Una presentación para pedir permiso para hacerse una permanente: Harper Beckham, de 15 años, se tomó en serio lo de preparar sus argumentos antes de hablar con su madre. Victoria contó la anécdota el pasado 13 de octubre en Today with Jenna & Sheinelle, donde explicó que su hija había elaborado dos ppt's, una para proponerle crear una marca de belleza y otra para convencerla de que la dejara rizarse el pelo. La segunda recibió un rotundo "no" por respuesta.
Puede que tú también hayas tenido esa conversación en casa. O que recuerdes una foto de tu madre con un rizo que ocupaba bastante más que su cabeza. Pero, mientras algunas todavía recuerdan su experiencia con pocas ganas de repetir, otras descubren la posibilidad de tener los rizos que siempre han querido.
Lo entiendo. Tengo el pelo rizado y he pasado años intentando alisármelo. Ahora que empiezo a quererlo tal como es, me sigue sorprendiendo escuchar a alguien decir que pagaría por conseguirlo. La petición de Harper me dio la excusa para llevar la conversación a la peluquería. Así que me dispuse a hablar con Camilo Mutis y Macarena Fernández de Zach Estilistas, en Madrid, para saber qué implica hacerse hoy una permanente. Y, sobre todo, qué deberíamos preguntar antes de pedirla.
El rizo se elige, pero el pelo también decide
Decir "quiero una permanente" deja unas cuantas cosas en el aire. ¿Quieres un rizo pequeño y marcado? ¿Una onda amplia? ¿Más volumen? Bajo el mismo nombre caben acabados distintos.
Camilo explica que el diámetro de los bigudíes, los moldes sobre los que se enrollan los mechones, influye en el resultado. Los más finos permiten conseguir un rizo más cerrado; los gruesos, una forma más abierta. Cuando le pregunto cuál se pide más, responde: "El grueso". Una pista del acabado que interesa a quienes se animan a probarla. Y es que, aunque no te lo creas, esta técnica que muchas seguimos asociando a los ochenta o a señoras mayores, está volviendo. Treatwell ya recogía en su informe de 2019 un aumento del 82 % en las reservas de permanentes respecto a los meses anteriores.
La elección del molde forma parte de un trabajo que debe adaptarse a cada melena. En la conversación con Macarena también aparece la importancia de ajustar el tiempo de exposición al resultado buscado y al cabello sobre el que se trabaja. Ese tiempo corresponde decidirlo al profesional siguiendo el protocolo del producto. Por eso conviene llevar una foto y hablar de ella. Qué te gusta de ese pelo, cuánto volumen quieres y cómo esperas llevarlo después. Una onda suelta y un rizo pequeño pueden resultar igual de apetecibles en una imagen, pero no son la misma petición.
Antes de empezar, cuenta todo lo que llevas hecho
La parte menos vistosa de la consulta es una de las más importantes. Mechas, decoloraciones, alisados… El peluquero necesita conocer el historial del cabello, también lo que te hiciste en otro salón o hace meses. La raíz habrá crecido, pero parte de ese pelo tratado puede seguir en los largos. Camilo pone el foco en la resistencia de la fibra y habla de "un pelo fuerte" al explicar qué cabello puede estar en mejores condiciones de someterse al proceso. También advierte de las precauciones que requieren las melenas decoloradas o con alisados previos y de la posibilidad de que se produzca rotura. La permanente modifica mediante un proceso químico parte de los enlaces internos del cabello para fijarlo con otra forma. De ahí que el diagnóstico previo tenga tanto peso.
Durante la conversación, Camilo señala la prueba en un mechón como una forma de comprobar cómo responde el pelo antes de realizar el servicio. Pedir un rizo menos marcado no evita esa valoración. El profesional debe comprobar si la melena puede soportar el tratamiento, además de entender qué acabado queremos. Por eso, la pregunta que plantea el caso de Harper Bechkam va más allá de cómo le quedaría el pelo rizado: antes habría que valorar si su melena está en condiciones de hacerse una permanente
¿Se va con los lavados o toca dejarlo crecer?
Esta pregunta merece hacerse antes de empezar. Tal y como nos explica Macarena, el rizo puede evolucionar, pero el cabello tratado no equivale a un peinado que desaparece al lavarlo. La raíz nueva crecerá con su textura natural. Si tienes el pelo liso, irá apareciendo liso mientras los medios y las puntas conservan el moldeado. Y es importante que tengas en mente cómo convivirán esas dos texturas o si qué harás cuando pase antes de realizarte el tratamiento.
Camilo recuerda que intentar eliminar la permanente mediante otro tratamiento químico supone volver a intervenir sobre ese cabello. Por eso conviene valorar su estado antes de plantearse un alisado. Dejarlo crecer e ir cortando la parte moldeada permite retirarla sin añadir ese nuevo proceso.
Si en el salón te hablan de una permanente más suave, pide que te expliquen a qué se refieren. ¿Al tamaño del rizo? ¿A su intensidad? ¿A cómo irá perdiendo forma? Son detalles que cambian mucho lo que esperamos del resultado.
Qué le diría un peluquero a una adolescente como Harper
Victoria Beckham lo tiene claro, pero ¿qué le diría un peluquero a una adolescente que llegara al salón con la misma petición que su hija? Cuando se lo pregunto a Camilo, responde: "Hablaría con ella". Antes de escoger el molde o el producto, dedicaría tiempo a esa conversación. Qué quiere conseguir, de dónde sale la idea y qué sabe de lo que va a hacerse.
Probar primero un peinado temporal con rulos puede ser una prueba buenísima para verse con otra textura antes de dar el paso. Es importante comprobar si gusta ese volumen alrededor de la cara, cómo encaja con el corte y si apetece seguir llevándolo una vez pasada la novedad. También permite afinar la petición. A veces lo que nos gusta de una melena es el movimiento de las puntas o una onda concreta. Identificarlo ayuda al peluquero a proponer opciones.
El rizo también necesita que le cojas el truco
Una vez hecha, en casa es recomendable aplicar cuidados específicos de cabello tratado y usar el difusor como herramienta para ayudar a definir el rizo durante el secado. La permanente cambia la forma del pelo; pero después hay que aprender a manejarla.
El PowerPoint de Harper no consiguió convencer a Victoria. Pero la adolescente tenía razón en algo: un cambio así merece preparar la conversación. Y llevar al salón una pregunta antes que la foto: "¿Cómo quedaría esto en mi pelo?".










