Más de un siglo después, su nombre sigue resonando con ímpetu en la música, el cine y, desde siempre, en la feria de abril. Ella sigue estando, no en cuerpo presente, el icono dejó este mundo una triste mañana del año 83, pero sí que cientos de sevillanas la siguen homenajeando, casi sin ni saberlo, por su toque del ‘caracolillo’, como lo llamaba ella. Un rizo pegado a la frente y que, las más modernas llamarían el nuevo baby hair, aunque a nosotros nos gusta seguir llamándolo cariñosamente como su creadora. Llámennos tradicionales, de costumbres o como más os plazca.
Y no, no es un dato que nos saquemos de la manga, era por el año 82 cuando, la tonadillera, ya lo explicó durante una entrevista con José María Iñigo en el programa de TVE, Estudio abierto. Su madre, la madrileña Sebastiana Navarrete Domínguez, no quería más que cantar y bailar y quería arrojar a su pequeña (la menor de 4 hermanos: don José, doña Luisa, doña Gloria y doña Estrella) al interior de las casetas de lona de la feria. “Con tres años, yo le dije: ‘Tú me llevas a mí, pero me pones un rizo aquí (se señala lo alto de la cabeza)’, me lo pegó con jabón y ahí está todavía”, confesaba. Y lo que empezó como una cabezonería de niña propia de su edad se convirtió en su sello de identidad y por lo que, un centenar de años después, se recordaría su nombre “natural, de pila”, como decía ella.
Durante la entrevista, el mismo presentador también hizo hincapié en el estado sentimental de Castro y, aprovechó la percha del ‘caracolillo’ para recibir una respuesta, quizás más sensacionalista que la que verdaderamente halló. “¿Cuántos corazones habrá roto el rizo característico de Estrellita Castro?”, decía él. “Ahora, sin ir más lejos, tengo dos pretendientes y con parné (moneda), lo que pasa es que yo no quiero a nadie”, contestaba Estrellita recurriendo a toda la gracia con la que nació.
Hasta entonces, el "caracolillo" y Estrellita se fusionaron en uno. En cualquier aparición pública (o no) ella recorría su laca implacable (aerosoles o, casi seguro, a la laca Nelly, la de toda la vida) para fijarse su “prolongación del cuerpo”. Y sí, durante esa entrevista, en la que la cantante reunía casi 74 años, también lo llevaba. En cualquier situación que te la pudieras imaginar, de la más cotidiana a la más especial, como era este caso. Aunque la segunda cosa que más le importaba en el mundo era seguir cantando, la primera, ¿adivináis cuál? El rizo. “Me dicen que tengo 87 o 90 años y que más me da, mientras yo pueda cantar Ay Maricruz”, explicaba.
Y es que, la vida de esta “sevillana por los cuatro ‘costaos”, así se auto definía ella, estuvo muy vinculada a la feria, y no solo porque nació allí. “Nací debajo de la giralda y estoy bautizá’ en el sagrario de la catedral y recriá’ en el barrio de Santa Cruz y en la plaza de Santa Marta”, decía. También, porque a los 10 años, ya era conocida en Sevilla como cantante de saetas, y con tan solo 9 años debutó delante de Ena, “la reina inglesa”, como se la apodó entre los humildes españoles por ser la nieta pequeña de la reina Victoria de Reino Unido, la esposa de Alfonso XIII.
Ella misma, contaba la anécdota, en el programa Cantares de 1978 frente al presentador, Lauren Postigo, quien abría el programa homenaje a la artista de esta manera: “Desde niña anduvo a guantazos con la vida, a guantazos con el frío, a guantazos con el calor, a guantazos con el hambre, a guantazos con la miseria, y hasta los 9 años, anduvo a guantazos con todo. Pero como en los cuentos de hadas, una día una reina le regaló un traje y unos zapatitos de cristal, le dijo que cantaba muy bien, y la tocó con su varita mágica”.
El torero Ignacio Sánchez Mejías, "El Gallo", organizó una velada benéfica en los Reales Alcázares de la capital hispalense y Juanito Lafita, que ya la había escuchado cantar, invitó a Estrella a participar. Así de sencillo. La tonadillera también quisó traer el recuerdo de vuelta, y contarlo por su propia boca. “Me dijo: ‘Vamos a ver, ¿tú cómo te llamas?’, la reina, digo: ‘Estrellita Castro, majestad’. ‘¿Y tú padre, cómo se llama?’. ‘José Castro, majestad. ‘¿Y tu madre?’. ‘Sebastiana Navarrete, majestad ¡la más graciosa del mundo’, y así quedó la cosa y, entonces dijo: ‘¿Y qué quieres tú que yo te regale?’. Me quedo así mirando y digo: ‘Una pulsera como ésa, majestad”. Yo no sabía que pedía, pero la veía brillar mucho y me contestó: ‘Pues la tendrás’ y al lado, estaba la marquesa de Bermejillo y me dijo: ‘¿Qué otra cosa te gustaría?’. ‘¡Ay, un mantón de manila!’. Lo único que conservó con el tiempo, porque el brazalete lo dió al empeño por 500 pesetas de la época.
Tampoco tuvo pelos en la lengua y no escatimó en narrar el consejo protocolar que le dieron para salir ilesa de aquella presentación: “Juanito Lafita me decía: ‘Cuándo te acerques a la reina o cuándo te pregunte algo tu tienes que decirle siempre majestad, pero con gracia’. Y así fue”. Tiempo después Sánchez Mejías la volvió a contactar para que cantase ‘tal y como hizo delante de la reina’ en el interior del Salón Imperial, en la famosa calle Sierpes.
A partir de ese momento, y a causa de toda esta serie de sucesos, los periódicos más relevantes de la época hablaron de esa cenicienta de la canción con ese rizo característico que ya no tendría necesidad de barrer y fregar ni en su casa ni en la de las ajenas para mantener a su familia y dar de comer a su padre enfermo, en aquel barrio de Sevilla ahogado en tabernas y en pobrezas. “Un barrio muy pobre, pero muy gracioso, y de una familia pobre, pero orgullosa porque erámos mu’ honraos”, enfatizaba ella.
Y siguió cantando, cantando y cantando. “Y sin la alcachofa como hacen muchas”, decía. Por si eso fuera poco, también se convirtió en protagonista de más de 40 películas, -Los hijos de la noche, Mariquilla terremoto, Suspiros de España, La maja del capote, Torbellino, La gitanilla, entre tantas y tantas otras.
Y, con los años y entre sevillanas, trajes de gitana, rebujitos y rizos engominados en la frente la seguimos trayendo de vuelta. Aunque, siendo sinceros, nunca se fue. Ni nunca lo hará.










