Llegó a la competición siendo una niña que soñaba con ganarlo todo y décadas después dice adiós al deporte al más alto nivel convertida en una leyenda. Carolina Marín anunció hace dos semanas su retirada a los 32 años y ha reaparecido para participar en un encuentro con niños en el Pabellón Diego Lobato de Huelva, el mismo en el que ella dio sus primeros pasos profesionales. En este lugar lleno de recuerdos ha echado la vista atrás para hablar con orgullo de todo lo que ha logrado, pero también ha mirado al futuro para contar cómo va a ser a partir de ahora su día a día.
Su ilusión era decir adiós desde la pista, con la raqueta en la mano y trasladando a todos sus seguidores el apoyo incondicional que le han dado. Pero no ha podido ser. "Retirarme ha sido la decisión más difícil de mi vida pero también la más acertada", ha explicado. Las consecuencias de la lesión que sufrió en la semifinal de los Juegos Olímpicos de París la ha obligado a tener un final diferente para poder priorizar su salud: "He exprimido mi cuerpo hasta más allá de lo que podía imaginar. He puesto en peligro mi rodilla cuando el año pasado en abril volví a coger una raqueta tras romperme nuevamente la rodilla en París".
Esta situación no opaca de ninguna forma su brillante carrera. Todo lo contrario. En estos años nos ha hecho vibrar con cada punto, ha emocionado con su talento, su tesón ha sido inspirador y su deportividad se ha convertido en el mejor ejemplo a seguir. Además, ha conseguido que el bádminton levante pasiones ya que nadie quería perder la oportunidad de verla en la cancha. "Me siento muy orgullosa de todo lo que he hecho. De lo que más, es que cuando tenía 8 años no sabía lo que era el bádminton y ahora todo el mundo lo conoce y lo he podido poner en boca de los españoles, eso es de lo que más orgullosa me puedo sentir", ha confesado.
Comienza una nueva era para Carolina Marín, quien siempre ha definido el bádminton como su forma de vida. Nacida el 15 de junio de 1993 en Huelva, descubrió esta disciplina por casualidad, cuando una compañera de colegio la invitó a un entrenamiento. El flechazo fue instantáneo, aunque entonces no podía imaginar lo lejos que iba a llegar: medallas olímpicas, campeonatos del mundo, reconocimientos como el Premio Princesa de Asturias...
Su vida a partir de ahora se desarrollará lejos de la competición, pero siempre cerca del deporte que tantas alegrías le ha dado. Y es que para Carolina Marín es impensable desvincularse del deporte y le gustaría devolver al bádminton "todo" lo que le ha dado estos años. Entre sus ideas está ayudar a las nuevas generaciones de diferentes formas, con charlas, proyectos y con nuevas ideas con las que se muestra receptiva.
Se abre ante ella un nuevo horizonte que está terminando de perfilar, pero lo que sí tiene claro es que su prioridad es disfrutar de los apoyos incondicionales que la han acompañado en todos estos años en activo. "Poder disfrutar de mi familia, venirme más tiempo a Huelva y priorizar lo que el cuerpo me vaya pidiendo, que seguro que será desconectar mucho y disfrutar de la vida y la familia", ha dicho sobre sus próximos pasos. Con toda seguridad también dedica tiempo a disfrutar del flamenco, del baile y de la música con planes como el concierto de Rosalía al que acudió en Madrid la pasada semana.
Carolina tuvo que renunciar a crecer cerca de los suyos a los 14 años, cuando se mudó a Madrid para entrenar en el Centro de Alto Rendimiento. Ella misma lo explicaba en una entrevista con ¡HOLA!: "Renuncié a mi familia y a un hogar cuando me vine a Madrid, con 14 años. Luego, me he perdido muchas celebraciones familiares y he pasado muchas Navidades fuera de España. Todo ha merecido la pena por lo que he conseguido. ¿Que si volvería a hacerlo? Te digo sí con los ojos cerrados". Además, en 2020 perdió a su padre tras las secuelas de un accidente laboral y lo define como "uno de los golpes más duros".








