Seguramente tienes en tu armario alguna prenda con el logotipo de una montaña o conoces a alguien que no sale de casa sin su chaqueta técnica cuando aprieta el frío. The North Face es hoy un gigante global, pero lo que casi nadie sabe es que su fundador, Douglas Tompkins, llegó a una conclusión inesperada cuando ya lo tenía todo: "He escalado la montaña equivocada".
Una frase que, según recoge el periodista Jonathan Franklin en Una idea descabellada (HarperOne, 2021), marcó un antes y un después no solo en su vida, sino en la historia de la conservación moderna.
De rebelde expulsado a visionario de los negocios
Doug Tompkins nunca encajó en el molde tradicional. Fue expulsado del instituto, rechazó la universidad y decidió dedicar su vida a lo que realmente le apasionaba: escalar, esquiar y explorar.
A mediados de los años 60 fundó en San Francisco una pequeña tienda de material de montaña que acabaría convirtiéndose en The North Face. Pero, como explica Franklin, aquel local era casi más una 2galería bohemia" que un negocio al uso, un punto de encuentro de escaladores, aventureros y espíritus libres.
Lo más sorprendente es que no se quedó a ver crecer su creación: vendió la empresa por unos 47.000 euros cuando apenas empezaba a despegar.
El empresario que también influyó en el nacimiento de la marca Patagonia
Su historia se cruza aquí con la de Yvon Chouinard, amigo íntimo y futuro fundador de Patagonia. Durante una mítica expedición a la Patagonia en 1968, ambos pasaron días atrapados por el mal tiempo hablando de todo… también de negocios.
Tompkins lanzó una idea clave: el material de escalada duraba años, pero la ropa se renovaba constantemente. Ese razonamiento empujó a Chouinard hacia el negocio textil. El tiempo demostraría que no iba desencaminado.
De millonario de la moda a sentirse en el lugar equivocado
Tras vender The North Face, Tompkins se volcó en otro proyecto junto a su entonces esposa, Susie: Esprit, una marca que arrasó en los años 80 y lo convirtió en multimillonario.
Vivía rodeado de lujo, viajaba por el mundo, conducía coches deportivos y pilotaba sus propios aviones. Pero algo empezó a cambiar.
Según relata Franklin, llegó un momento en el que sintió que estaba dedicando su vida a "fabricar cosas que nadie necesitaba". Fue entonces cuando asumió que, pese a su éxito, estaba en el camino equivocado.
Y decidió romper con todo.
El giro radical: venderlo todo y "cambiar de bando"
En 1991 vendió su participación en Esprit y tomó una decisión que nadie esperaba: se mudó al sur de Chile y empezó a comprar enormes extensiones de terreno. Pero no para construir, ni para especular, ni para explotar recursos. Para protegerlas.
Inspirado por figuras como el ecologista David Brower, Tompkins decidió dedicar su fortuna a revertir el daño ambiental que, en parte, sentía haber contribuido a generar.
Lo que vino después fue tan polémico como fascinante.
Cuando Tompkins empezó a comprar miles de hectáreas en la Patagonia, en Chile saltaron todas las alarmas. Nadie entendía qué hacía un millonario estadounidense adquiriendo terrenos para… no hacer nada con ellos.
Surgieron todo tipo de teorías: que era un espía, que buscaba recursos ocultos, que pretendía controlar el agua o incluso que quería fundar un nuevo Estado en la zona.
La idea de la filantropía ambiental a gran escala era tan desconocida que muchos pensaron que había algo más detrás. Pero no lo había.
Un proyecto imposible: comprar, restaurar y donar
Junto a su gran aliada, Kristine McDivitt Tompkins, ex CEO de Patagonia y su pareja desde 1994, Tompkins puso en marcha un plan tan ambicioso como inusual empezó a comprar tierras degradadas o amenazadas, comenzó a restaurar ecosistemas y a reintroducir fauna, con el objetivo final de donarlas para convertirlas en parques nacionales.
No se trataba solo de conservar, sino de "curar" la tierra. Pues esto conseguía eliminar cercas para que especies como pumas o guanacos pudieran moverse libremente, protegían bosques milenarios como los de alerce andino (capaces de vivir más de 3.000 años) y reconstruían ecosistemas enteros.
Con el paso de los años, su trabajo ayudó a proteger millones de hectáreas en Chile y Argentina y a impulsar la creación o ampliación de parques nacionales como Pumalín, Corcovado, Monte León, Patagonia o Iberá.
Su gran visión culminó en la Ruta de los Parques de la Patagonia, un corredor de más de 2.800 kilómetros que conecta múltiples espacios protegidos.
Uno de los mayores proyectos de conservación privada jamás impulsados.
Una muerte tan inesperada como su vida
El final de Douglas Tompkins fue tan impactante como su trayectoria. En diciembre de 2015, durante una travesía en kayak en el lago General Carrera, en la Patagonia chilena, su embarcación volcó en condiciones extremas. Permaneció demasiado tiempo en aguas heladas y murió poco después por hipotermia.
Había sobrevivido a algunas de las aventuras más peligrosas del planeta… y falleció en una salida que parecía rutinaria, rodeado de amigos y en el lugar que había elegido para cambiar su vida.
Hoy, Douglas Tompkins no es recordado solo por haber cofundado The North Face o por su éxito empresarial sino por usar su dinero para devolverle espacio a la naturaleza y asi poder escalar la montaña correcta.










