Los rincones favoritos de la Duquesa de Alba en San Sebastián: una ruta aristocrática para una escapada este otoño


La exposición "Cayetana. Grande de España" del Palacio de Liria recupera la figura de Cayetana de Alba y sus más de seis décadas de veranos en la capital donostiarra. Una oportunidad para seguir sus pasos por los lugares que formaron parte de su vida


Palacio Miramar, playa Ondarreta, bahía de La Concha, San Sebastián© Alamy Stock Photo
23 de octubre de 2026 a las 7:30 CEST

La duquesa de Alba fue amante de muchas cosas, entre ellas, de viajar. Sevilla, Madrid o Salamanca fueron algunos de sus destinos más habituales, del mismo modo que Donosti fue un predilecto a la hora de ganarse momentos en su tiempo libre. De hecho, la capital donostiarra era más que un destino: su residencia estival y donde, durante décadas, pasó en familia los periodos vacacionales durante más de 60 años. Desde el palacio de Arbaizenea, la finca de la colina de Aldapeta que llegó a la Casa de Alba por la familia de su primer marido, Luis Martínez de Irujo (hijo de los duques de Sotomayor), Cayetana fijó a la ciudad en su mapa personal, como lugar especial donde pasar el tiempo libre con sus hijos y donde veranear hasta el final, incluso ya casada con Alfonso Díez.

Eugenia Martínez de Irujo y Cristina Carrillo de Albornoz, comisarias de exposición 'Cayetana, Grande de España', junto a Álvaro Romero, director de la Fundación Casa de Alba, y Fernando Martínez de Irujo.© JAVIER ALONSO
Eugenia Martínez de Irujo y Cristina Carrillo de Albornoz, comisarias de la exposición, junto a Álvaro Romero, director de la Fundación Casa de Alba, y Fernando Martínez de Irujo.

“Queríamos que la exposición mostrase no solo a la duquesa de Alba, sino también a la mujer, su manera de mirar el mundo, sus pasiones, sus afectos y esa libertad tan personal con la que vivió”, explica su hija Eugenia Martínez de Irujo, una de las comisarias de la exposición Cayetana. Grande de España, que se puede ver en la capital hasta el 31 de enero. “Era una mujer profundamente respetuosa con la tradición, pero también muy moderna y libre en su forma de vivir y de expresarse”, algo palpable en su legado vital y artístico; cinco siglos que la exposición recoge en un recorrido estrictamente biográfico a través de obras, fotografías, documentos, correspondencia, vestidos y objetos personales, con el objetivo de mostrar cómo convivieron en ella la tradición y una marcada vocación de modernidad.

Los vestidos más icónicos de la duquesa de Alba también pueden verse en la exposición del Palacio de Liria© JAVIER ALONSO
Los vestidos más icónicos de la duquesa de Alba también pueden verse en la exposición del Palacio de Liria

Por su parte, la también comisaria Cristina Carrillo de Albornoz subraya que la muestra, que aterriza en Madrid tras su paso por Sevilla, pretende profundizar en la dimensión cosmopolita de Cayetana de Alba y su relación con el extraordinario patrimonio. "El Palacio de Liria no es solo el escenario de la exposición, sino parte esencial de su vida y del panorama cultural y social de la ciudad durante 250 años, y en última instancia de la modernidad de España que la duquesa encarnaba".

Playa de Zurriola de San Sebastián© Pavel Dudek / Alamy Stock Photo

DONOSTI ARISTOCRÁTICA

Al mismo tiempo, su importancia para la ciudad reside en que mantuvo viva, casi en solitario, la tradición del veraneo aristocrático que inauguró la reina María Cristina. Cuando la corte dejó de venir, ella siguió. Y lo hizo sin distancia: bajaba a la playa, paseaba por La Concha, iba al tenis, a las carreras de Lasarte y a la Semana Grande. Así, los donostiarras la veían como una vecina más en agosto.

Para replicar sus pasos, basta con una ruta sencilla, pero muy disfrutable; ideal para cualquier fin de semana o escapada furtiva entre semana a la ciudad donostiarra que, aunque agradecida todo el año, más que nunca saca a pasear toda su elegancia y magnetismo, como la propia duquesa, en otoño.

Iglesia de San Ignacio, barrio de Gros, San Sebastian© Álvaro Germán Vilela - stock.adobe.com
Iglesia de San Ignacio, una sorpresa neogótica en el barrio de Gros.

