Diez años de amor, un bebé en camino y una futura abuela entusiasmada. Así arranca el nuevo capítulo en la vida de Andrea Molina, embarazada de su primer hijo con el músico Juan Fernández, que se prepara para su gran estreno en la maternidad con una aliada incondicional: Lydia Bosch. Lejos de manuales de crianza perfectos, madre e hija se sientan juntas por primera vez para contarnos cómo están viviendo este momento tan especial y nos hablan de ilusiones compartidas, de consejos —o más bien experiencias de vida— y preparativos para la llegada del bebé, el próximo diciembre. La fecha se acerca, los nervios aumentan, pero mucho más la emoción de tener al peque en casa.
Lydia, vámonos al principio de todo. ¿Cómo recibiste la noticia del embarazo de Andrea y cuál fue la primera emoción que te atravesó?
Todo empezó de una forma muy tierna, la verdad. Andrea me dijo un día que se encontraba un poco rara, con algún que otro "asco", y me preguntó qué síntomas había tenido yo en mis embarazos. Nos miramos las dos y nos entró la risa nerviosa. Ella soltó: "Ostras, a lo mejor es que estoy embarazada". Le propuse que se hiciera la prueba, pero ella prefirió esperar a su primera falta para estar segura, y encima esos días se iba a Asturias con Juan por Semana Santa. Así que me lo quité de la cabeza. Pero, seis días después, justo antes de irse, vino a casa. Yo estaba en mi habitación y me dio un estuche de gafas de sol. "Mira qué gafas nuevas me he comprado, a ver si te gustan". Lo abrí y no vi nada dentro. Le dije "aquí no hay nada", y ella insistió: "Mamá, mira bien". Entonces me di cuenta de que estaba el test de embarazo.
Menudo momento, ¡te quedarías en shock!
¡En ese momento no me lo podía creer! La abracé y, sin poder evitarlo, me puse de rodillas para empezar a llenarle la barriguita de besos, repitiéndole: "¿Estás embarazada? No me mientas, ¿estás embarazada?". Andy solo se reía y me repetía que sí con la cabeza. Nos dimos un abrazo entre risas y lágrimas.
"Una auténtica montaña rusa"
Andrea, estás a punto de vivir la experiencia más transformadora de tu vida. ¿Para cuándo está previsto el nacimiento y cómo estás gestionando emocionalmente esta recta final del embarazo?
Salgo de cuentas a principios de diciembre. Y la verdad es que ha sido una auténtica montaña rusa desde que me quedé embarazada hasta ahora. Estoy inmensamente feliz y dando gracias a Dios todos los días por este milagro, porque de verdad que lo es. Pero también he tenido que aprender a gestionar mucho los miedos, la incertidumbre, y a confiar soltando el control. Creo que los niños siempre vienen a enseñarnos algo, a hacernos crecer y avanzar. Y la primera gran lección que me está dando nuestro bebé es justo esa: soltar el control y confiar. Yo normalmente con las cosas que me importan mucho tiendo a necesitar tenerlo todo bajo control, porque eso me da seguridad, pero, desde que estoy embarazada, eso ya no es posible. Así que lo único que puedo hacer es confiar en el proceso, en la vida y en Dios, y creer que todo va a salir bien.
"Me encanta la palabra 'abuela' y todo lo que conlleva. Estoy deseando 'bautizarme' en diciembre con el nombre de 'àvia' (abuela en catalán). Es una etapa que llevo esperando con muchísimas ganas", confiesa la actriz
Físicamente, ¿cómo te encuentras?
Desde la semana siete hasta la diecinueve, es decir, casi todo el primer trimestre y parte del segundo, lo pasé bastante regular. Lo que sentía no era cansancio, sino más bien falta de energía vital: me costaba hasta servirme un vaso de agua. También noté que el cambio hormonal me hacía estar mucho más irascible, con menos paciencia, y que esa positividad que creo que me caracteriza se difuminaba un poco. A partir de la semana diecinueve todo cambió: empecé a sentir que mi energía volvía, que tenía muchas más ganas de hacer cosas y que volvía a reconocerme. Porque durante esos dos primeros meses realmente me costó mucho reconocerme a mí misma.
En esos momentos de dudas, miedos o bajones del embarazo, ¿a quién recurres: a tu madre, al médico o a tus amigas?
