5 síntomas de la menopausia que empeoran en invierno (y cómo aliviarlos)


Los meses más fríos y oscuros intensifican algunos de ellos y así puedes evitarlo


Una mujer en la a menopausia relajada en un jardín© Getty Images
1 de enero de 2026 - 18:00 CET

Solo con pensar que los días son más cortos y oscuros me hace sentir más triste e irritable. ¿Seré yo o es mi cuerpo el que pide a gritos invernar? Con la agenda llena de mil y una tareas, no puedo permitirme hacer solo lo mínimo indispensable. 

Puede que el fresco del invierno parezca ayudarme con la circulación o a que mi "calefacción privada" minimice su intensidad, pero ocurre todo lo contrario. Este año me siento peor que nunca.

Una mujer menopáusica descansando© Getty Images

Los meses más fríos y oscuros pueden intensificar los síntomas, y esto no ocurre únicamente porque nos expongamos menos a la luz solar o por el estrés estacional, sino también porque al producir menos serotonina y vitamina D se agravan muchos de ellos.

Y aunque pueda parecer que el frío nos ayuda, los cambios bruscos de temperatura entre casa, trabajo y exterior pueden desencadenar dolores de cabeza y otros síntomas, haciendo que nos sintamos aún más incómodas. Además, el estrés estacional que provocan los días más cortos y los cambios de rutina puede aumentar el cortisol, intensificando el desequilibrio hormonal. No es de extrañar que las búsquedas de apoyo para la menopausia estén aumentando de forma alarmante.

Una mujer de más de 50 años descansando en la playa tras un paseo© Getty Images

Cuáles y por qué son esos signos y síntomas más molestos

  • Sofocos paradójicos: aunque parezca contradictorio, los cambios bruscos entre el aire gélido del exterior y el calor de la calefacción, así como el uso de ropa sintética que no transpira, hacen que el hipotálamo (tu termostato interno) se desregule y lance un sofoco intenso para intentar enfriar el cuerpo de forma rápida.
  • Picazón y piel seca: el aire frío y seco del invierno, sumado al uso continuado de la calefacción, absorbe la humedad de la piel y de las mucosas, acentuando la sequedad y el picor, muy frecuentes en esta etapa.
  • Dolor articular: el frío intenso, junto con la disminución de los niveles de estrógeno, afecta a la movilidad articular y a la densidad ósea, haciendo que las articulaciones se vuelvan más dolorosas y rígidas.
  • Desorden Afectivo Estacional (bajón de serotonina): la reducción de la luz solar en otoño e invierno provoca una caída natural en la producción de serotonina, lo que puede derivar en sensaciones de tristeza, apatía o desánimo. A esto se suman los cambios de rutina y el estrés estacional, que elevan los niveles de cortisol, alterando aún más el equilibrio hormonal y aumentando la ansiedad, la irritabilidad y esa niebla mental que hace sentirte "apagada" durante los meses más oscuros.
  • Urgencia urinaria e irritabilidad: el frío activa la llamada "diuresis por frío", un mecanismo por el cual el cuerpo filtra más líquido para mantener la presión central. Esto, unido a la atrofia de los tejidos de la vejiga asociada a los cambios hormonales, genera una mayor frecuencia urinaria y una sensación de hipersensibilidad pélvica.
Una mujer de más de 50 años sentada en el jardín relajada© Getty Images

Cinco mejores estrategias para navegar los meses más fríos

  • Ten en cuenta los desencadenantes de descargas de calor
  • Es un error común pensar que los sofocos desaparecen en invierno; de hecho, determinados factores estacionales pueden intensificarlos.
  • Evita detonantes ambientales y dietéticos: la calefacción central, el uso de ropa muy pesada, el consumo de alcohol, el estrés y las comidas picantes suelen agravar estos episodios.
  • Recomendación: opta por vestirte en capas, con tejidos naturales y transpirables. Asegúrate de que las habitaciones estén bien ventiladas para reducir la intensidad y frecuencia de los sofocos.
Dieta saludable para adelgazar después del verano© Getty Images

