Aún recuerdo lo divertido que decía mi padre que era viajar en tranvía. Me contaba cómo el traqueteo rítmico sobre los raíles formaba parte de la banda sonora de Madrid y cómo la gente subía y bajaba, a veces incluso con el tranvía en marcha. En ciudades como Lisboa o Milán este transporte nunca llegó a desaparecer del todo. En Madrid, en cambio, parecía haberse esfumado el 1 de junio de 1972. O eso creíamos. Porque bajo el asfalto de la Puerta de Alcalá, el pasado acaba de volver a salir a la superficie.
Un hallazgo que ha cambiado el rumbo de las obras
Las obras del esperado bulevar que pretende unir Cibeles con la Puerta de Alcalá han levantado algo más que asfalto y polvo: han sacado a la luz las arterias de hierro del Madrid del siglo XX.
Bajo el pavimento han aparecido tramos de vías del antiguo tranvía y adoquinado histórico que rodeaban el monumento. Un descubrimiento que ha generado un inesperado "stand by" emocional y, en parte, también técnico, en uno de los grandes proyectos urbanos de la capital. Las obras continúan su curso, pero ya no como al principio: hay una condición clara. No se pueden tocar, al menos de momento, los restos descubiertos hasta que Patrimonio determine su valor.
El tranvía que cruzaba la Puerta de Alcalá
Aunque el estudio arqueológico será el que desvele todo el misterio, todo indica que estas vías pertenecen a la etapa final del tranvía en Madrid, probablemente posteriores a 1948, cuando la EMT asumió la red.
Por entonces, la calle Alcalá no era el río de coches actual, sino una vía clave por la que los tranvías conectaban el centro con zonas como Arturo Soria o Plaza de Castilla.
El sistema había comenzado en 1898 y fue durante décadas fundamental para moverse por la ciudad, hasta que el auge del coche y el autobús lo hizo desaparecer en 1972.
El gran proyecto que ahora queda en el aire
El plan del Ayuntamiento sigue siendo ambicioso:
- Un paseo peatonal de casi 4 metros
- Reducción de carriles
- 57 nuevos árboles
- Carril bici
Todo ello con una inversión de 6,1 millones de euros, el doble de lo que costó la reciente restauración de la Puerta de Alcalá.
La idea es clara, volver, en gran medida a lo que fue en el pasado, devolverle su función original como puerta transitable y no como rotonda aislada rodeada de coches.
Pero ahora ha surgido una pregunta que no estaba en los planos: qué hacer con este fragmento del pasado que ha reaparecido y que sin duda es parte de la historia de la capital.
¿Tapar las vías o integrarlas?
El debate no es nuevo en Madrid. Y tampoco es la primera vez que, al excavar, aparecen auténticos "tesoros" bajo la ciudad. Ya ocurrió en las obras de Plaza de España, donde salieron a la luz restos históricos que finalmente se integraron en el espacio y hoy pueden verse. En cambio, en los Jardines de Sabatini, tras descubrirse estructuras de antiguas caballerizas, se optó por volver a enterrarlas.
Ahora, la Puerta de Alcalá vuelve a situar a la ciudad en esa misma encrucijada. Vecinos y asociaciones lo tienen claro: quieren que las vías se integren como un recuerdo visible de lo que fue ese lugar.
Mientras tanto, el Ayuntamiento y la Comunidad esperan el informe arqueológico que determinará su antigüedad y su valor.
Por ahora, el proyecto del bulevar sigue adelante y no se prevé retraso en los plazos.
Pero hay algo que sí ha cambiado.
Porque ya no se trata solo de rediseñar una de las zonas más emblemáticas de Madrid, sino de decidir si ese nuevo espacio incluirá una parte visible de su pasado… o si, una vez más, quedará enterrado bajo el asfalto.








