Hubo un tiempo en el que cada acto del príncipe Harry y Meghan Markle era un auténtico baño de masas. Reino Unido calentaba motores para la boda real del año y los tabloides, implacables como siempre que una nueva figura femenina se incorpora a la casa real, también eran conscientes y aprovechaban el enorme filón mediático de la pareja. El jueves los duques de Sussex vuelven al lugar donde todo comenzó. Nottingham, escenario de su primer acto oficial juntos poco después de anunciar su compromiso, será ahora el marco de su regreso a una agenda conjunta con las líneas muy bien definidas. Reeditar su idilio con el pueblo británico no será fácil. Mucho ha llovido desde entonces, pero los Sussex cierran un círculo para, una vez más, reivindicar su papel.
En 2017 fueron recibidos por una multitud en el Lace Market, en los preámbulos de un gran evento con motivo del Día Mundial contra el SIDA. La expectación era máxima por ver a Meghan en acción, desenvolviéndose en un acto oficial, interaccionando con los ciudadanos y sin salirse del guion que dictaba la casa real. Lo cierto es que la actriz estadounidense superó la prueba con nota, pero el traje de duquesa no siempre le resultó igual de cómodo. Nueve años más tarde y sin el amparo de la familia real, se espera que visiten un buen número de organizaciones benéficas a las que siempre han estado vinculados, como un estudio de grabación comunitario que visitó Harry en 2025 y una cocina solidaria puesta en marcha tras el trágico incendio de la torre Grenfell en junio de 2017. Esa despensa de alimentos marcó profundamente a Meghan y no dejó de colaborar con sus impulsoras en todos estos años.
Nottingham, de nuevo un punto de partida
Es un regreso al momento en el que eran aclamados, en el que se acuñó el término Fav Four para referirnos al equipo que formaban con el príncipe Guillermo y Kate Middleton, y en el que sus cotas de popularidad estaban boyantes, pero también a donde comenzó la bajada a los infiernos de Meghan, tal y como ella misma relató posteriormente. El escrutinio mediático, la falta de apoyo en palacio y las fricciones personales con algunos miembros de la familia real acabaron por hacer mella en una mujer que asegura que no contó con la ayuda suficiente para gestionar el giro tan radical que dio su vida al convertirse en duquesa de Sussex. Llegó a pensar en quitarse la vida y el desenlace todos lo conocemos: una sonada ruptura con Buckingham y tierra de por medio.
Entonces no querían una ruptura total. Disfrutaban de este tipo de actos, del contacto con la gente y querían seguir abanderando determinadas causas, solo que no querían hacerlo como miembros senior de la casa real. No fue posible. Isabel II no aceptó medias tintas y ellos, a su manera se afanaron en mantener una agenda propia e incluso iniciar una suerte de diplomacia en la que no representaban más que a sí mismos. Exportar este modelo a Reino Unido no es fácil porque no es lo mismo parecer un royal al otro lado del Atlántico que en territorio Windsor. Por eso, nada más poner un pie en Reino Unido, todas las partes se pusieron en guardia.
Los Sussex, a los mandos de la narrativa
Carlos III los recibió con un contundente comunicado en el que recordaba que llegaban al país como ciudadanos privados. Mientras tanto, Harry desplegaba una agenda propia de un príncipe y Meghan Markle se mantenía en un discreto segundo plano mientras surgían los rumores sobre una supuesta vuelta a la actuación. Si en algo son expertos los Sussex es en controlar su propia narrativa y esta agenda de Nottingham no deja de ser otro ejemplo de ello. La duquesa de Sussex ha medido al milímetro sus pasos desde que volvió a Reino Unido. No eran pocos los frentes con los que tenía que lidiar la pareja ante esta mudanza. Uno de ellos, fundamental, era el de la seguridad y durante los primeros días esta cuestión copó los titulares coincidiendo con el comienzo del curso escolar y al hilo de un incidente que les obligó a cambiar a sus hijos de centro. Una vez puesta la seguridad de los sussex bajo la revisión del RAVEC, el foco comenzó a dirigirse al bajo perfil de Meghan, quien, no obstante, ha ido dejando miguitas de su nueva etapa británica: continuidad con su negocio de lifestyle, reunión con viejas amigas y encuentro con Malala Yousafzai, referente de la lucha por el acceso a la educación de las mujeres.
No hay, al menos de momento, un giro radical en su vida ni una vuelta a la interpretación. Lo que hay es un compromiso cada vez más firme con aquello que siempre quisieron conservar. Vuelven, así, al lugar donde todo comenzó reivindicando que, dentro o fuera, el paso y la narrativa la marcan ellos. Se abre así una nueva etapa cerrando un círculo en Nottingham.







