Salud

Dra. Sonia de Pedro, neuropediatra: "El TDAH no afecta únicamente al paciente, sino también al entorno que le rodea"


La especialista nos indica qué tipo de apoyos y terapias necesitan los niños y los adolescentes con TDAH


Niña con déficit de atención© Getty Images
16 de octubre de 2026 a las 13:03 CEST

Cuando el diagnóstico de TDAH llega a una familia, suele hacerlo después de meses, e incluso años, de dudas, frustración y preguntas sin respuesta. Muchos padres han observado cómo su hijo se esfuerza por seguir el ritmo en el colegio, organizarse o controlar determinados impulsos, sin entender exactamente qué hay detrás de esas dificultades. Para algunas familias, poner nombre a lo que ocurre supone un alivio; para otras, es el comienzo de un proceso de adaptación en el que necesitan información, acompañamiento y orientación profesional. 

Sea como fuere, a partir de ese momento, los apoyos y las terapias adquieren un papel fundamental. ¿Qué tipo de ayuda requieren realmente estos niños? ¿Son iguales las necesidades de todos los casos? ¿Es la medicación siempre imprescindible? Para resolver estas y otras cuestiones, hemos consultado a la Dra. Sonia de Pedro, neuropediatra y miembro del Grupo de Trabajo de Trastornos del Neurodesarrollo de la Sociedad Española de Neurología Pediátrica (SENEP), quien explica cuáles son los apoyos que suelen recomendar los especialistas y qué aspectos deben tener en cuenta las familias tras recibir el diagnóstico.

Más que decir que un paciente va a necesitar un tratamiento para toda la vida o no, lo que tenemos que hacer es reevaluarlo periódicamente.

Dra. Sonia de Pedro, neuropediatra y miembro del Grupo de Trabajo de Trastornos del Neurodesarrollo de la Sociedad Española de Neurología Pediátrica

¿Qué apoyos y terapias necesitan los niños con TDAH?

En el abordaje del TDAH no existe una única intervención que sirva para todos por igual. Es una entidad clínica que se manifiesta de forma diferente en cada niño: problemas atencionales, impulsividad, hiperactividad, repercusión social, dificultades de organización y planificación, de aprendizaje, emocionales… Cada paciente presenta unos síntomas determinados. Por eso, el tratamiento tiene que ser individualizado y se debe adaptar a las necesidades del niño y de su familia. 

Entre las herramientas con las que contamos están la terapia psicológica y conductual, los apoyos psicopedagógicos, las adaptaciones metodológicas en el entorno escolar y, en casos seleccionados, el tratamiento farmacológico. Dentro de este último, disponemos tanto de fármacos estimulantes como de fármacos no estimulantes, que escogeremos en función de las características de cada paciente. Estas intervenciones, a menudo, se complementan entre sí, siendo esta la clave para un buen manejo.

Es importante recordar que el TDAH no afecta únicamente al paciente, sino también al entorno que le rodea. Hay que ayudar a los padres y a los profesores a comprender al niño, enseñarles estrategias para organizar rutinas, anticipar situaciones difíciles, reforzar conductas adecuadas, adaptar tareas, y proporcionar un entorno que favorezca la atención. 

¿Es recomendable la terapia farmacológica en todos los casos?

No. No todos los niños con TDAH necesitan medicación. La decisión de iniciar un tratamiento farmacológico va a depender de la edad del paciente, de la intensidad de los síntomas y, sobre todo, de cuánto estén interfiriendo estos en la vida del niño. Además, tendremos que tener en cuenta el contexto familiar y otras dificultades o comorbilidades asociadas. 

El tratamiento del TDAH comienza siempre con el apoyo y las adaptaciones adecuadas en el ámbito escolar, y trabajando desde el punto de vista psicológico con el paciente y la familia. El tratamiento farmacológico se plantea cuando estas medidas no logran controlar los síntomas. No obstante, si desde el inicio hay una repercusión importante en la vida del niño, su médico puede considerar el tratamiento farmacológico desde el inicio y combinarlo con las intervenciones antes mencionadas.