Estrategia de nutrición estacional

Durante los meses fríos, es fundamental centrarse en comidas cálidas, reconfortantes y nutritivas, aprovechando los alimentos de temporada para favorecer el equilibrio hormonal. Las recomendaciones incluyen:

  • Hortalizas de raíz, verduras de hoja verde y semillas —especialmente las de calabaza—: Son ricas en fibra, fitoestrógenos, magnesio, zinc y vitaminas del grupo B, lo que contribuye a estabilizar las hormonas, mejorar el estado de ánimo y facilitar el descanso nocturno.
  • Proteína magra: consumirla en sopas o guisos ayuda a sostener el equilibrio hormonal y a preservar la masa muscular.
  • Grasas saludables: el pescado azul, el cordero y las semillas (lino o chía) aportan omega-3, clave para reducir la inflamación y favorecer la estabilidad emocional.
Una mujer de más de 50 años haciendo ejercicio© Getty Images

Sigue moviéndote, incluso cuando hace frío

Aunque la motivación pueda disminuir, el movimiento sigue siendo esencial para proteger la densidad ósea y la movilidad articular, especialmente durante esta transición.

  • Actividades de interior: el pilates, el yoga o el entrenamiento de fuerza son excelentes opciones para fortalecer el cuerpo sin exponerse al frío.
  • Caminatas con luz solar: se recomienda realizar paseos rápidos de al menos 10 minutos al día. El aire fresco y la luz natural estimulan la producción de serotonina y vitamina D, mejorando el bienestar físico y mental.
Suplementos alimenticios contra la fatiga en otoño

Ajusta tus suplementos para el cambio de estación

La menor exposición solar y las nuevas demandas del organismo hacen necesario revisar y ajustar la suplementación, especialmente cuando la dieta no cubre todos los requerimientos:

  • Vitamina D3 y Vitamina K2: Fundamentales para la salud ósea y el estado de ánimo. Se recomienda una dosis de al menos 1.000 UI diarias durante otoño e invierno.
  • Magnesio (Glicinato): Se sugieren 300 mg al día para mejorar la calidad del sueño, que suele verse interrumpido en esta época.
  • Arándano rojo y omega 7: Ayudan a prevenir la cistitis y a cuidar la mucosa urinaria. El arándano rojo estandarizado en proantocianidinas (PACs), con una dosis mínima de 36 mg/día, dificulta la adhesión bacteriana a la vejiga, mientras que 200 mg/día de omega-7 favorecen la hidratación y protección del tejido urogenital.
Una mujer de más de 50 años meditando© Getty Images

Prioriza tu salud mental

La combinación de días cortos y cambios hormonales puede disparar la ansiedad y el desánimo.

  • Actividades de autocuidado: es necesario programar tiempo para actividades, como escribir un diario, meditar, viajar o conectar con seres queridos.
  • La mentalidad es clave: si percibes el invierno como oscuro, lluvioso y limitante, esas emociones tenderán a intensificarse. En cambio, afrontar el otoño-invierno con una actitud más positiva puede favorecer emociones más amables y sostenidas.
  • El poder de los rituales: no subestimes el impacto de las pequeñas tradiciones, como una cena semanal con personas queridas o un baño relajante antes de dormir. Los rituales aportan significado a lo cotidiano y actúan como un ancla emocional durante los meses más oscuros.
  • Sincronización biológica: busca exponerte a la luz natural por la mañana; esto ayuda a reajustar los ritmos circadianos y estimula de forma natural la producción de serotonina.

Uno de los consejos más interesantes es el que propone la Dra. Kari Leibowitz en su libro Cómo invernar (Editorial Alienta): "Haz una lista con cinco cosas concretas del invierno que esperas con ilusión, ya sean grandes o pequeñas". Puede ser una lista escrita, un mural con imágenes o una recopilación de contenidos inspiradores

Lo esencial es dedicar tiempo a identificar aquello que sí disfrutas del invierno. El libro está lleno de ideas prácticas que ayudan a reconciliarse con esta estación y aprender a vivirla con más calma y disfrute.

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