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TRUJILLO
Es fácil perder la noción del tiempo caminando por las calles estrechas y empinadas de este pueblo que van a parar a su monumental plaza Mayor, una de las más bonitas de España, rodeada como está de palacios y presidida por la escultura ecuestre de Francisco Pizarro, el famoso conquistador de la villa que descubrió el Perú. Pero Trujillo tiene otro gran símbolo y es su castillo árabe, dominando desde lo alto la llanura extremeña, en cuyo recinto fortificado se venera la imagen de Nuestra Señora de la Victoria, patrona de la localidad. © Shutterstock.

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HERVÁS
En las estribaciones de la sierra de Béjar, al norte de Cáceres, Hervás posee uno de los barrios judíos mejor conservados de España, cuyas estrechas y zizagueantes calles a las que asoman casas de arquitectura típica de adobe y entramados de madera de castaño y que llevan a edificios como la Cofradía y la antigua sinagoga. Otro de los símbolos del pasado judío de Hervás es el puente medieval de la Fuente Chiquita, sobre las aguas del río Ambroz. © Turismo de Extremadura

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JEREZ DE LOS CABALLEROS
La que fuera una de las ciudades medievales más importantes de la época se convirtió en sede de la orden del Temple, como bien refleja su reciento amurallado y su fortaleza templaria, que, con más de 150.000 metros, es el símbolo de este pueblo de Badajoz. Posee un buen puñado de iglesias con torres barrocas de más de 60 metros de altura, como la de San Miguel. De su historia más antigua, Jerez de los Caballeros conserva restos megalíticos y el dolmen de Toriñuelo, entre dehesas de encinares. © Turismo de Extremadura.

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ALCÁNTARA
La villa cacereña de Alcántara recibió favores de varios reyes por su ayuda en la Reconquista frente a los árabes, y eso la hizo adquirir una riqueza que hoy conservan sus plazas y calles, donde hacen gala grandes construcciones, como el convento de San Benito, la iglesia de San Pedro de Alcántara, la de Santa María de Almocóvar y las casas solariegas de los Torreorgaz o Roco-Campofrío. Eso sí, su mayor atractivo sigue siendo el famoso puente de Alcántara, una de las grandes maravillas de la arquitectura romana. © Turismo de Extremadura.

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ZAFRA
De aires señoriales, la vida de este pueblo de Badajoz discurre a lo largo de sus populares calles y sus dos plazas: la Grande, amplia, rodeada de arcos, con palmeras y una sencilla fuente; y la Chica, también porticada, donde se celebran los mercados de la ciudad. Entre sus construcciones destaca el alcázar, convertido en Parador de Turismo, y la colegiata de la Candelaria, con pinturas de Zurbarán en su retablo. © Turismo de Extremadura.

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GUADALUPE
Según la leyenda, la Virgen se apareció en este lugar en el siglo XIV a un pastor y como homenaje se levantó una ermita que tiempo después se ampliaría para convertirse en el monasterio en torno al cual hoy gira la vida de este pueblo. Declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, es una de las mayores construcciones de arquitectura religiosa en Europa, con su iglesia gótica, su claustro mudéjar y una colección de cuadros de Zurbarán en su interior. Pero Guadalupe es además un conjunto de pintorescas calles estrechas y empedradas que se cruzan con plazas irregulares, a las que asoman balconadas llenas de flores y tiendas de artesanía.  © Turismo de Extremadura.

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ROBLEDILLO DE GATA
Robledillo está más aislado que otros pueblos de la sierra de Gata, encajonado al final del más profundo de sus valles y en la frontera con la comarca de Las Hurdes–, por eso se conservó tan bien. Es muy pequeño, pero auténtico, y un paseo por su casco urbano va descubriendo rincones llenos de tipismo, como construcciones de adobe y madera y un antiguo molino de aceite que conserva toda su maquinaria. © Turismo de Extremadura.

