Hay canciones que sobreviven al paso del tiempo y voces que, de alguna manera, permanecen unidas para siempre a la memoria de varias generaciones. Eso es precisamente lo que representa El Consorcio, la formación nacida de aquel universo musical de Mocedades que, tres décadas después, continúa subiéndose a los escenarios con la misma ilusión. Ahora lo hace afrontando una nueva etapa marcada por la retirada de Amaya Uranga, una de sus integrantes más emblemáticas, y por la llegada de una nueva voz que, curiosamente, lleva la música en la sangre.
Se trata de Allende Blanco, hija de Estíbaliz Uranga y del recordado Sergio Blanco. Su incorporación al grupo ha cerrado de una manera especialmente emotiva una nueva etapa de cambios y, sobre todo, ha permitido que una historia familiar que comenzó hace décadas siga escribiéndose sobre los escenarios.
“Él habría estado muy feliz”, reconoce Allende al hablar de su padre en una conversación para la agencia EFE. A su lado, su madre, Estíbaliz, escucha y asiente. Ambas han compartido muchas veces la música, pero ahora lo hacen desde una perspectiva diferente: como madre e hija dentro de una formación que forma parte de la historia de la música española.
La llegada de Allende surgió casi de manera natural. La ausencia de Amaya, que durante los últimos años ya había tenido que faltar en algunas actuaciones, llevó al grupo a buscar una solución dentro de su propia familia. Iñaki Uranga, tío de Allende y uno de los miembros históricos de El Consorcio, recuerda cómo apareció aquella posibilidad: si las hijas de Estíbaliz habían heredado el talento musical de sus padres, ¿por qué no darles una oportunidad?
Lo que comenzó como algo provisional terminó convirtiéndose en una nueva realidad. Allende, acostumbrada desde niña a ver actuar a sus familiares, reconoce que todavía hay momentos en los que toma conciencia del lugar que ocupa ahora.
Muy vinculado al recuerdo de su padre
“Es muy emocionante”, explica, destacando que, aunque lleva toda una vida rodeada de música, ponerse en escena junto a su madre y sus tíos tiene, inevitablemente, un significado especial. Entre los temas que interpreta se encuentra El cantinero de Cuba, una canción especialmente vinculada a sus recuerdos familiares y al repertorio de Sergio y Estíbaliz. Cada interpretación supone, de alguna manera, mantener viva una parte de su padre.
El fallecimiento de Sergio Blanco, en 2015, supuso uno de los momentos más difíciles para El Consorcio. El grupo llegó incluso a plantearse poner punto final a su trayectoria y organizó una gira de despedida. Sin embargo, el cariño del público hizo que aquella despedida se transformara en una nueva oportunidad.
La despedida de Amaya, un punto de inflexión
Ahora la historia vuelve a repetirse con la retirada de Amaya Uranga, la mayor de los hermanos y una de las voces más reconocibles de esta saga musical. Su último concierto tuvo lugar en febrero, en el Palacio Euskalduna de Bilbao, en una noche cargada de emoción que además quedó grabada para la posteridad. Fue su despedida definitiva de los escenarios y el público quiso rendirle homenaje poniéndose en pie.
Para Iñaki, vivir aquel momento fue especialmente difícil. “Fue un concierto muy bonito, pero duro”, admite en esa misma conversación, recordando la sensación de saber que aquella sería la última vez que compartirían escenario con Amaya. Pero El Consorcio no parece dispuesto a detenerse. Con Allende como nueva integrante, el grupo inicia una nueva gira que tendrá una de sus próximas paradas en Madrid, en el Teatro Alcalá, y que posteriormente llegará también a América.
Porque, como explica Estíbaliz, cambiar forma parte de la propia historia de la formación. Desde los tiempos de Mocedades hasta El Consorcio, las voces han ido renovándose y los integrantes han cambiado, pero el espíritu permanece. “El público es el que te empuja al siguiente concierto”, afirma.







