nuevo lujo del que habla esta escapada, el de ser más libre y vivir los momentos de una manera más presente: en el aquí y el ahora. Sentir el viento en la cara, dejar que una tarde se estire sin mirar el reloj, descubrir la ciudad a través de los pequeños detalles con un buen vino de Mar de Frades, que pueda acompañar el momento, y entender que la verdadera desconexión no consiste en viajar corriendo de un lado para otro, sino en brindar sin motivo aparente y disfrutar de lo que ocurre sin estar pensando en el siguiente, como ha hecho María García de Jaime. 

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Galicia, el Atlántico y una forma de disfrutar que engancha© Mar de Frades

Galicia, el Atlántico y una forma de disfrutar que engancha

Ya te lo decíamos al principio, Galicia tiene algo que engancha, y si no que se lo digan a María. Será por esa forma que tienen de vivir despacio, de disfrutar de esa libertad y esa calma que ofrece A Coruña, por saber adaptarse muy bien a los cambios –acostumbrados a que el tiempo pueda cambiar de un momento a otro– y estar en un lugar disfrutando del momento y no corriendo de un lado a otro.

Por eso los vinos de Mar de Frades encajan tan bien con esta filosofía. No solo por su origen gallego –que también–, sino porque comparte esa manera de entender el disfrute desde lo auténtico, desde la espontaneidad y no reserva una copa de vino solo para los momentos especiales. Puede surgir viendo el atardecer y puede ser algo mucho más sencillo.

Al final, el lema de la bodega gallega “Vivir en azul” no significa hacer un viaje perfecto ni llenar la agenda de planes. Significa lo contrario: dejar espacio para que pasen cosas. Para quedarse más tiempo donde se está bien. Para comer sin prisa. Para mirar al mar. Para brindar porque sí. Y para recordar que, a veces, el plan más apetecible es precisamente el que no estaba tan medido.