El ritmo acelerado de la sociedad en que vivimos, la insatisfacción permanente y esa autoexigencia que se ve acentuada por la comparación que nace del uso constante de las redes sociales han llevado a los expertos a considerar que quizá empezar el año con un folio en blanco y no con una lista de propósitos pueda ser mucho más sano.
La mayoría coinciden en señalar que cuando no alcanzamos nuestras metas para los próximos 365 días es, fundamentalmente, porque no hemos hecho un ejercicio de autoconocimiento previo ni nos hemos fijado metas realistas.
Charlamos sobre estas cuestiones con Catalina Hoffmann, experta en estimulación cognitiva y entrenamiento cerebral con más de 20 años de experiencia. Es la creadora del Método Neurofitness y nos ha revelado también qué le ocurre al cerebro cuando nos marcamos objetivos pensando en lo que los demás esperan de nosotros y no en lo que queremos de verdad. Lo que, según indica, explica que los 3 objetivos más comunes en Fin de Año sean:
- Dejar de fumar
- Mejorar la forma física
- Aprender un idioma
¿Por qué los propósitos de Año Nuevo suelen generar más frustración que motivación?
Esto ocurre principalmente cuando nos marcamos propósitos poco realistas o que realmente no están alineados con quién queremos ser. Esto hace que desistamos rápidamente, porque vemos que el cambio es más lento y difícil de lo que estamos dispuestos a aceptar. Por eso es importante hacer un trabajo interno previo y, desde la sinceridad, entender qué cambios nos motivan de verdad y nos acercan a quién queremos ser, dejando a un lado las expectativas externas. Una vez hemos hecho eso, debemos ver cuáles de esos cambios son realmente alcanzables y marcarnos una hoja de ruta.
Ponernos objetivos demasiado exigentes activa la amígdala y despierta emociones como el miedo al fracaso.
¿Qué efecto tiene en el cerebro plantearnos objetivos demasiado exigentes al empezar el año?
Ponernos objetivos demasiado exigentes es una enorme fuente de estrés para nuestro cerebro, ya que una meta que se perciba demasiado difícil activa la amígdala y despierta emociones como el miedo al fracaso. De forma paralela a esto, también vivimos una caída de la dopamina. Esto ocurre porque no vamos teniendo pequeños logros que refuercen nuestra motivación, sino que nuestro cerebro entiende que no vamos a lograr nada y nuestra motivación cae. A esto hay que sumar que nuestra corteza prefrontal, la encargada de planificar, se sobrecarga de trabajo, tratando de encontrar una forma de hacer alcanzable lo que no lo es. Esto nos lleva a bloquearnos y a procrastinar constantemente.
Nuestra corteza prefrontal, la encargada de planificar, se sobrecarga de trabajo tratando de encontrar una forma de hacer alcanzable lo que no lo es.
¿Cómo puede afectar a la autoestima no cumplir los propósitos que nos marcamos en enero?
Esto depende de en base a qué esté construida la autoestima de cada persona y de lo importantes que sean esos propósitos. Pero, sin duda, no alcanzarlos o abandonarlos a la primera dificultad puede minar el concepto que tenemos de nosotros mismos, haciendo que demos por hecho que somos incapaces de conseguir nuestros objetivos. Si además nos comparamos con otras personas, que sí están logrando sus propósitos, el daño en nuestra autoestima puede ser aún mayor. Porque en ese caso no nos estamos fijando en que los objetivos son distintos o en que las circunstancias son diferentes, solo estamos viendo que otros lo consiguen mientras nosotros fracasamos una vez más. Y lo peor es que, en muchos casos, entendemos que esa consecución o no de los propósitos de año nuevo nos está definiendo, de tal forma que nuestra mente entiende que, si hemos fracasado en ese propósito, es porque somos unos fracasados. Y no es así.
Los 3 objetivos más comunes en Fin de Año
¿Hasta qué punto la presión social influye en que repitamos cada año los mismos propósitos?
Influye muchísimo. Por eso hay tres objetivos que siempre se repiten mayoritariamente: dejar de fumar, mejorar la forma física y aprender un idioma. Y son objetivos que, en sí, son buenos, pero que mucha gente se marca no porque realmente sienta la necesidad o el deseo de dar ese cambio en su vida, sino porque siente que es lo que su entorno espera y lo que va a hacer que otros piensen que ha sacado provecho del nuevo año. Esto está detrás de muchísimos propósitos abandonados, porque esa fuerza que nos hace continuar cuando la motivación inicial se ha agotado, no puede venir de fuera, sino de la propia voluntad de querer alcanzar algo verdaderamente.
¿Qué alternativa más saludable recomiendas frente a los clásicos propósitos de Año Nuevo?
Lo mejor, tengas el propósito que tengas, es cambiar los grandes objetivos a largo plazo por pequeñas metas alcanzables a corto plazo. Así notaremos que poco a poco vamos avanzando, podremos planificarnos mejor y, aunque no alcancemos la gran meta final, sí sentiremos que hemos cambiado a mejor. Eso sí, antes de hacer esto es importantísimo hacer un trabajo de autoconocimiento e ir reforzándolo de manera constante. Para esto ayuda mucho la meditación, que es un hábito que nos ayuda a conectar con nosotros mismos y que podemos empezar a hacer poco a poco con las meditaciones que yo misma comparto de forma gratuita en mis perfiles.
Para Catalina Hoffmann, "este trabajo de autoconocimiento nos ayuda a perseguir objetivos que realmente vayan en coherencia con quien somos y quien queremos ser". Asegura que "nos ayuda a trabajar esa automotivación que es tan necesaria cuando toca recurrir a la voluntad porque la fase de "enamoramiento" de nuestro propósito ya se ha agotado".