Justo en ese orden (ríe)… Madre, médico y amigas.
¿Y quién de las dos está gestionando peor las ansias y los nervios según se acerca la fecha?
LYDIA.—No creo que ninguna de las dos lo esté gestionando mal. Tenemos nervios e impaciencia porque se acerca el momento, sí, pero yo, personalmente, recuerdo mis embarazos con mucha ilusión, de los momentos más felices de mi vida, y creo que hay que saborear cada etapa. Lógicamente, a medida que pasan los meses ya te imaginas la carita del bebé y las ganas aumentan, pero lo estoy viviendo con tranquilidad y con muchísima ilusión.
ANDREA.—Yo tengo muchísimas ganas de conocerlo ya. Quiero verle la carita, se me está haciendo más largo. Ahora que estamos en el tercer trimestre, se me hace aún más cuesta arriba que el primero y el segundo, precisamente porque esas ganas van a más.
L.—A mí me pasó algo curioso cuando estaba embarazada de Andrea: hasta el último mes no me entró esa especie de impaciencia. Es que sentía una conexión tan fuerte con ella desde dentro... Nunca me encontraba sola, hablaba con ella desde el minuto uno en que supe que estaba embarazada hasta el final; era como un viaje compartido. Y en el fondo me daba hasta pena que se terminara, que llegara el noveno mes, porque eso significaba deshacer ese vínculo tan especial, aunque luego se transforma en otro vínculo distinto, ya eterno, cuando tienes a tu hijo en brazos. Por eso siempre le digo a Andrea que lo saboree, porque esto que ahora quizá se hace largo, cuando lo recuerdas después, te da mucha añoranza.
Bofetada de realidad
¿Qué más imágenes o recuerdos te vienen de golpe a la cabeza de tu propio embarazo de Andrea y del momento en que la tuviste entre tus brazos, hace 34 años?
L.—Todas las imágenes o recuerdos de mi embarazo con Andy son estupendos, porque no tuve ningún tipo de molestia. Solo recuerdo sentir cansancio durante los primeros meses... Pero, fuera de eso, tuve un embarazo superfeliz. Tan feliz que ¡hasta rompí aguas de un ataque de risa!
A.—¿Te puedes imaginar la bofetada de realidad que viví yo durante mi primer mes de embarazo, ¿no? Porque a mí el comienzo no me resultó nada fácil. Y claro, yo venía con la idea que me había transmitido mi madre en base a su experiencia: que todo había sido genial, que se había encontrado increíble durante todo el proceso... Pues imagínate mi comienzo de embarazo, chocando con esa expectativa. Por eso ahora, cuando me habla de que el parto fue superfácil, que no dolió, que dilató rapidísimo y que seguro que a mí me pasará lo mismo la miro y pienso: "Sí, mami, sí". Si algo estoy aprendiendo es que cada cuerpo es un mundo, y cada embarazo, también. No hay que comparar ni crearnos expectativas en base a las experiencias de los demás.
Andrea: "Como madre ha sido maravillosa, pero como abuela va a ser excepcional. No tengo la menor duda. El mejor regalo que le puedo hacer a mi hijo es ese: la abuela tan maravillosa que va a poder disfrutar"
Se va acercando la fecha del parto, Andrea, ¿sientes que pesan más los nervios, el miedo a lo desconocido o la ilusión pura de ver la cara a tu bebé?
Las ganas de conocer a nuestro bebé ganan por encima de todo, pero eso no quita que los nervios y el miedo existan. Por alguna razón, desde que soy jovencita, el momento del parto me ha dado mucho vértigo. Ser mamá ha sido algo que he tenido muy claro toda mi vida, mi gran sueño, pero la idea de dar a luz me ha provocado esa sensación de vértigo desde siempre. Me parece tan brutal que las mujeres seamos capaces de dar a luz, con todo lo que conlleva, que cuando lo imagino me abruma. Pero estoy trabajando en confiar en mi cuerpo y me ayuda mucho pensar que, al final, todas las mujeres del mundo son capaces de hacerlo, así que yo también voy a serlo, aunque es un tema que reconozco que me impone bastante.
"Tenía un pálpito"
¿Podemos desvelar si es niño o niña? ¿Habéis elegido nombre?
