La vivienda ha dejado de ser una preocupación para convertirse en una auténtica emergencia social. Lo dicen los datos, es ya el principal problema para el 42,8% de los españoles, según el CIS, y lo refuerzan voces como la del economista Santiago Niño Becerra, que ha lanzado una advertencia tan llamativa como inquietante: con las condiciones actuales, pagar una vivienda podría implicar trabajar hasta los 80 años.
Lo explicó durante su intervención en La Ventana, en la Cadena SER, en una reflexión que pone cifras a una sensación cada vez más extendida: acceder a una casa es hoy mucho más difícil que hace solo unos años, en un contexto de precios desorbitados que muchos consideran ya abusivos y que no deberíamos normalizar.
El mito del 30% que ya no encaja
Durante décadas, hubo una regla que parecía incuestionable: no destinar más del 30% del salario a la vivienda. Una especie de límite "razonable" que bancos e instituciones han repetido como un mantra.
Pero ese porcentaje tiene un origen muy concreto: un estudio del antiguo Banco de Vizcaya de hace casi 40 años, en un contexto económico completamente distinto.
Hoy, según advierte el economista, ese margen ha dejado de tener sentido.
"Si una familia tiene que dedicar durante 63 años el 30% de sus ingresos, eso significa que, si empieza a trabajar a la edad legal, tendrá que estar ingresando hasta los 80 años casi. Es absurdo".
La conclusión es clara: lo que antes era una referencia útil se ha convertido en una quimera matemática.
Los números que explican el problema
Más allá del debate teórico, los datos del mercado inmobiliario refuerzan este diagnóstico.
Durante 2025:
- el precio del alquiler subió un 8,5%, hasta los 14,7 €/m²
- en ciudades como Madrid o Barcelona superó los 20 €/m²
- la vivienda en venta aumentó un 13,1%, alcanzando los 2.230 €/m²
El impacto en los hogares es directo:
- el esfuerzo medio para pagar el alquiler ya supone el 47% del salario bruto
- en la Comunidad de Madrid se dispara hasta el 71%
Muy lejos, por tanto, de ese 30% que durante años se consideró “ideal”.
El golpe a los jóvenes
Si hay un colectivo especialmente afectado es el de los jóvenes.
La tasa de emancipación apenas alcanza el 14,8%, su nivel más bajo desde 2006. Y hay un dato que lo resume todo: un joven tendría que destinar el 108% de su salario para alquilar una vivienda en solitario.
Es decir, incluso dedicando todo su sueldo, no le alcanzaría.
Vivir solo ya no es la excepción
A este escenario se suma un cambio social cada vez más evidente: vivir solo.
En España hay ya más de 5,5 millones de hogares unipersonales, cerca del 28% del total. Independencia, retraso en formar pareja o movilidad laboral explican parte de este fenómeno, pero también hay una razón clara: el mercado de la vivienda ha cambiado.
Porque asumir una casa con un solo ingreso implica más riesgo. Ante cualquier imprevisto, el margen de maniobra es menor, lo que complica aún más el acceso tanto al alquiler como a la compra.
Qué hay detrás de esta situación
El problema no responde a una única causa, sino a una combinación de factores como la falta de vivienda asequible, especialmente en grandes ciudades, el aumento constante de la demanda, el auge del alquiler turístico y de temporada, salarios que no crecen al ritmo del mercado y condiciones hipotecarias más exigentes. El resultado es un escenario en el que cada vez más personas sienten que la vivienda no es un objetivo alcanzable, sino una carrera de fondo casi imposible







