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© Veuve ClicquotMadrid ya tiene un nuevo ritual estival, y promete quedarse. El pasado fin de semana, el Hipódromo de la Zarzuela se transformó en el escenario de uno de los encuentros sociales más comentados de la temporada: un pícnic a gran escala acompañado por copas de Veuve Clicquot Yellow Label, que llevó el concepto clásico a una dimensión completamente nueva, donde el detalle y la estética fueron protagonistas absolutos.
Bajo el cielo abierto y con la llegada del buen tiempo como telón de fondo, este icónico enclave acogió una jornada mágica que reunió a amantes del lifestyle, la gastronomía y los planes al aire libre en una atmósfera cuidadosamente diseñada para disfrutar sin prisa. Desde el primer instante, la sensación no era la de un pícnic cualquiera, sino de una experiencia inmersiva donde todo invitaba a celebrar. A continuación, podrás descubrir en el siguiente link el lanzamiento de las 25 cestas de edición limitada con Cristina Oria.
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© Veuve ClicquotManteles de gran formato extendidos sobre el césped, zonas pensadas para el descanso y el encuentro, juegos al aire libre y una ambientación luminosa crearon el enclave ideal para dejarse llevar por el ritmo de una jornada que fluyó entre conversaciones distendidas, brindis y música. Una propuesta que reinterpreta el espíritu del pícnic tradicional con un enfoque contemporáneo, sofisticado y profundamente social.
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© Bárbara LanzatUna de las grandes estrellas de la cita fue la gastronomía. Lejos de la idea convencional, aquí el pícnic se elevó a reto culinario gracias a una cuidada selección de propuestas elaboradas para compartir. La chef Cristina Oria y Clara Díez, fundadora de Formaje, fueron las encargadas de dar forma a un recorrido gourmet donde el producto y la creatividad marcaron la diferencia.
Estaciones con propuestas saladas, un oyster bar que se convirtió en uno de los puntos más fotografiados y una exquisita selección de quesos ofrecían un viaje sensorial que invitaba a probar, descubrir y repetir. El broche final llegó en forma de postre gigante, concebido para compartirse. La música fue el hilo conductor que acompañó y marcó la ocasión. DJ sets y actuaciones en directo pusieron ritmo a una jornada que evolucionó de la calma del mediodía a un ambiente más vibrante y festivo a medida que avanzaba la tarde. Todo ello, sin perder esa esencia relajada que define los mejores planes de verano.
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© Veuve ClicquotPero si hubo un elemento que articuló la experiencia fue el champán. Presente en cada instante compartido, se convirtió en el símbolo de una filosofía basada en disfrutar del instante y celebrar la vida con un toque de sofisticación. La emblemática cuvée Veuve Clicquot Yellow Label, con más de 149 años de historia a sus espaldas, reforzó esa idea de que los pequeños placeres, cuando se viven en la compañía adecuada, se convierten en recuerdos imborrables.
Además, para quienes buscaban una experiencia todavía más completa, una opción premium ofrecía una selección de accesorios especialmente diseñados para la ocasión: desde una icónica cesta de pícnic hasta detalles como sombrero, abanico o juegos de cartas, pensados para prolongar el espíritu del día más allá del evento.
Con esta primera edición, la capital suma un nuevo imprescindible en su agenda social de verano. Un plan que no solo conquista por su propuesta, sino por la sensación que deja: la de haber vivido algo único. Y es que, muchas veces, la mejor manera de celebrar el verano es tan simple y extraordinaria a partes iguales como reunirse para brindar y dejar que el momento haga el resto.
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