Adolescentes

Sandra Gómez Marrupe, orientadora, sobre adolescentes desmotivados: “La desmotivación predice menor persistencia en tareas, menor interés en aprender y descenso de notas”


Darnos cuenta de que la desmotivación afecta a nuestro hijo adolescente en todas las facetas de su vida es señal de que algo ocurre. La experta explica cómo ayudarle.


Sandra Gómez Marrupe, orientadora© Sandra Gómez Marrupe
1 de enero de 2026 - 17:02 CET

El mundo emocional del adolescente a veces resulta completamente ajeno y poco comprensible a los padres: su comportamiento cambia, deja de ser lo cariñoso que con su familia, se encierra en su habitación a veces durante horas, parece que únicamente le interesan sus amigos y lo que ve en las redes sociales… Son actitudes que entristecen o descolocan a los padres, pero que son normales en la adolescencia.

Sin embargo, hay ciertos aspectos a los que es importante prestar atención. Por ejemplo, cuando nuestro hijo adolescente está desmotivado de la vida en general y se muestra apático a hobbies y a todo aquello que antes le gustaba, no se trata de ‘cosas de adolescentes’, sino que es algo a tener en cuenta. Los progenitores deben observar con cuidado el comportamiento de su hijo y valorar si es preciso acudir a un profesional. ¿Puede la desmotivación permanente convertirse en depresión? ¿Qué deben observar los padres en sus hijos adolescentes al respecto? Lo explica en detalle Sandra Gómez Marrupe, orientadora y fundadora de Talento Adolescente (www.talentoadolescente.com).

La percepción de apoyo parental y autonomía mejora la motivación.

Sandra Gómez Marrupe, orientadora

¿Qué hacer cuando vemos a nuestro hijo adolescente desmotivado? ¿Cómo ayudarle?

Escucha sin juzgar y fomenta comunicación abierta: generalmente nos acercamos a ellos con nuestros propios miedos a que no les vaya bien o nuestra propia impotencia y les trasladamos desconfianza o incluso provocamos situaciones que lejos de ayudarlos, les alejan y les hacen rechazar aún más el foco de su desmotivación (estudios, relacionarse en casa…). La percepción de apoyo parental y autonomía mejora la motivación.

Es importante que, si lleva tiempo así, comencemos por objetivos paso a paso, pequeños, alcanzables, pues es más probable lograrlos y ellos y ellas sentirán más autoconfianza. Fomenta rutinas saludables (sueño, ejercicio, alimentación), y crea un entorno que valore el aprendizaje y la exploración, no solo resultados.

Si está en manos de profesionales o estáis trabajándolo en casa, haz partícipe a quien necesite saberlo (sus profesores, entrenadores…) 

¿A qué puede deberse esa desmotivación?

La desmotivación en adolescentes puede surgir por múltiples factores: sienten que lo que hacen no es importante o no tiene impacto en nada, aburrimiento educativo, estrés académico, dificultades de atención, falta de apoyo emocional, presión social, y problemas familiares o de identidad. Recordemos que, en estos momentos, lo que nosotros consideramos que “debería” ser importante para ellos puede que no lo sea, como el orden de su habitación o sus estudios.

Biológica, emocional y cognitivamente están viviendo una maduración de la corteza prefrontal de su cerebro, la encargada de analizar, tomar decisiones o valorar las consecuencias o el largo plazo. Por tanto, cuando les decimos “Piensa en tu futuro”, realmente les resulta complicado. Y sí, puede ser un futuro jugoso y apetecible, pero están y viven más en el hoy, y aprobar álgebra o estudiar inglés no es tan guay.

¿Está generalizada la desmotivación en la adolescencia?

Sí, los estudios muestran que la motivación académica tiende a disminuir conforme avanzan los años escolares. Este declive se relaciona con cambios en metas personales, menor percepción de significado en tareas académicas, mayor presión externa y desarrollo de intereses más amplios fuera del contexto escolar. Recordemos que un niño se hace muchas preguntas, pero no tan profundas. 

En la adolescencia aparece la intimidad y cuestionar el sentido de la vida, y actualmente lo que nuestros jóvenes ven no es un panorama esperanzador. Para empezar, hace 15 años el mayor logro era pisar la universidad. Actualmente, el campo laboral está tan abierto, hay tantas opciones y una tendencia tan clara al microlearning o a las nuevas tendencias (IA, apps, más facilidades para viajar o conectar…) que lo que estudian no guarda tanta relación con el mundo real como sucedía hace años. ¿Y cuál es el problema? Que cuando no le vemos sentido a las cosas, el interés se esfuma.

