Es, posiblemente, el testimonio más difícil de su vida. María Iborra, hija de la eterna Verónica Forqué, ha decidido abrir su corazón para rendir el homenaje definitivo a su madre. En un gesto de valentía y generosidad, la hija de la que fuera "chica Almodóvar" se ha sincerado en el diario ABC con motivo de la publicación de su libro No soy Verónica Forqué. A través de sus páginas, descubrimos a una joven que busca sanar, transformando el dolor en un tributo a la verdadera esencia de su madre, recorriendo una vida marcada por el éxito, pero también por una fragilidad que terminó por desbordarse.
María recuerda con nostalgia y dolor aquel día de diciembre en el que se despidió de su madre con un beso, sin saber que ella ya había tomado una decisión. Según relata en la entrevista, la mujer que cuidaba de la actriz, Menuka, presenció una escena que solo el tiempo dotaría de significado: "Esa misma mañana se encontró con que mi madre había sacado del armario todos sus pañuelos y los había extendido en la cama. Naturalmente, le extrañó, aunque no supo interpretar la causa de ese despliegue. Ahora sabemos la causa: mi madre estaba valorando cuál de ellos sería el más adecuado. Un casting de pañuelos". Poco después, la fatal noticia envolvía la casa en una oscuridad que María describe como una niebla casi física.
El deterioro de la salud mental de Verónica venía de lejos. María sitúa un punto de inflexión clave tras la separación del director Manuel Iborra, quien fuera su compañero durante tres décadas: "Mi padre tenía un carácter firme y la protegía, era como un dique entre ella y el mundo, y cuando ese dique se rompió... ¡Plof!". Al comunicarle el trágico final, el director le confesó con el alma rota: "Si no se hubiera ido de casa, nada de esto habría pasado. Y es verdad, papá".
La relación de Verónica con sus propios padres también dejó huella. Sobre su madre, Carmen Vázquez-Vigo, María recuerda que la actriz solía perder los nervios: "Mi madre casi nunca se enfadaba, excepto con Teté. La sacaba de sus casillas". De su abuela heredó quizás esa visión melancólica de la vejez, pues asegura que Teté "no soportaba ser vieja. Quería morirse. Su tema de conversación favorito eran la muerte y la eutanasia".
Antes de su mediático paso por televisión, Verónica ya daba señales de agotamiento vital. La actriz se sentía abrumada por su propia fama. "Llegaba al hotel y se encerraba allí. El exterior, seguramente, le resultaba amenazador. Ya no le gustaba que la reconocieran por la calle. Estaba harta de Verónica Forqué. Superharta", confesaba al periódico. Durante el confinamiento, madre e hija convivieron estrechamente, revelando manías que Verónica ocultaba al gran público, como la "oniomanía" o compra compulsiva: "Compraba de todo y a todas horas. Cada día llegaban nuevos paquetes. En algunas jornadas, hasta cinco... y siempre de dos en dos". A pesar de todo, seguía intentando proyectar luz, aunque María notaba que algo fallaba: "Seguía esforzándose en buscar el lado positivo de la vida, pero tenía raptos de ira y enojo. Montaba pollos en todos los sitios".
El impacto de la televisión y el "hate"
Uno de los puntos más controvertidos fue su participación en MasterChef. María reflexiona sobre la vulnerabilidad de su madre frente a las cámaras: "Desde la producción de MasterChef debían de darse cuenta de que mi madre no estaba bien. Así que tuvieron que decirse: 'Uy, está fatal, está como unas maracas; qué bien, cuánta audiencia vamos a tener...'". La joven añade con tristeza: "Era una loquita. ¡Y una loquita competitiva, o sea, una loquita por partida doble! ¿Había algo mejor que eso para elevar la audiencia?".
Sin embargo, lo más duro llegó con la emisión y los ataques en redes sociales: "Jamás hubiera podido imaginar que su persona despertara unas reacciones tan furibundas de odio. Empezaron a prodigarse las críticas y a multiplicarse los haters, y ella se desestabilizó aún más. Se convirtió en una zombi. Ya ni siquiera se levantaba de la cama. 'La he cagado. La gente me odia', decía".
Una despedida llena de luz
A pesar de la culpa que confiesa sentir —"¿Podría yo haber hecho algo más? Respuesta: sí, muchísimo más"—, María prefiere recordar el inmenso amor que recibió Verónica tras su marcha. Desde el apoyo de compañeros como Antonio Resines hasta el cariñoso burofax de los Reyes, Felipe y Letizia. En un cierre conmovedor, María le dedica estas palabras a su madre, asegurando que su legado artístico es eterno: "La Verónica Forqué que te habías labrado durante décadas era mucho más poderosa que la Verónica Forqué que quiso destruir a Verónica Forqué. No lo conseguiste, mami, me alegro de poder decir que no lo conseguiste".









