Alimentación segura en verano: cosas a las que (quizá) no estás prestando atención

Alimentación segura en verano: cosas a las que (quizá) no estás prestando atención

Gran parte de las intoxicaciones alimenticias propias de los meses de más calor se pueden evitar con gestos realmente sencillos

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Seguro que lo has visto en mil programas de cocina: chefs que pasan el paño tras prácticamente cada elaboración; que limpian cada utensilio o cada superficie que uitlizan, segundos después de su uso… Una ‘obsesión’ por la limpieza nada arbitraria; y es que, más allá la mala imagen que da parecer ‘Mari la cochina’ (nos encanta esta expresión de Pepe Rodríguez), prestar atención permanente a la higiene a la hora de cocinar resulta fundamental a la hora evitar posibles intoxicaciones alimentarias, muy especialmente en verano.

Como sabemos, es con el calor y las altas temperaturas cuando las bacterias se multiplican de manera exponencial. Y quien ha tenido la mala suerte de sufrir un problema de intoxicación relacionado con la ingesta de un alimento, bebida, o receta en mal estado, sabe de sobra que las consecuencias no son precisamente ‘bonitas’: desde un incómodo malestar de estómago, a síntomas más graves como fiebre, vómitos, diarrea, calambres abdominales, deshidratación

Lógicamente el riesgo cero es imposible, pero cierto es también que, con una serie de gestos muy simples, las posibilidades de intoxicación alimentaria se minimizan mucho. Gestos, por cierto, que empiezan en el mismo mercado. A continuación, te recordamos algunos de los más importantes. Échales un vistazo y, si alguno no forma parte de tus rutinas, sería buena idea incorporarlo de cara a evitar que una agradable comida o cena de verano termine de la forma más inesperada…

TIPS PARA UNA ALIMENTACIÓN SEGURA

  • En el súper. Comprobar bien las etiquetas de los alimentos que compramos debería ser siempre una pauta a seguir. Allí encontramos no solo una (utilísima) información nutricional, sino las fechas de consumo preferente y de caducidad y, según el producto, también las condiciones de conservación. No están ahí por capricho, así que no deberíamos pasarlas por alto. Si no llevan etiqueta (frutas, verduras…) siempre trata de comprar alimentos lo más frescos posible.
  • Mantener la cadena de frío, fundamental. Los alimentos que requieren frío o congelación deberían mantenerse así hasta que vayamos a utilizarlos. Sus temperaturas no pueden andar fluctuando, de modo que, si estamos en el súper, deberemos esperar al último momento para meterlos en el carrito, y llegar a casa en el menor tiempo posible para conservarlos en nevera o congelador.

  • Baldas y cajones, bien limpios. Deberemos cuidar, además, de que estos electrodomésticos -nevera y congelador- estén siempre bien limpios, sin restos de comida o líquidos derramados (foco de gérmenes y contaminación) e introducir en en ellos los alimentos bien tapados y protegidos.
  • Crudos lejos de cocinados. Una vez en casa, es importante conservar bien separados los productos crudos de los cocinados para que no se produzca la ‘Contaminación cruzada’. El objetivo es evitar la posible transmisión de microorganismos entre los alimentos. Algo a lo que debemos prestar también mucha atención durante la preparación de las recetas: nunca mezclar utensilios y recipientes que hayamos utilizado para alimentos crudos con los que usamos para los cocinados y crudos.
  • Limpieza de superficies y utensilios, manos incluidas. La crisis sanitaria del Covid nos ha demostrado cómo la limpieza permanente de manos ha sido uno de los factores para evitar infecciones. Así que, aquí llegamos ya ‘aprendidos’; nunca como hoy habíamos estado tan acostumbrados a limpiar nuestras manos, así que no dejemos de hacerlo, tampoco antes de cocinar. Son, sin duda, un utensilio más a hora de manipular alimentos, de modo que tanto manos como resto de menaje (tenedores, tijeras, cuchillos, etc) deberán estar perfectamente limpios antes de cada elaboración de nuestra receta. También deberán estarlo, por supuesto, las superficies sobre las que vayamos a trabajar.

