Mujer joven con reloj en la tripa©AdobeStock

Maternidad

Presiones para ser madre: cuando el reloj biológico tiene su propio ritmo

La presión hacia las mujeres que deciden retrasar su maternidad o no tener hijos es muy fuerte. Pero se trata de una decisión estrictamente personal en la que la última palabra siempre debe ser de los protagonistas. ¿Cómo hacer frente a las opiniones ajenas?

En España, las mujeres tienen a su primer hijo, de media, a los 31,1 años, un dato solo superado por Italia. En el resto de países europeos, la maternidad llega antes, aunque cada vez se retrasa más en todas las naciones.

Ya sea por la inseguridad laboral, por no tener pareja estable o por circunstancias estrictamente personales hay mujeres que van posponiendo este momento, o incluso que deciden renunciar a la maternidad. Sobre ellas suelen recaer preguntas, recomendaciones, consejos y presiones del entorno. Hemos hablado con Leticia Doñagueda Navarro, psicóloga de El Prado Psicólogos (www.elpradopsicologos.es) sobre cómo afrontar esta situación.

¿Existe realmente el instinto maternal?

Lo primero y más importante sería definir qué es instinto: instinto es aquella conducta o sentimiento que obedece a una razón profunda sin que se percate de ello quien la realiza, es decir, automática, irresistible. A día de hoy, la maternidad es un hecho que bien poco tiene de instinto. La maternidad es una decisión personal, por lo que tendrá mujeres a favor y mujeres a las que no les llame absolutamente nada la atención. En resumen, no existe instinto maternal, lo que debe existir es el deseo y la decisión adulta de ser madre.

En los hombres no se suele cuestionar nunca su deseo o no de ser padres y la presión reproductiva suele recaer sobre las mujeres...

Hay que aclarar que la decisión de tener un bebé, no es algo inherente a la mujer, sino que se puede dar tanto en la mujer como en el hombre. Pero, sí hay un peso importante de la sociedad, y algo puramente cultural que nos acompaña desde siempre. El hecho de que la culminación de la felicidad en la vida de la mujer sea el poder ser madre, es un aspecto que nos ha acompañado durante muchísimos años, y aunque poco a poco nos vamos deshaciendo de esa idea, todavía queda un largo camino por recorrer.

¿Ha cambiado en los últimos años la presión social que sienten las mujeres que han decidido no ser madres?

Poco a poco, la sociedad va entendiendo que hay tantos modelos de mujer y de madre como mujeres existen. Por lo que se deja de un lado la antigua concepción de la maternidad como culminación de la felicidad o la realización total como mujer y se empieza a entender, como lo que es, una decisión personal y adulta, opcional y respetable. Aunque sí es cierto que la sociedad todavía sigue opinando y sintiendo que tiene la potestad de decidir sobre la mujer, su decisión reproductiva y hace que muchas mujeres se sientan presionadas o juzgadas cuando deciden no ser madres.

Mano femenina en habitación infantil sosteniendo un reloj©AdobeStock

Cuando se decide no ser madre, ¿cuál es la mejor estrategia para conseguir que los demás respeten tu decisión sin tratar de convencerte de lo contrario?

Tanto en esta decisión, como en cualquier otra, es esencial marcar límites a los demás y dejar muy claro que es una decisión meditada, valorada, consensuada (si se da el caso) y, como en cualquier otra que tenga que ver con nuestra intimidad, personal e intransferible. Pero me gustaría recordar que somos responsables de nuestros pensamientos y nuestras conductas y no de los de los demás, por lo que podemos gestionar todo lo que tenga que ver con nosotros mismos, pero no con los demás. Lo importante no será si respetan o no nuestra decisión, sino ser capaces de continuar adelante con nuestra decisión con la seguridad suficiente y sin que esa falta de respeto condicione nuestro futuro.

¿Qué hay que cambiar para que sobre las mujeres que no tienen hijos se deje de lado la idea de que son personas “incompletas”?

Se ha trabajado mucho para que cada mujer sea libre de decidir esto y cualquier otra cuestión, pero todavía queda mucho por hacer. Parte de la solución es la información y el tiempo, dejar que poco a poco estas ideas retrógradas vayan desapareciendo y cayendo en el olvido, ya que nuestra educación cada vez es más abierta y respetuosa, y, por supuesto, informar a la ciudadanía de las múltiples opciones que tanto una mujer como un hombre pueden decidir, siendo igual de válidas, siempre y cuando no se haga daño a un tercero. Quien decide si su vida está completa o no es cada individuo y eso es algo de lo que poco a poco tenemos que ir concienciando a nuestra sociedad.

Otra de las ideas hacia las mujeres que deciden no tener hijos es que son egoístas, ¿por qué surge este pensamiento?

Si partimos de la base de que la relación mujer-madre es un constructo social que nos persigue a día de hoy, no es de extrañar que romper esa unión tenga como consecuencia la crítica y el sentimiento de egoísmo por parte de nuestra sociedad. Digamos que desde que nacemos se nos educa para cuidar no solo a nuestros hijos sino a nuestros familiares, y el hecho de negarnos a una de esas alternativas se entiende como negarse a ese cuidado que “nos toca por norma”. Así que es trabajo esencial de nuestra sociedad preguntarse qué mensajes estamos dando a nuestros hijos que les hace no respetar el futuro de una decisión tan importante y con tanta repercusión para la vida de alguien, como es el ser madre.

¿Puede la presión social para ser madre dificultar que una mujer se quede embarazada por el estado de tensión y estrés?

Por supuesto. Al fin y al cabo quedarse embarazada requiere de una estabilidad tanto física como emocional que hacen que nuestro cuerpo esté preparado para ello. Si esta estabilidad se ve atacada por una situación de tensión o estrés, nuestro cerebro instintivo tendrá la sensación de estar al frente de una batalla y no dejará espacio para la reproducción. Por supuesto, dependerá de la persona: cómo asume esta presión social, si le da más o menos importancia... Ya que no es tan importante la presión que se ejerza por medio de la sociedad como la gestión que haga la propia mujer de esa presión.

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