Hay despedidas que necesitan silencio y otras que necesitan música a todo volumen. Glenn Martens ha elegido la segunda opción. Su último desfile para Diesel, celebrado en Milán dentro de la Semana de la Moda, fue una auténtica declaración de intenciones: seis años después de tomar las riendas creativas de la firma, el diseñador belga cerró esta etapa con una colección que condensaba todo aquello que convirtió su Diesel en uno de los sellos más reconocibles de la moda contemporánea.
Sobre la pasarela de Primavera/Verano 2027, el diseñador volvió a jugar con la idea de desmontar la ropa para volver a construir. El denim, uno de los grandes códigos de Diesel, aparecía tratado y manipulado hasta parecer cuero, mientras los tejidos jugaban con las siluetas aportando movimiento. Las prendas parecían jugar entre ellas: una camiseta podía transformarse en un vestido, un sujetador o un bandeau; una camisa adquiría la apariencia de un abrigo y las prendas de sastrería aparecían desestructuradas, retorcidas y parcialmente deshechas.
La colección también encontró espacio para el romanticismo. Los motivos de orquídeas aparecieron recortadas sobre prendas de punto y polos, mientras las transparencias, las flores y las prendas lenceras convivían con pantalones vaqueros, americanas y faldas de inspiración más clásica.
Martens abandona Diesel para centrarse en Maison Margiela, pero su despedida deja claro que la firma ha sido mucho más que un trabajo durante estos seis años. Ha sido una fábrica de ideas en la que el diseñador convirtió la provocación en identidad y el denim en un territorio prácticamente infinito.













































































