Acababan de cumplirse doce años de su adiós. No era una cifra redonda, pero el destino quiso que un mes después de este triste aniversario -que se cumplía el 20 de octubre-, la Hispanic Society & Museum le recordara, en su tradicional gala anual, concediéndole una de sus prestigiosas Medallas Sorolla a la vida y el legado del inolvidable maestro Oscar de la Renta.
Era una noche en la que se celebraba la cultura hispana en Nueva York, su otra ciudad -que puso 'a sus pies'-; y la institución quiso recordarle, bajo la atenta mirada de su viuda, Annette, la hija de ésta, Eliza Bolen, y su marido, Alex, a los que adoraba.
"Son mi familia. Es una bendición para mí que estén conmigo y son parte de la continuidad, que es mi objetivo más importante”, nos confesaba el diseñador en uno de los extraordinarios reportajes que protagonizó en ¡HOLA! Con ellos, nos decía, el futuro del imperio estaba garantizado y no se equivocaba. "Para mí, el mayor lujo es poder ir al trabajo cada mañana y estar rodeado de la gente que quiero".
De República Dominicana a conquistar el mundo
Nacido en República Dominicana, siendo muy joven llegó a España para estudiar Bellas Artes, pero en su camino se cruzó el genio Cristóbal Balenciaga y, con él, empezó a adentrarse en el mundo de la moda. De hecho, como Oscar recordaba en Vanity Fair, aunque él no tuvo una formación al uso –"nunca fui a una escuela de moda"-, tuvo la oportunidad de adentrarse en el universo de la aguja con el mejor.
Después, llegaría a la ciudad del Sena, dispuesto a continuar con el sueño, y, de nuevo, allí se encontró con otro maestro, Antonio Castillo, en la Casa Lanvin. "Balenciaga era un arquitecto. Decía que una señora no necesitaba un buen cuerpo porque él podía moldear el tejido alrededor. Castillo, sin embargo, no marcó una época ni inventó nada nuevo, pero era muy femenino. Y yo posiblemente tenga una mezcla de los dos".
Comenzaba la leyenda que terminaría forjándose en Nueva York. Primero debutaba como director creativo de Elizabeth Arden, y, más tarde, llegaría el momento: crear su propia marca con su nombre, en 1965.
Para entonces ya había conquistado el vestidor de Jackie Kennedy, a la que después seguirían Nancy Reagan -con la que estableció una gran amistad-, Laura Bush -de hecho, diseñó el vestido de novia de su hija Jenna- y Michelle Obama.
"Las Primeras Damas llegan a la Casa Blanca vistiendo de algún otro diseñador, pero todas salen vistiendo de Oscar de la Renta", llegaría a decir Robin Givhan, editora de moda en The Washington Post.
Pero tampoco podemos olvidarnos de su hito histórico -fue el primer diseñador latinoamericano que tomó las riendas de una casa de Alta Costura en París, Balmain- ni de su 'idilio' con Hollywood. De Sarah Jessica Parker -una de sus musas-, Amal Clooney -para la que creó su inolvidable vestido para su boda con George Clooney- a Penélope Cruz.
Su verdadera primera dama
Llegó a lo más alto y su nombre fue sinónimo de elegancia y feminidad; y en el camino, se encontró con las dos mujeres de su vida, su primera esposa, Françoise de Landglade, y Annette.
Doce años después del fallecimiento de Françoise, Oscar volvió a encontrar el amor al lado de Annette en 1983 para no separarse nunca más. Seis años después, daba el 'sí, quiero' a la filántropa y socialité francesa, que era madre de tres hijos, entre ellos, Eliza.
"Mi madre es muy dedicada y trabajadora. Inteligente, fuerte, es un gran modelo a seguir. Además, es glamourosa, una superestrella, realmente. Cuando se compromete con una persona o con una causa, ten por seguro que te dará el 10000 % de su amor, atención y devoción. Es muy leal", nos contaba Eliza.
Eliza y Alex Bolden, el relevo garantizado
Eliza encontró el amor al lado de Alex Bolen, al que conoció cuando era una estudiante de Brown. Después, se casaron y formaron una preciosa familia con sus tres hijos.
Parecía que el destino de Eliza tampoco estaba en la moda, sino en el mundo del medio ambiente, pero, a mediados de los noventa, comenzó a trabajar mano a mano con Oscar en la firma. Él "es importante para mí en muchos sentidos. Aunque es mi padrastro, es un padre para mí. Le conozco desde que tenía seis años. También es mi mentor, el abuelo de mis hijos y mi amigo. Somos una familia muy unida", nos contaba hace más de una década en una sincera entrevista.
A quien le llevó más tiempo convencer fue al marido de Eliza, Alex, que se dedicaba al universo financiero, pero, tras unas vacaciones en República Dominicana, llegó la propuesta. Oscar buscaba un nuevo consejero delegado para su empresa. "Estaba intentando estudiar currículos, pero también estaba muy ocupado con su colección. Me pidió ayuda con los currículos. Le contesté que tenía compromisos y responsabilidades con mis socios, pero que tal vez podría ayudarle un par de horas a la semana. Seis meses después resultó que estaba dedicándole mucho más tiempo. En cualquier clase de negocio aprendes con la experiencia, haciendo las cosas. No es algo que se enseñe. Oscar, pensaba yo, no habría tenido éxito durante tanto tiempo sin tener, además de su gran talento para el diseño, un notable olfato para los negocios y buen juicio guiándole a la hora de tomar decisiones sabias".
Y, en efecto, Oscar siempre tuvo olfato. Cuando dio su último suspiro aquel 20 de noviembre de 2014, mientras el mundo lloraba su marcha, él se fue con todo preparado. Ya nos lo dijo, el relevo estaba garantizado y ahora Eliza es vicepresidenta ejecutiva y Alex, director ejecutivo. Y su legado ya era eterno.









