Se cumplen dos años de la proclamación de Federico X de Dinamarca. Ese día hubo lágrimas, relevo generacional y comenzó un periodo de consolidación que ha durado hasta ahora. Todo sucedió en Copenhague con una velocidad insólita, ya que la reina Margarita, una de las mujeres que reinó en una Europa de hombres, no parecía de las que abdican y tampoco era una tradición en su casa el ceder en vida la jefatura del Estado. Así que el 31 de diciembre de 2023, cuando deslizó su decisión en pleno discurso de Nochevieja, se dispararon todo tipo de suposiciones, incluidas las que apuntaban a una posible enfermedad de la soberana. El relevo en sí se ejecutó del mismo modo: rápidamente. Dos años después, esos temores se han disipado: el rey Federico se ha consolidado en el trono, la reina Mary goza de una enorme popularidad y juntos han adaptado la institución a su estilo. Ahora los problemas les llegan del exterior.
Va implícito en el ADN de la monarquía: cambiar para que nada cambie. Así que las tres de la tarde del histórico 14 de enero de 2024, el hijo mayor de la reina Margarita se asomó al balcón del castillo de Christianborg y proclamó su primer discurso convertido ya en nuevo rey de Dinamarca. Federico X, visiblemente emocionado y acompañado por la Primera Ministra, Mette Frederiksen, lanzó su lema como soberano danés: "Unidos y comprometidos por el Reino de Dinamarca". Entonces, a pesar de las frías temperaturas de enero, la plaza estalló en aplausos y él dejó ver lo que ya sabíamos, que es un hombre que se emociona con facilidad.
Después llegó el momento más simbólico: trasladar esa imagen de unidad a su propia familia y mostrar continuidad institucional. Mary, la reina nacida en Tasmania, apareció junto a su marido visiblemente emocionada, luciendo las joyas napoleónicas que Federico había heredado directamente de su abuela, la reina Ingrid. En ese gesto estaba la legitimidad dinástica y el vínculo con la historia. Dinamarca recuperaba así la figura de una reina consorte y, según las encuestas, una de las más queridas. Mary es, de hecho, la miembro de la familia real con mayor respaldo popular, en parte porque ha impulsado causas poco habituales en la monarquía danesa, como el conservacionismo.
A nivel familiar, como veníamos de una era de constantes enfrentamientos y quejas por parte de los "segundos" de la casa -del fallecido príncipe Henrik, marido de la reina Margarita, y del príncipe Joaquín- por el papel que ocupaban dentro de la institución; todo apuntaba a que esto se iba a incrementar. Sin embargo, el efecto ha sido justo el contrario, en dos años todo han sido señales de paz y de unidad en todos los sentidos. La princesa Marie ha tenido su sitio y el rey Federico se ha mostrado muy próximo a sus sobrinos, que perdieron sus títulos reales durante el reinado de Margarita. Eso sin olvidar, una parte fundamental en la que se ha estado trabajando, la de reforzar la figura de Christian como príncipe heredero y regente, ya que asume ese papel cada vez que su padre, en viaje oficial o privado, está fuera del país.
Aunque no todo ha sido positivo, si bien el rey Federico ha consolidado su papel sin mayor sobresalto y ha conseguido el respaldo que tenía su madre, alguno de los cambios impuestos en la institución han levantado ampollas. Este el caso de los periodos de descanso que acumula el rey, los gastos que presenta la nueva institución o la forma en la que se ha establecido ahora la comunicación con la Casa Real. La prensa del país asegura que desde que se produjo el relevo en el trono, el contacto directo con los medios ha sido sustituido por una difusión exclusiva de contenido desde sus propios canales, por lo que se acusa a este reinado de limitar el acceso a la información y esquivar el escrutinio público.
No obstante, el mayor desafío no se encuentra a nivel interno, ya que lo que está sucediendo con Groenlandia, un territorio autónomo que forma parte del Reino de Dinamarca, afecta directamente al jefe del Estado danés, no en sentido político -ya que Federico reina, pero no gobierna- pero sí a nivel institucional, simbólico y estratégico. El desafío lanzado por el presidente de Estados Unidos -"Nos la vamos a quedar de una manera u otra"- han obligado a Federico X a reforzar la presencia de la Corona en la isla, buscar apoyos y potenciar su papel diplomático en un momento de creciente presión. Sus viajes a Groenlandia se han intensificado y, a día de hoy, es allí donde se concentra el principal reto exterior de su reinado.












