DÍA MUNDIAL DE LA DEPRESIÓN

Qué dice la psicología de las personas que ya no disfrutan como antes


Dejar de salir, de hacer deporte, de ilusionarte, de divertirte con amigos, de planear viajes... Puede ser una crisis vital que requiera tomar decisiones o puede tratarse de algo más serio. Esta psicóloga te ayuda a distinguirlo.


Mujer seria en el sofá de su casa mirando a cámara © Getty Images
13 de enero de 2026 - 7:00 CET

A veces ocurre sin previo aviso. Aquello que antes te apetecía, te motivaba o te hacía ilusión deja de hacerlo. No es que estés triste todo el tiempo ni que haya pasado algo concreto, pero el disfrute cotidiano se ha ido apagando. Desde la psicología, este fenómeno es más común de lo que parece y no siempre significa lo mismo. Entender qué hay detrás es clave para saber si estamos ante una etapa vital, una señal de saturación o un malestar emocional más profundo que puede ser depresión.

¿Es normal dejar de disfrutar de ciertas cosas con el paso del tiempo?

Sí, es normal. El placer no es estático, evoluciona con la edad, las experiencias y las circunstancias vitales. Cambian los intereses, las prioridades y también la forma en la que nos relacionamos con el ocio, el trabajo o las relaciones personales. Dejar de disfrutar de algo concreto no tiene por qué ser una señal de alarma.

Pero tenemos que estar al tanto cuando esta dificultad para disfrutar de las cosas se mantiene. Cuando nada ilusiona, ni siquiera aquello que antes generaba bienestar de forma casi automática. Según explica la psicóloga Paloma Zubieta, de Clinicas Origen, el problema no es que cambien los gustos, sino que “no se obtiene disfrute de nada, incluso de cosas básicas, y además aparece acompañado de otros síntomas emocionales”. En ese caso, conviene parar y observar qué está ocurriendo a nivel interno. Pero veamos dónde está ese punto de inflexión. 

Mujer con cabello castaño, recostada en cama con manta naranja, en habitación con ventana y cómoda.© Getty Images

Cuando el cansancio vital pasa factura al disfrute

Vivimos en un contexto de exigencia constante. Jornadas largas, carga mental elevada, responsabilidades familiares, presión social por “estar bien” y rendir. Todo esto va desgastando, aunque no siempre lo identifiquemos como malestar psicológico.

En estos casos, la pérdida de disfrute suele ser progresiva. No desaparece de golpe, sino que se va diluyendo entre la rutina. Sigues funcionando, cumples con tus obligaciones, pero haces las cosas en piloto automático. No hay entusiasmo, solo inercia. Es una situación muy frecuente en personas que, desde fuera, parecen llevar una vida ordenada y que incluso están siempre disponibles y resolutivas para los demás.

Aquí, el malestar no suele ir acompañado de síntomas depresivos claros, sino de una sensación de saturación emocional. El cuerpo y la mente piden una revisión del ritmo, del tipo de ocio o incluso del rumbo profesional.

Vivimos en un contexto de exigencia constante. Todo esto va desgastando. Sigues funcionando, cumples con tus obligaciones, pero haces las cosas en piloto automático

¿Rutina o malestar emocional más profundo?

Distinguir un malestar pasajero de la depresión no siempre es fácil. Pero hay pistas que nos pueden ayudar. Cuando la pérdida de disfrute responde a la rutina o al desgaste, suele vivirse como algo transitorio. Hay días mejores y peores, y la motivación puede reaparecer si se introducen pequeños cambios o descansos reales.

Tal y como señala Paloma Zubieta, en muchas ocasiones esta sensación actúa como una señal interna que nos empuja a replantearnos decisiones. “A veces, sentir que dejamos de disfrutar es una manera de comprender que necesitamos un cambio, ya sea de enfoque, de estilo de vida o de prioridades”, explica 

En cambio, cuando el origen es un malestar emocional más profundo, la apatía no se limita al ocio. Afecta a distintas áreas de la vida y se mantiene en el tiempo, incluso aunque se reduzca la carga externa.

mujer deprimida mirando por la ventana© Adobe Stock

Cuándo la falta de disfrute puede ser un síntoma de depresión

La psicología es clara en este punto. La pérdida de interés o placer es uno de los síntomas nucleares de la depresión, pero no aparece sola. Para poder hablar de un trastorno depresivo, deben darse varios síntomas de forma mantenida en el tiempo.