Muchas familias exhiben cierto miedo o reticencia a iniciar medicación para el TDAH, pero cuando está bien indicada y se realiza un seguimiento adecuado, forma parte de los tratamientos con mayor evidencia para reducir los síntomas y mejorar el funcionamiento. El objetivo de la misma no es que el niño "esté tranquilo" ni que "cambie su personalidad". Lo que buscamos es reducir los síntomas que le dificultan adaptarse de forma correcta al entorno escolar, social o familiar, utilizando mejor sus capacidades: que pueda prestar atención, que sea capaz de controlar mejor los impulsos y, en definitiva, que se desenvuelva con mayor facilidad en su día a día.

Niña hiperactiva© Getty Images

¿Qué diferencia hay entre la terapia psicológica y el apoyo psicopedagógico?

Son intervenciones diferentes, aunque se complementan muy bien entre ellas. Son dos de los grandes pilares del tratamiento de estos pacientes. No se trata de elegir entre una y otra, dependiendo de las necesidades de cada niño, una terapia puede ser más importante que la otra o podemos necesitar ambas.

La terapia psicológica se centra en las capacidades que mejoran la conducta del niño. Trabaja sobre la regulación emocional, el manejo de la frustración, las habilidades sociales, la autoestima y los problemas conductuales. También ayuda a los padres a adquirir estrategias para afrontar las situaciones conflictivas en casa.

El apoyo psicopedagógico está dirigido al ámbito académico. Proporciona herramientas de organización, planificación de tareas, gestión del tiempo y técnicas de estudio. Es decir, dar al niño estrategias para compensar sus dificultades de atención y de funciones ejecutivas. Implica al entorno educativo (profesores, orientadores escolares) y establece adaptaciones que faciliten el aprendizaje. 

Las necesidades de apoyo y el tipo de terapia cambian a lo largo de la vida

Dra. Sonia de Pedro, neuropediatra y miembro del Grupo de Trabajo de Trastornos del Neurodesarrollo de la Sociedad Española de Neurología Pediátrica

¿Las necesidades de apoyo cambian con la edad? ¿Qué diferencias observa entre la infancia y la adolescencia?

Sí, las necesidades de apoyo y el tipo de terapia cambian a lo largo de la vida. Durante la infancia, los niños dependen de los adultos. Los padres y profesores van a tener un papel fundamental: ayudar al niño a organizarse, establecer rutinas, supervisar tareas, anticipar las actividades y regular su conducta. A estas edades, hay que trabajar con la familia y con el colegio porque el niño depende de su entorno para compensar sus dificultades.

En la adolescencia debe ir aumentando progresivamente la autonomía personal. No debemos estar detrás del adolescente recordándole constantemente qué tiene que hacer. Tiene que aprender a organizarse y gestionar su tiempo, planificar a largo plazo y asumir responsabilidades. Además, en esta etapa se hacen más evidentes las dificultades emocionales, sociales o relacionadas con la autoestima. Progresivamente nuestro papel cambia: pasando de "ayudarle a organizarse" a enseñarle herramientas para que él mismo pueda hacerlo. Es importante que el adolescente participe activamente en las decisiones sobre su tratamiento y las comprenda, teniendo en cuenta siempre sus opiniones y preferencias. 

¿Es posible que un niño con TDAH deje de necesitar alguna terapia cuando llega a la adolescencia? 

Sí, es frecuente que los adolescentes necesiten menos apoyos que durante la infancia, e incluso que en un momento determinado se puedan retirar. Esto no quiere decir que el TDAH "desaparezca" al llegar a la adolescencia. En algunos pacientes los síntomas remiten o disminuyen en intensidad, mientras que otros adolescentes desarrollan las habilidades necesarias para compensar sus dificultades. 

Pero no podemos dar por hecho que esto vaya a suceder en todos los casos, pues la evolución del TDAH es variable. En algunos niños los síntomas persisten en la adolescencia, aunque se puedan manifestar de forma diferente conforme aumentan las exigencias académicas y personales.

Por eso, más que decir de antemano que un paciente va a necesitar un determinado tratamiento "para toda la vida" o no, lo que tenemos que hacer es reevaluarlo periódicamente. El tratamiento, tanto farmacológico como no farmacológico, debe ser algo dinámico: si un adolescente está funcionando bien, se puede plantear reducir la intervención, que se podrá retomar si reaparecen las dificultades. El objetivo es que el niño tenga los apoyos que necesita en cada momento para poder funcionar adecuadamente, sin sobretratar ni negar el problema.