Llega el frío y, con él, ese gesto que repetimos cada año casi sin pensar: girar el termostato y esperar a que la casa se caldee. Pero ¿y si los radiadores no calientan como deberían? Un ruido extraño de goteo, la parte de arriba fría o una habitación que nunca termina de templarse son señales de que algo no funciona bien. Y, mientras tanto, la factura sigue subiendo.
La buena noticia es que poner a punto los radiadores es más fácil de lo que parece y no exige grandes inversiones. Con unos cuantos gestos sencillos, como despejarlos, purgarlos o ajustar la temperatura, conseguirás que funcionen mejor, que la casa resulte más confortable y que gastes menos. No en vano, según el IDAE, la calefacción es lo que más energía consume en nuestros hogares. Te contamos, paso a paso, cómo prepararlos para el invierno. En la imagen, un proyecto de estudio Arquesta.
© ERA ArchitectsDéjales espacio para respirar
Parece obvio, pero es uno de los errores más habituales. Un sofá pegado a la pared, unas cortinas largas que caen por delante o un mueble colocado justo enfrente frenan la circulación del aire caliente y obligan a la calefacción a trabajar más para conseguir la misma temperatura. Lo ideal es dejar libres unos centímetros a su alrededor para que el calor se reparta por toda la estancia, como en esta propuesta de ERA Architects. A la hora de distribuir los muebles, piensa en el radiador como en una chimenea: cuanto más despejado esté su entorno, mejor lo disfrutarás.
Tampoco conviene utilizarlos como tendedero. Secar la ropa sobre ellos tapa la superficie que emite el calor y, además, aumenta la humedad del ambiente. Y si tienes un cubrerradiador, asegúrate de que está bien ventilado por delante y por arriba: los diseños cerrados, por bonitos que sean, le restan al radiador buena parte de su eficacia.
© Oriol GómezLímpialos antes de encenderlos
Durante los meses de calor, el polvo se acumula entre los elementos del radiador sin que nos demos cuenta. Esa capa actúa como aislante y reduce su capacidad para transmitir el calor, además de quemarse y dejar ese olor tan característico de los primeros días de calefacción. Por eso, antes de encenderlos, merece la pena dedicarles un rato.
Con la calefacción apagada y los radiadores fríos, pasa un cepillo largo y estrecho o la boquilla fina del aspirador por los huecos interiores. También puedes usar el secador de pelo para sacar el polvo de los rincones más difíciles, con un paño debajo para recogerlo. Después, limpia la superficie con un paño humedecido en agua jabonosa y sécala bien. Un gesto sencillo que mejora su rendimiento y, de paso, limpia el aire que respiramos en casa. En la imagen, un proyecto del estudio Júlia Brunet.
© Oriol GómezPúrgalos y revisa la caldera
Es la tarea más conocida y, sin embargo, la que más solemos posponer. Con el paso de los meses, en el circuito se acumula aire, que se queda en la parte superior del radiador e impide que el agua caliente circule bien. ¿Las señales? Un ruido parecido a un gorgoteo o un radiador frío por arriba y caliente por abajo.
Para purgar los radiadores, apaga la calefacción y espera a que se enfríen. Empieza por el más cercano a la caldera, coloca un recipiente debajo del purgador y ábrelo con una llave o un destornillador hasta que deje de salir aire y el agua salga de forma continua. Después, ciérralo y repite la operación en el resto. Lo ideal es hacerlo una vez al año, a principios del otoño, antes de encender la calefacción por primera vez. Y aprovecha para revisar la caldera: una puesta a punto profesional a tiempo evita sustos en pleno invierno y garantiza que funcione de forma eficiente y segura. En la imagen, un proyecto de Eloi Camacho Arquitectura.
© Alfonso CalzaVigila la presión
Después de purgar los radiadores, la presión del circuito suele bajar, así que conviene comprobarla. Basta con mirar el manómetro de la caldera, que normalmente está en la parte inferior: en la mayoría de los casos, la aguja debe marcar entre 1 y 1,5 bares, dentro de la zona verde.