Recordemos también que existe la motivación intrínseca o interna y la extrínseca (un premio o recompensa material, por ejemplo). Cuando hablamos de motivación siempre nos referiremos a la primera, pues la segunda siempre tiene fecha de caducidad.

Adolescente desmotivada© Getty Images

¿Está relacionada la desmotivación que puedan sentir con la autoestima?

Sí. La investigación indica que la baja autoestima es un factor de vulnerabilidad para una menor motivación y riesgo de síntomas depresivos posteriores, ¿por qué? principalmente porque si una persona no se ve o siente capaz comenzará a desarrollar patrones de evitación y/o dificultades sociales, entre otras cosas. En otras palabras, si no me siento capaz, no me querré exponer a un reto o lo afrontaré sin entusiasmo, probablemente no salga bien y yo reforzaré mi idea de que no puedo. Es la pescadilla que se muerde la cola.

¿Cómo les afecta en su bienestar emocional?

La desmotivación persistente se asocia con peor ajuste emocional: más tristeza, ansiedad y dificultades para regular emociones. La falta de metas significativas y sensación de incompetencia suprime el bienestar emocional y puede generar aislamiento social, entre otros. Perder la sensación (aunque no es real) de valía puede hundir mucho a una persona y hacerla sentir miserable.

En la adolescencia aparece la intimidad y cuestionar el sentido de la vida, y actualmente lo que nuestros jóvenes ven no es un panorama esperanzador.

Sandra Gómez Marrupe, orientadora

¿Y en el plano académico?

Sin duda. La motivación está significativamente ligada al rendimiento y esto lleva años estudiándose. Bandura o Pajares y hablaban en los 90 de relación directa entre las creencias de autoeficacia y el rendimiento académico. Aquellos estudiantes que confían en sus capacidades para regular sus propios comportamientos, motivarse o tomar las riendas están más propensos a obtener rendimientos académicos altos; mientras que aquellos estudiantes que se sienten poco capaces suelen obtener rendimientos bajos. 

La desmotivación predice menor persistencia en tareas, menor interés en aprender y descenso de notas. Este patrón es consistente en grandes muestras meta-analíticas. 

¿Esa falta de motivación puede acabar en depresión?

Sí, puede estar asociada. La desmotivación crónica que coexiste con síntomas emocionales negativos puede formar parte de un cuadro depresivo. La falta persistente de interés o placer es uno de los criterios clínicos de depresión y refleja un descenso en la motivación. 

¿Cómo darnos cuenta de que el adolescente está entrando en una posible depresión?

Señales de alarma incluyen tristeza o irritabilidad persistente, pérdida de interés en actividades antes valoradas, cambios en sueño, humor o apetito, baja energía, dificultades para concentrarse y aislamiento social. Si estas señales persisten varias semanas y afectan el funcionamiento diario, son motivo de preocupación clínica. 

En otras ocasiones, aparece la depresión llamada “oculta” o “sonriente”, ahí las personas intentan mostrarse optimistas, escuchan música, pasean, hacen ejercicio…  La vergüenza o el temor a perder amigos, defraudar en casa o similares les lleva a esconder sus sentimientos, pero los delatores son muy similares, especialmente el desinterés, cansancio o verse “arreglados pero tristes”.

¿Qué hacer en esos casos para ayudarlo? ¿Cuándo acudir con él a un profesional?

Lo primero que he de decir como profesional y basándome en lo que veo día a día es, por favor, si ves un problema más personal o psicoemocional, deja a un lado lo meramente académico. Aquí cuidar el vínculo y ayudarlo son la prioridad, lo académico ya se andará (y fácilmente si este adolescente se siente mejor).

Brinda apoyo emocional constante, habla abiertamente, valida lo que siente (nada de “siempre estás igual” o “no estés triste”) y promueve actividades significativas. Que pruebe cosas, y si es acompañado/a, mejor.

Si los síntomas son persistentes (más de varias semanas), incluyen desesperanza, aislamiento, alteraciones marcadas del sueño o pensamientos autodestructivos, es importante buscar evaluación profesional (psicólogo/psiquiatra) cuanto antes. 

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