Entre las señales más habituales se encuentran el estado de ánimo bajo la mayor parte del día, los problemas de sueño —tanto insomnio como dormir en exceso—, la fatiga constante, la dificultad para concentrarse, los sentimientos de inutilidad o culpa excesiva y una visión negativa del futuro. En algunos casos, también aparecen pensamientos relacionados con la muerte.

Más allá de los criterios diagnósticos y del tiempo establecido, la experta insiste en algo fundamental: si una persona siente que anímicamente no se encuentra bien y quiere ayuda, no debería retrasarla. Cuanto antes se interviene, más rápida suele ser la recuperación y menor el riesgo de que los síntomas se agraven 

Cuando es algo más que un malestar pasajero, la pérdida de disfrute suele manifestarse primero en los comportamientos. Se abandonan actividades que antes formaban parte de la rutina. Se deja de salir, de practicar deporte, de quedar con otras personas 

Conductas que alertan de que algo no va bien

La pérdida de disfrute suele reflejarse primero en los comportamientos. Poco a poco, se abandonan actividades que antes formaban parte de la rutina sin esfuerzo. Se deja de salir, de practicar deporte, de quedar con otras personas. El aislamiento aparece casi sin darse cuenta.

También puede descuidarse el autocuidado básico. La higiene, el orden en casa o las rutinas diarias empiezan a pesar más de lo habitual. La sexualidad suele verse afectada, al igual que el rendimiento laboral o académico.

A nivel mental, los pensamientos se vuelven más duros y negativos. Aparecen ideas de incapacidad, desesperanza o culpa constante. La persona siente que haga lo que haga no es suficiente. Este tipo de diálogo interno sostenido es una señal clara de que no se trata solo de cansancio.

Mujer con suéter gris, apoyando la barbilla en las manos, en un ambiente hogareño.© Getty Images

Cuando nada entusiasma y no sabes por dónde empezar

Llegados a este punto, muchas personas se bloquean. Saben que algo no va bien, pero no encuentran la forma de revertirlo. Lo primero, según los expertos, es no minimizar lo que se siente. El sufrimiento emocional no necesita justificación externa para ser válido.

El abordaje puede ser psicológico, farmacológico o combinado, dependiendo de la intensidad de los síntomas. La terapia ayuda a trabajar pensamientos, creencias, regulación emocional y a reintroducir actividades de forma progresiva. En algunos casos, el tratamiento farmacológico es una herramienta útil y necesaria, siempre bajo supervisión médica.

Pedir ayuda no es una señal de debilidad, sino de cuidado. Hablar con el médico de cabecera, con un psicólogo o comentar lo que ocurre con alguien cercano puede ser el primer paso para salir de ese estado de desconexión emocional 

Chica triste sentada en la cama mirando el teléfono© Getty Images

El papel de la prevención y el apoyo profesional

Es importante recordar que los síntomas depresivos no aparecen porque sí. Suelen estar vinculados a experiencias vitales, duelos, situaciones de estrés prolongado o heridas emocionales no resueltas. Identificar el origen permite trabajar de forma más eficaz y personalizada.

Además, normalizar estas conversaciones ayuda a romper el estigma. Muchas personas que caen bien, que siempre parecen fuertes o resolutivas, son precisamente las que más dificultad tienen para reconocer que necesitan ayuda.

Recursos de ayuda y prevención en España

Si en algún momento aparecen pensamientos de autolesión, desesperanza extrema o sensación de no poder más, es fundamental buscar ayuda inmediata. En España existen recursos gratuitos y confidenciales:

  • La Línea 024, del Ministerio de Sanidad, está disponible las 24 horas del día y atiende situaciones de crisis emocional y pensamientos suicidas.
  • El Teléfono de la Esperanza, en el 717 003 717, ofrece escucha y apoyo emocional.
  • Para niños y adolescentes, la Fundación ANAR dispone del teléfono 900 20 20 10.
  • Ante una situación de riesgo inmediato, se debe llamar al 112, el servicio de emergencias.

Recuperar el disfrute es posible. A veces requiere cambios pequeños, otras veces un acompañamiento profesional más profundo. Escuchar lo que nos está diciendo la falta de ilusión es, en muchos casos, el primer paso para volver a conectar con uno mismo.

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