Cuando la magia y austeridad de los paisajes del municipio gerundense de Sant Martí Vell chocaron con la genialidad y el nervio creativo de Elsa Peretti (1940-2021) se manifestó el principio un largo idilio; tanto que la diseñadora de joyas, exmodelo y filántropa de origen florentino falleció en esta localidad de Baix Empordà. Pero cuando Peretti llegó a este pueblo apartado, de aspecto medieval y a unos pocos kilómetros de Girona, estaba casi abandonado; excepto algunas casas apiñadas alrededor de la iglesia, el denominador común era un amplio paisaje de campos y bosques que explica perfectamente por qué la italiana (y entonces residente en los EEUU) quedó, gracias a su conexión con la fotógrafa Colita, fascinada con este destino desde el primer momento.
Tras haber pasado los últimos años en Barcelona y recién instalada en la frenética Nueva York por trabajo, Peretti compró en Sant Martí Vell su primera casa en 1968 y el resto es historia; no solo se convirtió en su base y refugio entre sus viajes a EEUU y Asia, sino que finalmente terminó ejerciendo como residencia principal. Así, y en el transcurso de 15 años, la diseñadora llevó progresivamente la claridad en escala y funcionalidad que empleaba en sus diseños (además de su obsesión por una estética reconocible) al interiorismo, diseñando espacios que hoy son patrimonio y transformando sustancialmente la arquitectura y el paisaje del municipio catalán. Henry Moore, Alexander Calder o Xavier Corberó eran algunas de sus principales referencias, pero, sobre todo, Peretti reconoció que su inspiración venía de las formas orgánicas de este entorno: objetos cotidianos como rocas, semillas y gotas e incluso animales, que sirvieron como conceptos para sus figuras de joyería.
Así, el espíritu bohemio y libre que, tal y como se documentó Joan Juliet Buck (en 1985, A Town of her Own), se reflejaba vívidamente en las hasta 18 viviendas que la diseñadora de Tiffany & Co. (para quien trabajó durante más de 40 años) llegó a restaurar en el municipio del Empordà: “(…) Sant Martí Vell plasma los contrastes del carácter de [Elsa] Peretti: tanto el esmerado cuidado de los detalles como los gestos amplios tienen cabida en ella. Las filas precisas de pinceles en el dormitorio de invitados, la cuidada distribución de las cocinas, la escalera procedente de un salón de baile… Y luego está la chimenea, que ha reformado cinco veces, y las paredes, que ha desplazado una y otra vez”. Detalles que son palpables a través de su legado y su fundación (parte esencial de su obra en los últimos años), pero, sobre todo, recorriendo las calles de la que resultó ser su localidad adoptiva en España.
Casa Petita, el principio de todo
Como punto de partida, nuestra visita comienza cronológicamente con la primera casa que Peretti adquirió en Sant Martí Vell a finales de los sesenta: Casa Petita. Aquel pequeño refugio (inicialmente en ruinas) fue el comienzo de un proyecto personal de restauración que se extendió eventualmente por varios de los inmuebles vecinos, conectando así las casas del pueblo y convirtiendo esta primera base en el contrapunto perfecto a la vida que llevaba al otro lado del Atlántico: un lugar de quietud, entre muros de piedra y naturaleza, donde encontró una forma de vida más esencial y profundamente conectada con el territorio.
La vivienda como instalación artística
A pesar de que las viviendas no están abiertas al público general (solo bajo petición vía su fundación), merece la pena recorrer sus exteriores y observar la conexión arquitectónica que sirvió a Peretti tanto de hogar como de espacio de creación artística. En este último sentido, destaca especialmente Casa Gran: su segunda adquisición en Sant Martí Vell, que la diseñadora reconstruyó durante los años 70 bajo una concepción casi escenográfica. No es casualidad que el arte, los objetos de diseño y los recuerdos personales encontraran allí su lugar junto a obras de artistas catalanes como Xavier Corberó y Robert Llimós (que actualmente se exhiben en el museo que lleva su nombre).
Casa Caballo, su refugio más creativo
A unos metros llama la atención Casa Caballo, donde la italoamericana pasó largas temporadas durante los 90 centrada en su relación con la artesanía de Cataluña y el paisaje. Las curvas, huesos, gotas, serpientes y formas naturales presentes en su universo joyero eran parte del entorno de Sant Martí Vell en un contexto casi literal, conectado como una extensión de sus otras residencias por pasadizos subterráneos, pasarelas en los callejones empedrados del pueblo y hasta pequeños laberintos. Todo un ejemplo de imaginación que atrajo a la princesa Leonor y la infanta Sofía como invitadas ilustres excepcionales de su legado el verano pasado.