  • Técnicas de cocina. Lo ideal en verano, sobre todo si se trata de comida que vamos a meter en un táper, es apostar por cocinados mediante tratamientos prolongados y a altas temperaturas (horno, guisos, frituras…). De este modo evitaremos que los alimentos queden parcialmente crudos, posible causa de intoxicación posterior.
  • Comida preparada, enseguida a refrigerar. Otro error común es, una vez hemos comido, tardar demasiado en que los restos, si los hay, vuelvan a la nevera. Si vamos a refrigerarlos, es mejor que no permanezcan demasiado tiempo a temperatura ambiente (que, en verano, suele ser muy alta) antes de devolverlos al frigorífico. 
  • Descongelación sí, pero bien. Resulta también muy importantedes descongelar de forma adecuada los alimentos. Lo ideal es hacerlo siempre en la nevera, y si prisas. En verano, mejor no dejarlo fuera, a temperatura ambiente. Una vez descongelado se cocinará lo antes posible y nunca se recongelará de nuevo. 
  • Verduras y frutas. Si vamos a comerlas en crudo debemos lavarlas concienzudamente. Incluso si se trata de alimentos que vamos a pelar, no está demás pasarlos previamente por el grifo. Si se trata de recetas para llevar, como ensaladas, intentar prepararlas en el último momento.

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  • Productos lácteos. Siempre bien refrigerados y recuerda meterlos también en el último momento en la mochila o la cesta de picnic, justo antes de salir de casa. Lo más adecuado sería en estos casos disponer en casa de bolsas isotérmicas o fiambreras isotermas, que ayudan a mantener las temperaturas.
  • Carnes y pescados. Siempre en la nevera también y no tardar muchos en cocinarlos. Recuerda que la carne más perecedera es la picada (24-48 horas). Si tienes dudas sobre su buen estado, presenta algún olor que no corresponde, mejor desecharla (lo mismo que con el pescado). Aunque lo ideal es no llegar a ese punto y tratar de evitar siempre que los alimentos terminen en la basura antes tiempo.

EL HUEVO, ATENCIÓN ESPECIAL

La temida salmonelosis hace que el huevo sea uno de los alimentos a los que debemos prestar una atención especial en verano. Eso no significa, en absoluto, que debamos evitarlo en nuestros menús: es, sin duda, una de las mejores fuentes de proteína, y además nos ofrece mil y una posibilidades culinarias. Simplemente, tendremos que estar pendientes de cuestiones como estas (sobre todo si se trata de comida para llevar):

  • Bien cuajado. Aunque nos encanten esas tortillas de interior semilíquido, no son la mejor idea en verano, especialmente si las vamos a preparar para llevar en un táper a la playa o al campo. El huevo deberá estar bien cocinado porque así es más seguro. Otra opción son las tortillas que venden ya preparadas, normalmente elaboradas con huevo pasteurizado.
  • Salsas sin huevo. De la misma forma, deberemos evitar en la medida de lo posible salsas que incluyan huevo entre sus ingredientes: mayonesas, etc.
  • Cuidado en la cocina. Aquí es especialmente importante evitar la contaminación cruzada de la que hablábamos antes: nunca usar un recipiente donde hemos batido previamente huevo, o un tenedor que ha entrado en contacto con ese huevo crudo… Hay que lavar siempre estos elementos antes de volver a usarlos.
  • Sobre las cáscaras. también debemos evitar romper las cáscaras sobre el mismo recipiente donde vayamos a cocinar o batir los huevos. Y, en cuanto las hayamos cascado, hay que tirarlas directamente a la basura (nada de que permanezcan en la encimera o superficies de trabajo). Por último, en relación a su posible lavado: si la cáscara del huevo que vamos a usar está sucia, puedes pasarla un poco por el grifo pero siempre, justo antes de utilizarlo (lavarlos y después conservarlos es una pésima idea porque la cáscara está recubierta por una capa protectora denominada cutícula que evitar que las bacterias penetren a través de sus poros).

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