Adriana Abascal es de esas mujeres que siguen creyendo en el amor, incluso cuando una historia llega a su fin. La empresaria y diseñadora nos concede una sincera entrevista tras un año de cambios, tras cerrar su etapa junto al príncipe Manuel Filiberto de Saboya y afrontar un nuevo capítulo con la ilusión de presentar la nueva colección de Maison Skorpios, la firma de botas y calzado que puso en marcha hace cinco años.
“Un final feliz, para mí, no es quedarte para siempre con alguien con quien no eres feliz. A veces, el final feliz es darte cuenta de que esa historia no es para ti y saber salir de ella a tiempo”.
Dicen que, si vas a bajarte del autobús, mejor hacerlo en la primera parada que en la segunda. Más que nada porque, cuanto más avanzas, más caro sale el billete. Y ella lo tuvo claro: “No hubo una segunda ruptura porque no hubo vuelta. Nunca volví”.
De hecho, fue la propia Adriana quien anunció primero que aquella relación había llegado a su fin. El motivo, claro y sin demasiadas curvas: no quería ser la amante de un hombre casado. (Inciso importante: Manuel Filiberto continúa legalmente casado con la actriz francesa Clotilde Courau, con quien contrajo matrimonio en 2003, aunque llevan cinco años separados y este año ha iniciado los trámites de divorcio).
A principios de año, se les vio juntos, pero reconciliación, como tal, nunca hubo. “A veces tienes que tener a la persona frente a ti para sentir y reflexionar. Y cuando nos volvimos a ver durante esas semanas, comprobé que ese no era mi camino”.
Y ahí está la clave. Porque verse no siempre significa volver. Y coincidir tampoco tiene por qué ser una señal del destino. “Entiendo que vernos juntos, en un par de galas a principios de este año, pudiera dar otra impresión. Siempre que le acompañaba a un evento se generaba mucho interés. Era consciente de ello y me alegraba poder apoyar sus proyectos y darles visibilidad”, nos explica.
Una cosa es compartir salones y alfombras rojas y otra, muy distinta, compartir camino. Adriana, esta vez, parece tener claro cuál de las dos quiere. “No me veía construyendo un futuro en esa relación”, asegura.
Y quizá por eso no siempre tiene que ser quedarse juntos para siempre. A veces una historia cumple su función, te deja recuerdos bonitos, aprendizajes importantes y llega un momento en el que cada uno sigue su camino. Para mí, también hay felicidad en saber cerrar una etapa con cariño y sin negar lo que tuvo de bueno.
“Empecé a preguntarme si esa era la vida que quería para mí, y comprendí que no. Puedes disfrutar de una historia y, aun así, darte cuenta de que para continuarla tendrías que dejar de ser tú. Hace meses que cada uno sigue su camino. Fue una experiencia más en mi vida, guardo el recuerdo de lo que vivimos con cariño y le deseo sinceramente lo mejor”, añadía. Y quizá sea precisamente esa forma de entender lo vivido —sin renunciar a lo que es ni a lo que quiere para sí misma— la que explica una de sus convicciones más firmes: “No renunciaría a mi libertad, a mis valores ni a mi paz por una pasión. Para mí, el amor no debería pedirte que te hagas más pequeña. Una relación puede cambiarte los planes, sorprenderte o incluso desordenarte un poco la vida, pero nunca debería alejarte de quién eres”.
Y, lejos de dejarle un poso de desencanto, todo este aprendizaje parece haberle devuelto todavía más ilusión —y positividad— hacia el amor. “Creo en esos encuentros que parecen demasiado perfectos para ser casualidad, pero también creo profundamente en las decisiones. Me gusta pensar que existe cierta magia, pero también que tenemos mucha más responsabilidad sobre nuestra historia de la que a veces queremos admitir”, admitía.
Así que, si de algo parece estar convencida Adriana Abascal es de que el futuro no se espera: se escribe. Línea a línea, decisión a decisión y, esta vez, con ella misma sujetando la pluma. Porque, puestos a escribir la historia de una, ¿quién mejor que una misma para decidir cómo continúa? Ella "puede cambiar, reconstruirse o volver a empezar" las veces que quiera. Y hoy, parece tener muy claro dónde quiere poner el foco: “Estoy muy tranquila, muy centrada en mis hijos, en Skorpios y en todo lo que estoy construyendo”. Una declaración que resume, quizá mejor que ninguna otra, el momento vital en el que se encuentra: mirando hacia delante y construyendo, a su manera, lo que viene.







