Hace apenas unos años, si alguien se hubiera pedido un día libre para cuidar a un perro o a un gato enfermo, probablemente lo habrían tomado por loco. Hoy, sin embargo, cada vez más personas organizan sus vacaciones, sus horarios e incluso su vida familiar en función de sus animales de compañía. Tanto ha cambiado nuestra relación con ellos que Italia ya permite en determinados casos ausentarse del trabajo para atender a una mascota enferma. Una medida que refleja una realidad cada vez más evidente y que abre una pregunta que empieza a ganar fuerza también en España: si para millones de personas perros y gatos son un miembro más de la familia, ¿deberían existir permisos laborales para cuidarlos cuando más nos necesitan? Para Elisenda Saperas, veterinaria y responsable de Comunicación en Purina España, este debate no surge por casualidad, sino porque "cada vez entendemos mejor que los animales de compañía no son solo mascotas, sino seres con los que establecemos vínculos emocionales muy fuertes".
Italia ya permite permisos laborales para cuidar mascotas enfermas. ¿Estamos ante un cambio real en la forma de entender a los animales de compañía?
Sin duda, es un reflejo claro de un cambio social profundo. Cada vez entendemos mejor que los animales de compañía no son solo "mascotas", sino seres con los que establecemos vínculos emocionales muy fuertes. Este tipo de medidas reconocen algo que ya ocurre en la realidad, y es que las personas sienten responsabilidad y apego hacia sus animales, y eso también forma parte de su vida personal y emocional.
En España, ¿crees que estamos preparados para reconocer legalmente este tipo de permisos o aún queda camino por recorrer?
Hemos avanzado mucho, pero todavía queda camino. En España ya existe una mayor sensibilidad hacia el bienestar animal, tanto a nivel social como legislativo. Sin embargo, trasladar eso al ámbito laboral requiere un debate más amplio. Creo que estamos en el momento de empezar a plantearlo seriamente, aunque probablemente el cambio llegará de forma progresiva.
Cada vez entendemos mejor que los animales de compañía no son solo “mascotas”, sino seres con los que establecemos vínculos emocionales muy fuertes.
¿Cómo ha evolucionado en los últimos años el vínculo entre las personas y sus mascotas? ¿Realmente las consideramos ya parte de la familia?
El cambio ha sido enorme. Esto refleja cómo las personas integran a sus animales en su día a día, en sus decisiones y en su bienestar emocional. Desde mi experiencia, la mayoría de los tutores ya consideran a su mascota como un miembro más de la familia, con todo lo que eso implica en términos de cuidados, tiempo y afecto.
Desde el punto de vista emocional, ¿qué impacto tiene en una persona no poder cuidar a su mascota cuando está enferma? ¿Se curan antes si estamos con ellos?
El impacto emocional es significativo. Al tutor le puede generar angustia, culpa e incluso sensación de impotencia el no poder estar ahí con su animal. Y aunque no podemos decir que la presencia del tutor cure por sí sola, sí sabemos que el bienestar emocional del animal mejora cuando está acompañado por su figura de referencia. Eso reduce el estrés, y el manejo del estrés es un factor clave en la recuperación.
La mayoría de los tutores ya consideran a su mascota como un miembro más de la familia, con todo lo que eso implica en términos de cuidados, tiempo y afecto.
Cada vez más empresas permiten llevar el perro a la oficina. ¿Es esto un beneficio real para la productividad o puede convertirse en una distracción? ¿Qué normas básicas de convivencia debería tener una oficina pet-friendly?
Es un beneficio real si se gestiona bien. La presencia de animales puede reducir el estrés, mejorar el ambiente laboral y fomentar la cohesión de equipo. Pero no es automático: sin normas claras, puede convertirse en una fuente de conflicto o distracción.
Las claves son muy básicas: animales bien socializados, respeto a quienes no quieren interactuar con ellos, espacios definidos, control sanitario y responsabilidad total por parte del tutor. No todas las oficinas ni todos los perros son adecuados, y eso también hay que decirlo con claridad.
Cuando una mascota fallece, el impacto emocional es devastador, pero socialmente a veces se minimiza. ¿Deberían existir días de permiso por fallecimiento de un animal de compañía?
Es un tema delicado pero necesario. El duelo por una mascota es real y puede ser muy profundo. No reconocerlo socialmente genera incomprensión y aislamiento emocional. Desde mi punto de vista, abrir la conversación sobre este tipo de permisos es coherente con la realidad social actual. Otra cosa es cómo se articule legalmente, pero el reconocimiento emocional debería ser el primer paso.
El duelo por una mascota es real y puede ser muy profundo. No reconocerlo socialmente genera incomprensión y aislamiento emocional.
¿Puede este tipo de medidas (como permisos para mascotas) influir en la productividad o el bienestar laboral de los empleados?
Sí, y de forma positiva si se aplican con sentido común. Cuando una persona siente que su empresa entiende su realidad personal, aumenta su compromiso, su motivación y su bienestar. Ignorar estas necesidades, en cambio, puede generar estrés y desconexión. Se trata de cultura empresarial y fidelización del talento.
¿Crees que en los próximos años veremos cambios legales en España en esta línea o seguirá siendo una decisión individual de cada empresa?
Creo que veremos ambas cosas. A corto plazo, serán las empresas las que lideren este tipo de iniciativas como parte de sus políticas de bienestar. A medio plazo, si la tendencia social sigue consolidándose, no sería extraño que se abra un debate legislativo más formal. Estos cambios no suelen ser inmediatos, pero claramente la dirección ya está marcada.