Una conexión divina
Como conexión con el municipio, una prueba de que su legado va más allá de sus construcciones privadas e, incluso, las piezas de su museo; Peretti restauró la iglesia de Sant Martí Vell (de estilo renacentista tardío y con notables elementos góticos, como su campanario y las gárgolas) como muestra de su vínculo con el pueblo y como responsabilidad la recuperación del patrimonio histórico-artístico de forma colectiva. Así, su proyecto dedicó décadas a preservar la arquitectura y el ecosistema histórico del lugar, labor que hoy continúa su Fundación [Nando y Elsa Peretti] tras la muerte de la diseñadora en 2021.
Un legado más allá de la construcción
Para completar la visita a la iglesia y su centro municipal, el Ayuntamiento propone rutas naturales por las Gavarres y el mirador dels Àngels (desde donde puede verse Gironès, el Empordà y la serranía transversal), algunos de los paisajes que conquistaron a Peretti durante sus primeras visitas al municipio. Existe, además, una ruta guiada que repasa la relación de Sant Martí Vell con Peretti, Dalí y otros de sus coetáneos que influyeron en el testamento póstumo y han terminado por redefinir el papel del lugar.
Como broche final perfecto, una visita a la bodega Eccocivi, fundada por Elsa Peretti y actualmente propiedad de la Fundación Nando y Elsa Peretti, resulta ideal para conocer tanto el entorno como sus productos. La experiencia incluye una visita guiada a las instalaciones y una cata de Montrodó (uno de los vinos locales más populares).
El museo, una fuente de inspiración para generaciones
El verdadero punto culminante del recorrido es el museo que lleva su nombre, creado para preservar su obra y su colección privada. Allí, las joyas que diseñó para Tiffany dialogan con obras de arte y objetos de distintas épocas, países e influencias; una evidencia de su fijación por las formas orgánicas, los materiales artesanales y el cruce de culturas (como la asiática) que converge en obras de artistas de su entorno.
Además, es posible constatar su admiración por Pedro Almodóvar, cuya influencia convive con obras de Warhol, Dalí, Llimós o Steinberg y múltiples objetos procedentes de sus viajes. También merece especial atención la inspiración oriental que se aprecia en su patio. Un destino imprescindible para los amantes de la moda y el diseño, pero, sobre todo, una mirada íntima al universo creativo de Peretti, lleno de detalles.
LO MÁS PRÁCTICO PARA TU VISITA A SANT MARTÍ VELL
Cómo llegar
Sant Martí Vell está a unos 20 kilómetros de Girona, por lo que el coche es la opción más cómoda para esta ruta (y su entorno). Lo ideal es dejar el vehículo en las zonas habilitadas a la entrada del núcleo urbano y continuar a pie, ya que el pueblo está compuesto esencialmente de pequeñas calles de piedra. Sin coche, desde Madrid o Barcelona, la opción más cómoda es el AVE hasta Girona (unos 40 minutos), desde donde también existe autobús, aunque también se puede continuar en taxi o coche de alquiler. Renfe también permite llegar desde Barcelona mediante servicios de Media Distancia hacia la zona de Girona y Figueres.
Dónde comer
- Restaurant Sant Martí (Carretera de Madremanya, 6, Sant Martí Vell): una propuesta mediterránea y de cocina local tradicional que es perfecta como un receso en la ruta histórica o antes de continuar hacia las Gavarres.
- El Racó de Madremanya (Carrer Mossèn Jaume Marquès Casanovas, 7, Madremanya): una propuesta más elevada a base de fusión de sabores tradicionales y contemporáneos. Ideal para una comida larga y sin prisa en este vecino pueblo medieval, aprovechando para descubrir su esencia y la arquitectura rural de esta parte del Empordà (como el Castillo de Gala Dalí).
Dónde dormir
- Can Bonet: Esta casa de turismo rural es toda una extensión de la experiencia ya que permite alojarse en el propio entorno más inmediato de Sant Martí Vell. Especialmente buena opción si se busca tranquilidad y plantear la escapada como una inmersión en el Empordà (y no como una simple excursión de día).
- Hotel Madremanya: A pocos minutos en coche de Sant Martí Vell, este alojamiento boutique ofrece una de las estampas medievales más bonitas de la zona (se ubica en una edificación del s. XVII) con un bucólico entorno natural y dos piscinas. Es una opción excepcional para combinar el recorrido de Peretti con visitas a otros municipios y bodegas del Baix Empordà.
- Meliá ZEL Costa Brava: a unos 45 minutos en coche, es la opción perfecta si quieres combinar tu escapada con unos días de descanso frente al pintoresco mar de la Costa Brava; en este caso, todo un oasis en la joya natural de Cala Giverola (con piscina cubierta, sauna, baño turco y cabinas de tratamientos), además de actividades deportivas y acuáticas privadas (volea-playa, ciclismo o trail), y a tan solo 11 minutos del pintoresco municipio de Tossa de Mar.