Vamos a tener un niño. La verdad es que yo pensaba que iba a ser una niña, tenía esa intuición, pero me falló por completo. Estamos superilusionados con la noticia. Lo curioso es que siempre que le decía a Juan que estaba segura de que sería niña, él me contestaba: "Andy, te estás adelantando mucho, estás dando por sentado cosas que no sabes". Y yo, la verdad, iba de sobrada, le decía que él no tenía ni idea, que yo tenía un pálpito clarísimo. Al final nos reímos muchísimo, porque el día que nos dijeron que era un niño mi cara de sorpresa fue brutal, ¡y la de Juan, de "te lo dije", también! Fue un momento muy divertido, la verdad. En cuanto al nombre, prefiero guardarlo para mí y para los míos por ahora…
Lydia, aunque no lo desveles, ¿qué te parece el nombre que han elegido para tu nieto?
Es un nombre precioso. Un nombre con mucha fuerza y que personalmente a mí me transmite mucha nobleza. Cuanto más lo escucho, más me gusta. "Y hasta aquí puedo leer…".
¿Cómo te sientes al ver a "tu bebé" a punto de tener en brazos al suyo? ¿Cómo se vive esa transición desde el corazón de madre?
Me siento inmensamente feliz. Me despierto con una sonrisa dibujada en la cara que me dura hasta que me voy a dormir, sobre todo porque estoy convencida y segura de que Andrea va a ser una gran madre. Me gusta mirarla cuando no se da cuenta y ver cómo va creciendo esa vida dentro de ella. Le doy gracias a Dios, le hablo a… ¡Ay, casi se me escapa su nombre! Y le digo que qué suerte va a tener con esta madre y este padre maravilloso que ha elegido para vivir esta experiencia en la tierra.
¿Cuáles son los consejos de oro que le estás dando a tu hija en esta etapa? ¿Y tú, Andrea, cómo los recibes?
L.—La verdad es que no le doy consejos como tal. Lo que intento es transmitirle la importancia de vivir el día a día, quitando cualquier pensamiento negativo o limitante, y que disfrute del proceso. Sobre todo, no le digo lo que tiene que hacer, sino que la acompaño y le recuerdo, por experiencia propia, todas las cosas maravillosas que le quedan por disfrutar.
A.—Es verdad, ni yo soy mucho de pedir consejos ni mi madre es muy de darlos. Lo que sí hacemos es hablar mucho, sobre todo de lo que sentimos cada una, y en esta etapa las conversaciones giran más en torno a todo lo que yo estoy experimentando. No siento que mi madre me dé consejos; siento que me acompaña desde su experiencia sin aleccionarme. Y creo que el mejor feedback que una puede recibir es justo eso: saber que la persona que tienes delante te va a escuchar y a acompañar en todo, sin juicio y desde el amor.
¿Dirías, Andrea, que ahora entiendes mejor a tu madre?
A medida que me he ido haciendo mayor, he entendido mucho más a mi madre, no me ha hecho falta quedarme embarazada para eso. Lo que sí es verdad es que hasta que no me he quedado embarazada no me he dado cuenta del ejercicio de generosidad tan inmenso que requiere ser madre. Al final, entregas todo de ti a lo largo de la vida por y para tu hijo: los primeros nueve meses porque tu cuerpo está creando vida y, literalmente, prioriza sus necesidades a las tuyas propias, y luego, cuando nace (porque entiendo, aunque todavía no haya nacido, pero ya lo siento así) que tu vida gira en torno a esa personita para poder darle lo mejor de ti en todos los aspectos. Así que creo que quedarme embarazada sí me ha hecho ser mucho más consciente de la entrega tan grande de mi madre hacia mí.
Una etapa muy esperada
Hay personas a quienes la palabra "abuela" les impone un poco por lo que conlleva del paso del tiempo. En tu caso, Lydia, que estás en un momento físico y vital espectacular, ¿cómo has recibido este nuevo título?
A mí me encanta la palabra «abuela» y todo lo que conlleva. Estoy deseando bautizarme en diciembre con el nombre de «àvia» (abuela en catalán). Es una etapa que llevo esperando con muchísimas ganas y que sé que voy a disfrutar plenamente.