Si está por debajo, la calefacción no funcionará correctamente, y si está demasiado alta, la caldera puede bloquearse. Para subirla, abre poco a poco la llave de llenado hasta alcanzar el nivel adecuado; en caso de duda, consulta el manual o llama a un técnico. Y si notas que la presión baja con frecuencia, puede haber una pequeña fuga que conviene revisar. Esta cocina es un diseño de Mas Millet Arquitectos con mobiliario de Tegar.
© Jordi CanosaElige la temperatura ideal
Subir el termostato no calienta la casa más rápido; solo hace que consuma más. Lo recomendable es mantener la vivienda entre 19 y 21 °C durante el día y bajar a 15-17 °C por la noche. En los dormitorios, además, un ambiente algo más fresco ayuda a descansar mejor. La habitación infantil de la imagen es un proyecto de Pia Capdevila, con estilismo de Mar Gausachs.
Cada grado cuenta, y mucho: según el IDAE, por cada grado de más, el consumo aumenta alrededor de un 7%. Así que, antes de tocar el termostato, prueba con un jersey fino o una manta sobre el sofá. Lo notarán tu bolsillo y también tu piel, que agradecerá un ambiente menos seco. Y no te olvides de la humedad: entre el 40 y el 50% es lo ideal, porque, por debajo, tendemos a sentir más frío aunque la temperatura sea la misma.
© John Taylor¿Todo el día o solo por la noche?
Es una de las grandes dudas de cada invierno. ¿Qué consume menos, tener la calefacción encendida todo el día a baja temperatura o encenderla solo a ratos, por ejemplo, al final del día? La respuesta depende, sobre todo, del aislamiento de la casa y del tipo de instalación.
En la mayoría de las viviendas, lo más eficiente es encenderla cuando estamos en ella y apagarla o bajarla durante las ausencias largas y mientras dormimos. Sin embargo, en viviendas muy bien aisladas o con sistemas de baja temperatura, como el suelo radiante, compensa mantener una temperatura estable, porque estas casas apenas pierden calor. Y en casas mal aisladas o en zonas muy frías, por la noche es mejor dejarla al mínimo que apagarla del todo. Lo que no tiene sentido es encenderla y apagarla constantemente: si vas a salir solo un par de horas, basta con bajar un poco el termostato. En la imagen, una propuesta de John Taylor.
© Montse GarrigaPrograma la calefacción y regula cada estancia
Si tus radiadores aún tienen las llaves de siempre, quizá sea el momento de cambiarlas por válvulas termostáticas. Permiten fijar la temperatura de cada habitación de forma independiente, de modo que no tienes por qué calentar igual el salón que un cuarto que apenas usas.
El otro gran aliado es el programador o el termostato inteligente. Con él, la calefacción se enciende un rato antes de que te levantes o de que llegues a casa, y se apaga cuando ya no hace falta. Así, la casa te recibe calentita y no gastas cuando no hay nadie. Eso sí, colócalo en una pared interior, lejos de las ventanas, los radiadores y el sol directo, para que mida bien la temperatura. En la imagen, un proyecto de Luzio Studio.
© María PujolPequeños gestos que suman
El calor que tanto cuesta conseguir también hay que saber conservarlo. Al anochecer, baja las persianas y corre las cortinas para que no se escape, y revisa puertas y ventanas: un burlete o una tira adhesiva bastan para frenar las corrientes de aire. Para ventilar, unos diez minutos por la mañana son suficientes para renovar el aire sin enfriar la casa. En la imagen, un proyecto de Batte Interioristas.
Otro truco poco conocido es colocar un panel reflectante detrás de los radiadores situados en paredes exteriores: es muy económico, fácil de instalar y devuelve el calor hacia la habitación en lugar de dejar que se pierda por el muro. Pequeños gestos, en definitiva, que apenas requieren esfuerzo y que, sumados, se notan en el confort y en la factura. Porque una casa calentita no tiene por qué ser una casa cara.




