Adriana Abascal y su lección sobre el amor: "A veces, el final feliz es darte cuenta de que esa historia no es para ti"


Que una historia de amor llegue a su final no significa, necesariamente, que una deje de creer en él. Y ella es, precisamente, la prueba de que se puede cerrar un capítulo sin renunciar a seguir creyendo en la historia


Adriana es madre de Paulina, de 26 años; Diego, de 22, y Jimena, de 19. A los dos mayores los ve menos porque residen en Estados Unidos, mientras que con Jimena, que estudia en St. Andrews, Escocia, comparte ahora más tiempo, ya que trabaja con ella en la empresa. "Crea contenidos, lleva la comunicación digital y me ayuda muchísimo", nos contó. Al vivir en países diferentes, su plan favorito sigue siendo conseguir "que estemos los cuatro riéndonos, hablando de todo y sin mirar el reloj"© VALERO RIOJA
2 de octubre de 2026 a las 22:15 CEST

Adriana Abascal es de esas mujeres que siguen creyendo en el amor, incluso cuando una historia llega a su fin. La empresaria y diseñadora nos concede una sincera entrevista tras un año de cambios, tras cerrar su etapa junto al príncipe Manuel Filiberto de Saboya y afrontar un nuevo capítulo con la ilusión de presentar la nueva colección de Maison Skorpios, la firma de botas y calzado que puso en marcha hace cinco años.

Un retrato de Adriana Abascal© VALERO RIOJA

“Un final feliz, para mí, no es quedarte para siempre con alguien con quien no eres feliz. A veces, el final feliz es darte cuenta de que esa historia no es para ti y saber salir de ella a tiempo”.

Dicen que, si vas a bajarte del autobús, mejor hacerlo en la primera parada que en la segunda. Más que nada porque, cuanto más avanzas, más caro sale el billete. Y ella lo tuvo claro: “No hubo una segunda ruptura porque no hubo vuelta. Nunca volví”.

De hecho, fue la propia Adriana quien anunció primero que aquella relación había llegado a su fin. El motivo, claro y sin demasiadas curvas: no quería ser la amante de un hombre casado. (Inciso importante: Manuel Filiberto continúa legalmente casado con la actriz francesa Clotilde Courau, con quien contrajo matrimonio en 2003, aunque llevan cinco años separados y este año ha iniciado los trámites de divorcio).

En esta finca de la región de Alentejo, Adriana ha pasado veranos, navidades y muchos fines de semana junto a sus hijos. Es un lugar muy ligado a su proceso creativo y a su vida familiar. Adriana, que cumple 56 años el 31 de octubre, nos dijo que la edad le había enseñado que "una está más guapa cuando está en paz y contenta". Y que el 'tip' que mejor le funciona es: "Sé tú, saca tu personalidad, dale vida a la niña que llevas dentro e intenta vivir con alegría"© VALERO RIOJA
En esta finca de la región de Alentejo, Adriana ha pasado veranos, navidades y muchos fines de semana junto a sus hijos. Es un lugar muy ligado a su proceso creativo y a su vida familiar. Adriana, que cumple 56 años el 31 de octubre, nos dijo que la edad le había enseñado que "una está más guapa cuando está en paz y contenta". Y que el 'tip' que mejor le funciona es: "Sé tú, saca tu personalidad, dale vida a la niña que llevas dentro e intenta vivir con alegría"

A principios de año, se les vio juntos, pero reconciliación, como tal, nunca hubo. “A veces tienes que tener a la persona frente a ti para sentir y reflexionar. Y cuando nos volvimos a ver durante esas semanas, comprobé que ese no era mi camino”. 

Y ahí está la clave. Porque verse no siempre significa volver. Y coincidir tampoco tiene por qué ser una señal del destino. “Entiendo que vernos juntos, en un par de galas a principios de este año, pudiera dar otra impresión. Siempre que le acompañaba a un evento se generaba mucho interés. Era consciente de ello y me alegraba poder apoyar sus proyectos y darles visibilidad”, nos explica.

Una cosa es compartir salones y alfombras rojas y otra, muy distinta, compartir camino. Adriana, esta vez, parece tener claro cuál de las dos quiere. “No me veía construyendo un futuro en esa relación”, asegura.  

Y quizá por eso no siempre tiene que ser quedarse juntos para siempre. A veces una historia cumple su función, te deja recuerdos bonitos, aprendizajes importantes y llega un momento en el que cada uno sigue su camino. Para mí, también hay felicidad en saber cerrar una etapa con cariño y sin negar lo que tuvo de bueno.

Adriana es madre de Paulina, de 26 años; Diego, de 22, y Jimena, de 19. A los dos mayores los ve menos porque residen en Estados Unidos, mientras que con Jimena, que estudia en St. Andrews, Escocia, comparte ahora más tiempo, ya que trabaja con ella en la empresa. "Crea contenidos, lleva la comunicación digital y me ayuda muchísimo", nos contó. Al vivir en países diferentes, su plan favorito sigue siendo conseguir "que estemos los cuatro riéndonos, hablando de todo y sin mirar el reloj"© VALERO RIOJA
Adriana es madre de Paulina, de 26 años; Diego, de 22, y Jimena, de 19. A los dos mayores los ve menos porque residen en Estados Unidos, mientras que con Jimena, que estudia en St. Andrews, Escocia, comparte ahora más tiempo, ya que trabaja con ella en la empresa. "Crea contenidos, lleva la comunicación digital y me ayuda muchísimo", nos contó. Al vivir en países diferentes, su plan favorito sigue siendo conseguir "que estemos los cuatro riéndonos, hablando de todo y sin mirar el reloj"

“Empecé a preguntarme si esa era la vida que quería para mí, y comprendí que no. Puedes disfrutar de una historia y, aun así, darte cuenta de que para continuarla tendrías que dejar de ser tú. Hace meses que cada uno sigue su camino. Fue una experiencia más en mi vida, guardo el recuerdo de lo que vivimos con cariño y le deseo sinceramente lo mejor”, añadía. Y quizá sea precisamente esa forma de entender lo vivido —sin renunciar a lo que es ni a lo que quiere para sí misma— la que explica una de sus convicciones más firmes: “No renunciaría a mi libertad, a mis valores ni a mi paz por una pasión. Para mí, el amor no debería pedirte que te hagas más pequeña. Una relación puede cambiarte los planes, sorprenderte o incluso desordenarte un poco la vida, pero nunca debería alejarte de quién eres”.

Y, lejos de dejarle un poso de desencanto, todo este aprendizaje parece haberle devuelto todavía más ilusión —y positividad— hacia el amor. “Creo en esos encuentros que parecen demasiado perfectos para ser casualidad, pero también creo profundamente en las decisiones. Me gusta pensar que existe cierta magia, pero también que tenemos mucha más responsabilidad sobre nuestra historia de la que a veces queremos admitir”, admitía.

Así que, si de algo parece estar convencida Adriana Abascal es de que el futuro no se espera: se escribe. Línea a línea, decisión a decisión y, esta vez, con ella misma sujetando la pluma. Porque, puestos a escribir la historia de una, ¿quién mejor que una misma para decidir cómo continúa? Ella "puede cambiar, reconstruirse o volver a empezar" las veces que quiera. Y hoy, parece tener muy claro dónde quiere poner el foco: “Estoy muy tranquila, muy centrada en mis hijos, en Skorpios y en todo lo que estoy construyendo”. Una declaración que resume, quizá mejor que ninguna otra, el momento vital en el que se encuentra: mirando hacia delante y construyendo, a su manera, lo que viene.