MARÍA CRISTINA EN EL ENSANCHE

En el corazón del Ensanche en el que se movía la aristocracia veraneante, se levanta la Catedral del Buen Pastor, el perfecto punto de partida para conocer la cara más histórica de la ciudad. De hecho, el edificio religioso más grande de Guipúzcoa nació con la expansión de Donosti a finales del siglo XIX a manos de Manuel Echave, que quiso recuperar la monumentalidad gótica y terminó por diseñar uno de los ejemplos más inspiradores de neogótico, además con una característica piedra arenisca original del monte Igeldo. A su inauguración (en 1897, aunque su altísima aguja corrió a cargo de Ramón Cortázar dos años más tarde) asistió la familia real e incluso la regente María Cristina fue quien colocó la primera piedra.

Paseo marítimo de San Sebastián, playa© Shutterstock

EL PASEO DE LA CONCHA

Si María Cristina convirtió San Sebastián en uno de los grandes destinos estivales de la aristocracia española, décadas después Cayetana de Alba prolongaría esa tradición desde una posición mucho menos protocolaria: haciendo de la ciudad, y especialmente de sus playas, uno de sus lugares habituales de veraneo. Precisamente con el Buen Pastor a modo de faro urbano, es posible divisar los principales hitos visuales del casco histórico de Donostia que desembocan en el mar sin perder la simetría. En una sola línea recta se deja atrás la plaza del Pastor y, siguiendo por la calle San Martín, se desemboca en el Paseo de La Concha. No en vano, uno de los bulevares más mentados de la ciudad permite apreciar el Ensanche Cortázar en todo su esplendor, sin olvidar la arquitectura de la Belle Époque donostiarra o la barandilla del paseo, diseñada por el arquitecto Juan Rafael Alday y telón de fondo protagonista de los veranos de la duquesa como bañista predilecta. 

La Perla, San Sebastián© @laperladonosti
La Perla llegó a estar considerado uno de los balnearios más hermosos de Europa.

DE PLAYA EN PLAYA, PASANDO POR EL BALNEARIO

Ya desde la llegada de Isabel II en 1845, tomar baños de mar contribuyó a un hábito terapéutico y esencial para poner la ciudad de moda entre las élites. Cuarenta años más tarde, uno de los grandes rituales sociales del verano dio vida a La Perla del Océano (cuyo actual edificio balneario sustituyó en 1912 al antiguo barracón de madera), que llegó a ser considerado uno de los balnearios más hermosos de Europa, además de uno de los símbolos de la San Sebastián más cosmopolita. Parte de una gran renovación urbana, su inauguración coincidió también con las del Hotel María Cristina y el Teatro Victoria Eugenia, emblemas de una nueva ciudad de verano aristocrática, pero cuya estela de modernidad continuó, décadas después, la duquesa. 

Jardines del Palacio de Miramar, San Sebastián© Shutterstock
Jardines del Palacio de Miramar y el monte Igueldo al fondo.

DE MIRAMAR A ONDARRETA

Dejando el plano más público, el paseo hacia Miraconcha tiene un claro protagonista bajo la iniciativa de María Cristina para su residencia estival; construido en 1893 y diseñado por el arquitecto inglés Selden Wornum, el Palacio de Miramar tiene el aspecto de una gran casa de campo inglesa y ocupa una posición privilegiada sobre la bahía. No en vano, la reina y su corte pasaron aquí buena parte de sus veranos, consolidando el vínculo entre la monarquía y San Sebastián, origen de la tradición que la Casa de Alba prolongó. Además, sus jardines son casi una parada obligatoria en todo paseo aristocrático que no quiera privarse de una de las mejores vistas de la bahía gracias a su posición privilegiada justo sobre el Pico del Loro (o la pequeña península rocosa que separa La Concha de Ondarreta). Precisamente, lo natural es cruzar hasta Ondarreta y abandonar el gran paseo urbano para empaparse del ambiente más residencial y tranquilo, con ese aire de veraneo clásico perenne que encaja muy bien con el relato de Cayetana y su familia en la capital donostiarra. 

el peine del viento chillida© Cortesía Chillida Leku / Sucesión de Eduardo Chillida.
Peine del Viento, Chillida

CLUB Y VANGUARDIA

En esta estética ligeramente vintage, la guinda la pone uno de los lugares predilectos de la sociedad aristocrática, además de otro de los grandes rituales de las élites durante el siglo XX. El tenis, junto con los baños de mar, los paseos y las fiestas de los residentes y visitantes internacionales, formaba parte esencial del universo que Cayetana conoció de primera mano. No en vano, en sus primeros años fue mucho más que un club de tenis: se practicaban fútbol, hockey, cricket, hípica, polo, golf y atletismo, aunque después (y por concesión directa de la Corona) pisaron sus pistas grandes figuras del tenis internacional como Suzanne Lenglen, Jean Borotra, Henri Cochet, René Lacoste o Lilí Álvarez, además de las infantas Beatriz y Cristina. Desde aquí, lo propio es terminar el recorrido hasta el Peine del Viento de Chillida, uno de los emblemas más vanguardistas y, a la vez, todo un símbolo de la esencia de la ciudad y su entorno; la guinda de todos los elementos para hacer de San Sebastián destino y hogar, al menos durante unas horas.