Lydia: "Me siento inmensamente feliz. Me despierto con una sonrisa que me dura hasta que me voy a dormir; estoy convencida y segura de que Andrea va a ser una gran madre"
Apostad las dos, ¿qué tipo de abuela va a ser Lydia? ¿La que consiente o la que intentará mantener la disciplina?
L.—Prefiero que esta pregunta la conteste Andrea y luego, si hace falta, matizo.
A.—Creo que va a ser un "mix" de las dos cosas. Por un lado, y como corresponde a la figura de una abuela, será consentidora, cómplice y cuidadora. Pero también creo que va a saber poner límites y respetar aquello que, a nivel interno, Juan y yo decidamos sobre la educación de nuestro hijo. Además, sé que este niño tiene muchísima suerte de tener a una abuela como mi madre. Como madre ha sido maravillosa, pero como abuela va a ser excepcional. No tengo la menor duda, y lo sé porque está en una etapa vital donde las prisas y la ansiedad ya no pesan tanto, donde la sabiduría le acompaña muchísimo y donde ya siento en ella ese hogar, esa tranquilidad y esa paz. No me puedo llegar a imaginar lo que va a ser para este niño tener a su lado a una abuela desde ese lugar. El mejor regalo que le puedo hacer a mi hijo es justamente ese. La abuela tan maravillosa que va a poder disfrutar y que le va a acompañar a lo largo de toda su vida. Mientras escucha las palabras de Andrea, Lydia se emociona y no puede evitar alguna lágrima.
Abrazo de tres
Vuestros abrazos puzle, esos que nos contabais en una reciente entrevista en los que sentís que encajáis perfectamente, ¿cómo han cambiado ahora que hay una barriguita marcando la distancia entre las dos?
L.—Nuestros abrazos no han cambiado, siguen siendo iguales. Aunque quizá, por mi parte, intento "estrujarla" un poco menos a medida que avanzan los meses.
A.—De hecho, son aún mejores, porque ya no somos dos, somos tres. Estoy segura de que el peque, cuando salga, también sentirá esos abrazos como suyos.
A estas alturas, Andrea, ¿tienes ya preparada la habitación, la canastilla hecha y todo listo para salir al hospital, o eres más de dejarlo para el último minuto?
Normalmente, en mi vida sí soy más de dejarlo todo para el último momento, aunque es cierto que a medida que me hago mayor cada vez me organizo mejor. Lo que pasa es que en mi trabajo el pico de actividad es en verano, y este ha sido muy intenso a nivel laboral, y eso me ha impedido bastante empezar a organizar la llegada de nuestro hijo.
Lydia, ¿cuántas cosas le has comprado ya a tu nieto? ¿Te has convertido en la típica abuela que no puede entrar a una tienda de bebés sin salir con bolsas?
Pues resulta que un mes antes de que Andrea supiera siquiera que estaba embarazada yo estaba hablando con ella por teléfono y pasé por delante de una tienda. Ahí vi un muñeco muy especial, no era un peluche cualquiera, era de esos a los que se les pueden mover las orejas porque llevan un alambre dentro: un conejito campesino con una zanahoria y un peto, muy gracioso. Le dije: "Acabo de ver el primer muñeco de vuestro bebe", y ella me contestó: "Pero si no estoy embarazada". Y yo le dije: "Está de camino, aunque tú no lo sepas, yo lo sé". Nos reímos mucho, pero yo lo compré igualmente. Y, efectivamente, cuando poco después me dijo que estaba embarazada, el conejo se fue directo a su casa con ella, porque ya la estaba esperando. Así que ese fue el primer regalo. Después le tengo preparado un osito que estaba en su cuna desde que nació, que ya está limpio y guardado en una bolsita esperando su turno. Lo que pasa es que no me ha dado tiempo a comprar mucho más, porque estos meses para mí también han sido muy intensos profesionalmente hablando.
Lydia: "Ya estoy hablando con mi entrenador, enfocando ejercicios pensando en los juegos que voy a hacer con mi nieto, para tener la movilidad suficiente y seguirle el ritmo"
Andrea, hablemos de Juan, el futuro papá… Tras diez años caminando juntos, ¿qué padre crees que será? ¿Cómo se está preparando él emocionalmente para convertirse en padre?
