mujer con dolor pélvico

¿Debes preocuparte si tienes dolor pélvico?

Endometriosis, quistes ováricos... Pueden originarlo múltiples causas, por lo que es fundamental buscarlas para elegir el tratamiento más recomendable

por Pilar Hernán

Lo primero que debemos hacer es diferenciar dos tipos de dolor pélvico, tal y como explica Irene Seco Vivancos, fisioterapeuta de bluaU de Sanitas:

1. Dolor pélvico agudo: Este dolor puede ser de origen genitourinario, gastrointestinal o musculoesquelético.

2. Dolor pélvico crónico: Este dolor puede tener el mismo origen que el agudo, pero con una duración mínima de unos 6 meses aproximadamente.

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¿Cuáles son sus síntomas?

-Dolor intenso y constante.

-Dolor que aparece y desaparece (intermitente).

-Dolores o calambres punzantes.

-Presión o pesadez en una zona profunda de la pelvis.

-Dolor durante las relaciones sexuales.

-Dolor con el movimiento intestinal o la micción.

-Dolor cuando estás sentado por períodos prolongados de tiempo.

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Posibles causas

“Y dentro de estos dos tipos de dolor pélvico, vamos a diferenciar los relacionados con el sistema reproductor, y los no relacionados con el sistema reproductor”, detalla la especialista:

 -Endometriosis: Ocurre cuando las células del revestimiento de la matriz (útero) crecen en otras zonas del cuerpo.

-Tensión en la musculatura del suelo pélvico: la musculatura del suelo pélvico puede sufrir contracturas y espasmos que causen dolor pélvico crónico.

 -Enfermedad inflamatoria pélvica: tras padecer una enfermedad inflamatoria pélvica (generalmente causada por una infección de transmisión sexual) pueden quedar adherencias o cicatrices que afecten a los órganos pélvicos.

 -Quistes ováricos: en los ovarios se pueden desarrollar quistes de forma recurrente que causen dolor.

- Miomas: son tumores benignos que crecen de la musculatura uterina. Su crecimiento puede causar sensación de presión o pesadez así como dolor en la zona baja del abdomen. En raras ocasiones producen dolor agudo cuando se quedan sin el adecuado aporte sanguíneo y empiezan a necrosarse en su interior (degeneración del mioma).

 -Síndrome de colon irritable: los síntomas asociados con el colon irritable (hinchazón, estreñimiento, diarrea…) pueden ser causa de disconfort y presión pélvica.

-Cistitis intersticial: es una condición asociada con una inflamación crónica de la vejiga urinaria y que se suele asociar a necesidad de orinar con mucha frecuencia. Cuando la vejiga se llena puede producirse dolor pélvico, que suele mejorar tras su vaciado.

- Síndrome de congestión pélvica: la presencia de varices alrededor del útero y/o los ovarios puede resultar en dolor pélvico.

-  Factores psicológicos: la depresión, el estrés crónico... pueden generar o empeorar el dolor pélvico.

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Conseguir un diagnóstico

Cuando se trata de un dolor crónico, ¿es complicado llegar al diagnóstico? “El diagnóstico suele hacerse en una consulta médica o ginecológica basándose en los síntomas y un examen minucioso de la zona pélvica, que incluye un examen ginecológico. Puede ser difícil diagnosticar la fuente exacta del dolor y, a menudo, se necesita realizar estudios para encontrar la causa. Estos pueden incluir análisis de sangre, raspado o muestra de la vagina y el cuello uterino y ecografías”, explica.

Cuando el dolor se cronifica, hay que buscar la opinión del especialista, para que determine sus causas y sus posibles soluciones. “Con cualquier problema de dolor crónico, tal vez sea difícil saber cuándo debes ir al médico. En líneas generales, pide una consulta con tu médico si el dolor pélvico perturba tu vida cotidiana o si los síntomas parecen empeorar”, nos detalla la fisioterapeuta, que añade que no siempre debemos preocuparnos, ya que no en todos los casos son dolores graves. “Pero nunca debemos restarle importancia a ningún dolor”, matiza. Y añade que aliviar el dolor es un derecho del ser humano y una obligación ética de los profesionales sanitarios. “Hay que buscar soluciones y buscar calidad de vida, no debemos dar por supuesto que ciertos dolores hay que sufrirlos, ya que la gran mayoría tienen solución”, nos cuenta. Eso sí, puntualiza que el dolor pélvico no puede prevenirse en todos los casos. Sin embargo, el tratamiento  precoz puede reducir las posibilidades de que se establezca como una enfermedad.

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Así debemos tratarlo

La gran preocupación de quien lo padece es conseguir un tratamiento que lo alivie. “Se debe plantear un abordaje multimodal e interdisciplinar, con diversos profesionales de diferentes disciplinas y diferentes perspectivas y experiencias, motivados para ayudar en una atención centrada en la persona. El primer paso se debe centrar siempre (se encuentre la causa o no) en aliviar el dolor.  La frustración generada por el dolor en sí, la falta de sueño y las alteraciones de la vida causadas por el dolor pueden empeorarlo en gran medida, así pues, es muy recomendable el manejo de los síntomas psicológicos causados por el dolor”, nos cuenta.

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