Hotel María Cristina, A Luxury Collection Hotel, San Sebastián© @hotelmariacristina
Hotel María Cristina, A Luxury Collection Hotel.

Dónde dormir

Hotel María Cristina, A Luxury Collection Hotel: Sin duda, la elección históricamente más aristocrática de la ciudad. Este icono donostiarra, abierto en 1912, se convirtió en uno de los grandes hoteles de la alta sociedad internacional, y continúa siendo uno de los grandes símbolos de la ciudad en momentos como el Festival de San Sebastián. Tal y como queda de manifiesto, fue inaugurado por la reina María Cristina de Habsburgo-Lorena tras la obra del arquitecto francés Charles Mewès (responsable de los Ritz de París y Madrid); la dirección de obra correspondió a Francisco de Urcola. Su piedra de sillería, grandes balcones y balaustradas, además de la característica cúpula de uno de sus extremos, lo hizo el favorito durante la Belle Époque, cumpliendo con su labor de atraer a la realeza, aristocracia y a la alta sociedad europea. 

Hotel Arbaso: Frente a la Catedral del Buen Pastor, es una opción inmejorable para descubrir el centro histórico sin prisa y dejar que el aparcacoches se encargue del resto. No en vano, la fachada de este edificio del siglo XIX está protegida y su estructura alberga sin despeinarse una propuesta tan contemporánea como local, con una estética que recupera materiales nobles, artesanía y referencias a la cultura vasca. Un total de 50 habitaciones con un café-bar siempre abierto, spa y chimenea que se enciende a partir de noviembre, como otros datos incontestables.

Hotel María Cristina, San Sebastián© @hotelmariacristina
Hotel María Cristina.

Dónde comer

Casa Otaegui: Rellenos de Vergara, milhojas, pastas de mantequilla… Entrar en este histórico local es entrar en otro mundo, cuya tradición bebe de finales del siglo XIX. No en vano, esta pastelería también fue proveedora de la Casa Real (y la reina María Cristina) y sigue recibiendo fieles que vienen a por su pastel ruso (y vasco), además de su creación insignia: la Pantxineta a base de hojaldre crujiente, crema pastelera y almendra tostada.

Falso risotto de calabaza con xixa hori de temporada y jugo de carne. Café de la Concha, San Sebastián
Sabor a otoño en el Café de la Concha.

Café de la Concha: El sitio de referencia para merendar como una aristócrata con las mejores vistas a la homónima playa es también sinónimo de introducirse de lleno en el paisaje de paseos, baños de mar y hoteles que acuñó al San Sebastián más elegante. Parada imprescindible en verano, aunque su tarta de queso y pastel de esponja de limón se sirven todo el año.

Oquendo: Un clásico de los años 20, muy cerca del Teatro Victoria Eugenia y del antiguo Casino Kursaal, que además fue habitual de Ava Gardner o Elizabeth Taylor en sus visitas a España. Igual o más célebres son sus gildas, croquetas, bacalao o merluza del día, pero quizá lo más solicitado sea su Pantxineta Oquendo: una versión del clásico postre donostiarra que también está disponible en su menú y que merece la pena probar.

Iñigo Peña, chef de Narru, defiende una cocina donostiarra sin florituras, con producto de calidad y la parrilla como protagonista.© Narru
Iñigo Peña, chef de Narru, defiende una cocina donostiarra sin florituras, con producto de calidad y la parrilla como protagonista.

Narru: el restaurante de especialidad vasco del Hotel Arbaso es sinónimo de éxito consistente, gracias a un producto local y de temporada que da lugar a una cocina euskaldún contemporánea y diferente comandada por liderado por el chef Íñigo Peña y con un servicio impecable. Mar y parrilla con imprescindibles como la Centolla y crujiente de pan, el pulpo en pilpil de pimentón y patatas o la Txuleta a la parrilla (sin olvidar su crema de queso templada, su interpretación de la famosa tarta de queso vasca).