Si de algo no dudo, es de haber elegido a Juan como el hombre con el que compartir mi vida y como el papá de nuestro hijo. Una de las cosas que siempre he tenido clarísimas es la importancia y responsabilidad que tenemos todos como adultos a la hora de elegir al compañero de vida y de camino. Saber elegir bien a las personas que van a acompañarnos es fundamental, pero cuando entran los niños en juego es aún más importante. Con Juan hemos construido un hogar lleno de estabilidad emocional, amor y respeto a base de mucho trabajo y ganas. Esto para mí es el mayor regalo que podemos darle a nuestro pequeño, porque el que él pueda vivir en un hogar así es la base de todo lo demás. Somos el resultado de nuestra infancia y de lo que vivimos en ella, y sé que él va a tener la mejor de todas.
¿Qué ambiente y valores vais a inculcar a esta nueva generación de la familia que viene en camino?
A.—Si algo he aprendido a lo largo de mi vida, es la importancia de entendernos a nosotros mismos y de trabajarnos por dentro. Creo que vivimos en una sociedad que premia mucho los resultados: los estudios, el conseguir cosas, el ser el mejor, el destacar, el tener. Pero no se le da la importancia que merece a lo que para mí es realmente esencial, como conocernos a nosotros mismos, entender nuestras emociones, aceptarlas sin juzgarlas, entender al de delante, ayudar, empatizar. Aunque las cosas están cambiando, creo que todavía nos queda mucho camino por avanzar en eso. Uno de nuestros objetivos principales en la educación de nuestro hijo va a ser precisamente ese: darle importancia a lo que para nosotros de verdad importa, que es ser buena persona y vivir desde el amor.
¿Hay quinielas familiares sobre a quién se va a parecer: a los Bosch, a los Molina, a la familia de Juan?
L.—Lo que, por unanimidad, estamos todos deseando es que tenga los ojos azules, y creo que es bastante posible porque, por parte de Juan, su abuelo materno tenía unos ojos azules impresionantes, y su madre también, y por parte de Andrea, su abuela, es decir mi madre, también tiene unos ojos azules preciosos. Aunque, lógicamente, sean del color que sean, va a ser el niño más guapo del mundo.
A.—Si a esto además le sumamos que una de las características principales que solemos tener por parte de los Molina es el gran tamaño de los ojos… La combinación es perfecta.
Andrea: "Si de algo no dudo es de haber elegido a Juan como el hombre con el que compartir mi vida y como el papá de nuestro hijo. Hemos construido un hogar lleno de amor"
"La luz de mi madre"
Si el bebé saca la famosa «eterna sonrisa» de su abuela materna y su luz, ¿misión conseguida?
Misión más que conseguida. Ahí ya me da igual cualquier otra cosa. La luz de mi madre y su sonrisa ganan por goleada a todo lo demás.
Tus hermanos, Juan y Ana, tienen 23 años, ¿cómo les dijiste que iban a ser tíos tan jóvenes y cómo se están preparando para su nuevo rol?
A.—La verdad es que me confabulé con mi madre y con mi abuela, porque ellas ya sabían que estaba embarazada, pero mis hermanos todavía no. Les dije que tenían que venir a casa para enseñarles unos temas de una canción que iba a sacar Juan, que queríamos ver si les gustaban o no. En realidad, lo que quería era darles la noticia en casa, sin nadie alrededor. Cuando llegaron todos, en un momento dije: "Voy a hacer una foto, poneos todos juntos", y en lugar de hacer la foto, le di a grabar. Ahí les dijimos que iban a ser tíos. Si vieseis sus caras en ese vídeo, veríais toda la ilusión, la emoción y la alegría que sintieron al escucharlo.
L.—Posdata: en el momento en que yo cogí el teléfono para seguir grabando la reacción, sin querer le di al "stop" y no quedó grabada. Bueno, menos mal que todos me perdonaron. Esa parte, aunque no esté en vídeo, la tenemos grabada en nuestros corazones (risas).
"Me gustaría que mi hijo se pareciera a mi madre en su positividad y su fe en la vida, esa confianza en que todo lo que nos sucede es para nuestro bien mayor", señala Andrea
¿Y cómo reaccionó tu padre cuando le contaste que le ibas a convertir en abuelo?
A mi padre se lo conté por videollamada; como ya no vive en Madrid, no pude hacerlo cara a cara. La verdad es que llevaba ya un tiempo con la pregunta de turno cada vez que hablábamos por teléfono, tenía muchísimas ganas de volver a ser abuelo. El día que le llamé y se lo conté, se puso a saltar de la ilusión y a gritar como un loco. Me hizo muchísima ilusión verle así. Creo que va a ser un abuelo maravilloso.
