Niñas haciendo deberes en verano.©AdobeStock

Educación

Deberes en verano para los niños, ¿sí o no?

El debate está abierto. Los hay que saturan a sus hijos con miles de cuadernillos y aquellos que no se acuerdan ni de la lectura. Hablamos con una experta en educación para que nos dé su opinión

 Los más pequeños llevan ya tres semanas de vacaciones . Este periodo es el que, más o menos, todos los adultos disfrutan en sus respectivos trabajos. Los hay que se cogen un mes entero, otros que se reservan tan solo una quincena y, desde hace unos años, la gran mayoría se queda en un punto intermedio: tres semanas de vacaciones. Unos días en los que han podido desconectar, olvidarse casi por completo de eso que se llamaba colegio y hacer que nosotros, como padres,  nos planteemos si deberían hacer deberes . Una cuestión peliaguda que tiene padres a favor y padres en contra y para la que, muchas veces, nos dejamos guiar por lo que nos hayan dicho en el colegio.  Si el niño necesita reforzar alguna materia, vale; pero si no, los deberes no son necesarios. Sin embargo, ¿tres meses son demasiados para mantener una desconexión total?

Sobre este debate, hemos querido hablar con Pilu Hernández Dopico, reconocida experta en educación, además de maestra y profesora de profesores, para que nos dé su opinión sobre esos deberes que les ponemos a nuestros hijos, por ejemplo, para que no pierdan el hábito o porque tenemos la sensación de que, si no, nuestros hijos se aburrirán y no harán nada. Ella, como experta, se pregunta: ¿en los meses que han estado en el colegio, no han cogido el hábito del que hablamos? “ Si nuestros estudiantes no lo han conseguido o en tres meses lo pierden, es que algo hemos hecho mal”.

Pilu, ¿deberes sí o no?

Deberes no. ¿Qué pasaría si una empresa decidiera encargar a todos sus empleados trabajo en vacaciones? Sería noticia en todos los informativos y nos echaríamos las manos a la cabeza. Entonces, ¿por qué no vemos así los deberes? Como una carga escolar sobre los niños con la que no dejan su trabajo unos meses. Ellos también están cansados.

De acuerdo, pero los adultos descansan en torno a tres semanas, luego vuelven a las oficinas. Los niños no, los niños descansan casi tres meses, ¿no es demasiado tiempo para no hacer nada?

No, porque  yo no voy a defender nunca que estén tres meses sin hacer absolutamente nada . En estos tres meses, hay que fomentar la lectura, la escritura y la creatividad. Porque 24 horas en las que un niño no hace nada, terminará por aburrirse.  Seguramente, en este momento, den rienda suelta a su creatividad . Pero lo que suele suceder es que hay un medio tecnológico de por medio, y esto sí que hay que evitarlo. Por eso, yo no digo que estén tres meses sin hacer nada, sino que no se pasen el tiempo haciendo fichas como tal. Tienen que reforzar los hábitos en sí, por la riqueza que nos traen esos hábitos después.

¿Y si nos han pedido reforzar ciertos conocimientos en el colegio?

En este caso, tenemos que matizar la palabra reforzar y conocer de dónde viene esa recomendación. No es lo mismo que haya habido un suspenso o no. Es decir, hay que saber el origen de por qué hay que reforzar, qué ha pasado. Una vez se identifique, se tomarán las medidas oportunas, pero siempre implicarán a toda la comunidad educativa.  Y con eso me refiero al centro escolar, pero también a los padres. Entonces, si hablamos de deberes, no nos referimos a un conjunto de fichas que el niño realiza todas las mañanas solo. En absoluto, si hay que reforzar, hay que estar presente y explicarles los conceptos que no ha sabido aprender.

Por tanto,  los deberes no se deben entender como fichas o cuadernos sin más . Los deberes son sentarnos con ellos, aprovechando que ahora los padres podemos tener más tiempo libre, con jornadas intensivas, y ayudarles o explicarles eso que nos han pedido reforzar. Requiere un esfuerzo extra por parte de los padres, pero la educación no se va de vacaciones.

Entonces, ¿deberes en verano como los hemos entendido siempre no, pero deberes bien entendidos sí?

Eso es. Está claro, no solo se trata de rellenar cuadernos y cuadernos. Que si hay que reforzar, también puede ser una parte de esos deberes, pero no la principal. Por ejemplo, pedirles que hagan la compra con nosotros, que sean ellos los que sigan la lista de la compra, los que paguen y echen las cuentas de las vueltas. Con este hábito,  ven una practicidad en los problemas de matemáticas  y también trabajan estos conceptos. A la hora de la comprensión lectora, por ejemplo, leer con ellos. Trabajamos también la expresión oral y valores que pueden ser interesantes.

Deberes o tareas para los niños en verano

La experta en educación, al hablar de tareas y hábitos, en vez de deberes, nos ha querido dar una lista práctica de cosas que podemos hacer en casa con ellos:

  • Soñar despiertos. Vivimos en una época en la que le estamos transmitiendo a nuestros hijos que todo es posible, y esto no es cierto. Por tanto, los adultos,  viendo las posibilidades que cada uno de ellos tiene , darles las herramientas necesarias para que consigan lo que quieren.
  •  Quererse y mimarse, es decir, enseñarles a que se acepten tal como son.
  •  Ayudar a los demás, haciéndoles partícipes de todas las tareas del hogar. Que lo vean como un trabajo en equipo.
  •  Aprovechar para fomentar la lectura , un hábito saludable que debería mantenerse durante todo el año y que, en verano, podemos aprovechar para que lo vean como algo lúdico.
  • Fomentar y reforzar la escritura, pero no con los típicos cuadernillos de verano. Puedes hacerlo de otra forma, viendo una película todos juntos y pidiéndole que te escriba lo que más le ha gustado o que dibuje y describa con palabras.
  • Aprender a escuchar. Aprovecha estos meses para dedicarle tiempo a tus hijos y entablar conversaciones a diario. Compartir todo lo que sentimos.
  • Saltar juntos en los charcos, bañarse bajo la lluvia, jugar con globos de agua o andar descalzo por la hierba. Si tú ves la cara que ponen los niños cuando ven que los adultos nos ponemos a su altura, hacemos este tipo de actividades con ellos, es una sonrisa permanente. Esto abre un camino de comunicación estupendo. Tenemos que mancharnos con ellos, trabajar su motricidad fina cerrando los globos, por ejemplo, no dárselo todo hecho.
  • Pedirle que, siempre que empiece algo, lo acabe. Es un hábito estupendo que inculcarles ahora que tenemos tiempo.
  • Y, sobre todo, disfrutar de la compañía de quienes nos rodean, porque cuando empiece el curso, seguiremos buscándola cuando, por ejemplo, tengamos algún problema.