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SAN MARTÍN DE TREVEJO

Con sus casas de adobe y madera, sus curiosas regateras, palacios señoriales, el convento de San Miguel –que se cree que fue fundado por San Francisco de Asís– y su plaza Mayor con soportales y la torre campanario de la iglesia de San Martín de Tours –que curiosamente se encuentra en otro lugar del pueblo–, San Martín de Trevejo pasa por ser uno de los pueblos serranos mejor conservados de Extremadura. Curiosamente, en este pequeño rincón de la sierra de Gata, como también en los pueblos de Eljas y Valverde del Fresno, se habla una lengua propia, A Fala, con variantes en cada uno de ellos, siendo el mañegu la propia de San Martín. © Turismo de Extremadura.

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MEDELLÍN
En Badajoz se sitúa la que fue una de las primeras poblaciones romanas en la península, que dejaron como herencia el puente viejo sobre el río Guadiana, donde hoy hay habilitadas zonas de baño para calmar los calores veraniegos. Otro de los legados romanos que han quedado en Medellín es su teatro, de dimensiones algo menores a las del de Mérida y de la misma época. Y por supuesto, el castillo árabe y la plaza Mayor, donde se erige la estatua del conquistador Hernán Cortés, nacido en la localidad. © Turismo de Extremadura.

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VALENCIA DE ALCÁNTARA
En un enclave cacereño que hace frontera con Portugal y a la vez con la provincia de Badajoz, Valencia de Alcántara es uno de esos pueblos cuyo encanto reside en su historia, que va desde su extenso barrio gótico judío, con 200 portadas y la iglesia de Nuestra Señora de Rocamador, hasta una amplia colección de dólmenes del Neolítico y Calcolítico, incorporados dentro de la Ruta de los Dólmenes, una de las más importantes del megalitismo español. El pueblo se encuentra al abrigo de la sierra de San Pedro, como también otros pueblos de bella factura, el cercano San Vicente de Alcántara, ya en territorio pacense, comparte con Valencia la extensa producción de corcho natural. © Turismo de Extremadura.

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CUACOS DE YUSTE
Entre los bosques de castaños y robles de la comarca cacereña de La Vera se descubre el monasterio de Yuste, el retiro al que llegara Carlos I en su último viaje por España para morir, cansado de múltiples batallas y guerras y después de haber abdicado en su hijo Felipe II. Hoy su cuerpo ya no descansa en este lugar, junto al que el monarca levantó un palacio, pero su recuerdo permanece para siempre. Pero además de a conocer el monasterio, a Cuacos además se llega para ver su típica arquitectura verata, tanto en sus calles como en su plaza Mayor porticada y en la de la Fuente de los Chorros, y, a comprar su famoso pimentón, que tiene Denominación de Origen / Foto: © Turismo de Extremadura.

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OLIVENZA 
Este pueblo pacense siempre fue un foco importante en las disputas entre España y Portugal, y eso ha quedado reflejado en sus construcciones, como la iglesia de Santa María Magdalena, ejemplo del estilo manuelino. Visto desde lejos, sobre Olivenza despuntan el alcázar, que conserva grandes murallas, y la torre del homenaje de la antigua fortaleza templaria, que con 37 metros de altura es la más alta de todas las que se levantaron en la frontera hispano-portuguesa y acoge parte del Museo Etnográfico González Santana. © Turismo de Extremadura.

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MONTÁNCHEZ
Esta villa cacereña domina desde las alturas toda la comarca del mismo nombre, rodeada de una abundante vegetación de dehesas de encinas y alcornocales, viñedos, higueras y olivos. Su castillo, ya existente antes de la dominación árabe, reina en lo alto del pueblo sobre las casitas de color blanco. Es muy famoso su cementerio, considerado uno de los más curiosos y singulares de toda España, enclavado en la ladera de un escarpado risco a la sombra del castillo. © Turismo de Extremadura.

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