Lydia, te has enfocado siempre en educar a tus hijos para que sepan ver el vaso medio lleno. Ahora que ves a Andrea a punto de formar su propia familia, ¿sientes la paz del deber cumplido?
Sin ningún tipo de duda, te contesto que sí. Estoy tremendamente orgullosa de la mujer en la que se ha convertido Andrea. Ella ha hablado de mi luz, pero yo pienso que la luz que ve en mí no es más que un reflejo de la suya. Sé que está preparada, muy preparada, para acompañar a su hijo a lo largo de la vida, y estoy deseando verlo de cerca. Igual que ha sido la mejor compañera de viaje como hija, lo será como madre.
"Han elegido un nombre precioso, con mucha fuerza y que a mí me transmite mucha nobleza. Cuanto más lo escucho, más me gusta. Y hasta aquí puedo leer…", dice Lydia
¿Qué rasgo del carácter apasionado y vitalista de tu hija deseas de corazón que herede el bebé?
L.—Su alegría, su tenacidad, su fortaleza, su sentido del humor, su fuerte carácter, su empatía… y, sobre todo, su capacidad de vivir desde la ilusión.
A.—A mí me gustaría que mi hijo se pareciera a mi madre en su positividad y su fe en la vida, esa confianza en que todo lo que nos sucede, sucede para nuestro bien mayor. Creo que es la lección que más me ha costado aprender e interiorizar de ella, pero también la que más paz me ha aportado una vez lo he conseguido. Ojalá tenga estas cualidades desde que nazca. Si no es así, estoy segura de que entre todos conseguiremos que las adquiera.
Lydia, te cuidas muchísimo por salud y entrenas duro con disciplina. Ahora llega una etapa muy activa, ¿lista para correr detrás de tu nieto?
No miento si te digo que ya estoy hablando con mi entrenador sobre esto: estoy enfocando ejercicios pensando en los juegos que voy a hacer con mi nieto, fortaleciendo los brazos para poder sujetarlo bien y trabajando la espalda para tener la movilidad suficiente para seguirle el ritmo. Voy a ser una abuela muy disfrutona, tanto que ya me estoy haciendo una libreta con posibles juegos para hacer con él.
Acabas de regresar al teatro tras 37 años, ¿cómo vas a cuadrar tu agenda para no perderte ni un solo hito del bebé?
Cruzando los dedos para poder estar presente el máximo tiempo posible.
Por cierto, tuviste un accidente en los ensayos… ¿Qué tal te encuentras? ¿Estás ya recuperada?
Estoy ya recuperada, en plena forma, disfrutando de esta gira por España, que hemos iniciado con mucho éxito y muy buenas críticas. La verdad es que Fedra solo me está dando alegrías.
¿Irás al hospital desde el inicio o esperarás en casa al nacimiento de tu nieto?
Haré todo aquello que ellos decidan.
"La verdad es que yo pensaba que iba a ser una niña, tenía esa intuición, pero me falló por completo", comenta la futura mamá
¿Un miedo confesable sobre el momento de ir al hospital?
A.—Mi miedo es que me bloquee, precisamente por los miedos y los pensamientos intrusivos, y que eso haga que el parto sea más duro de lo que podría ser si lo vivo desde la paz, la confianza y la sabiduría de mi propio cuerpo.
L.—No tengo ningún tipo de miedo, porque sé que TODO va a salir muy pero que muy bien.
Lydia, un deseo en alto para tu hija en el instante en que la veas convertida en madre…
Que disfrute de la maternidad, que haga siempre lo que sienta y lo que su instinto le diga, sin hacer caso a lo que el resto del mundo opine. A mí eso siempre me ha ido muy bien y creo que es el mejor truco de todos. Una madre es quien mejor conoce a su hijo, y esa conexión que existe desde el mismo momento en que te enteras de que estás embarazada es algo inexplicable, que solo pueden entender las propias madres.
Si tuvierais que definir con una sola palabra lo que este bebé significa para la familia, ¿cuál sería?
Absoluta felicidad —contestan al unísono—.













