Hay parejas que hablan de su historia de amor y parejas que no necesitan hacerlo: basta con ver cómo se miran. Francisco Rivera y Lourdes Montes son de estas últimas y, después de reunirnos con ellos en Málaga, podemos dar fe. Dieciséis años después de aquel primer encuentro en la Feria de Abril de Sevilla de 2011, entre ellos siguen intactas las miradas, la complicidad y ese entendimiento que no se fuerza. Allí, en aquella feria, Francisco ya había echado el ojo a Lourdes. Lo que quizá no imaginaba entonces es que aquella mujer acabaría convirtiéndose en el amor de su vida y en la madre de sus tres hijos en común: Carmen, de 11 años; Curro, de 7; y el pequeño Nicolás, nacido el pasado 9 de abril de 2025. "Lo mejor que me ha pasado en mi vida es Lourdes", nos deja más que claro.
Y no es una frase hecha más. Basta compartir un rato con ellos para comprobar que, entre bromas y conversaciones, siguen funcionando como ese equipo que han ido construyendo con los años. Lourdes escucha, Francisco responde; uno termina la frase del otro y, entre medias, aparecen esas pequeñas miradas que dicen tanto como sus palabras. Dieciséis años después, parece que aquel flechazo sevillano no solo sobrevivió: encontró en Málaga una nueva ocasión para demostrarnos que sigue muy vivo.
Cuando le preguntamos qué balance hace de estos años junto a ella, Fran no se lo piensa dos veces: "Lourdes me ha hecho mejor en todos los sentidos: mejor hombre, mejor persona, mejor padre". Y, para explicar el lugar que ocupa su mujer en su vida, recurre a una imagen tan sencilla como certera: "Yo digo que Lourdes es mi timón. Yo soy el casco del barco, Lourdes, el timón, y los niños son las velas".
Una declaración de amor en toda regla que dice mucho de la admiración que siente por su mujer y de la manera en la que entiende la familia. Porque, cuando le preguntamos qué cualidad admira más en ella, la respuesta se le queda pequeña en singular. "Pues muchas", comienza. Y a partir de ahí, la lista crece: "Lourdes tiene unos valores increíbles, un criterio cabal, el amor lo antepone ante todo, es una mujer de familia, una amiga de sus amigas increíble".
Y no se queda ahí. También destaca su educación, su sensibilidad y esa elegancia que, para él, va mucho más allá de la imagen: "Ya no solo una educación, una sensibilidad… para todo, brutal, una elegancia ante la vida…". Una forma de ser que Francisco conoce bien y que ya nos resumía durante esta misma entrevista al hablar de otra cuestión: "Yo noto todos los detalles, incluso los que pasan desapercibidos para otros".
Pero si hay algo que ha hecho crecer todavía más su admiración por Lourdes han sido los momentos difíciles. Es ahí donde, según cuenta, ella ha demostrado de verdad de qué está hecha. "Cuando ha habido momentos complicados en la familia, la que ha echado cojones es Lourdes", afirma con contundencia. Y reconoce que, en esas situaciones, también él ha aprendido de ella: "A mí me ha dado una lección en la vida increíble".
Después de dieciséis años, Francisco habla de una relación construida a partes iguales sobre el amor, el entendimiento y una complicidad que parece seguir intacta. "Nos complementamos increíblemente bien, aparte que nos entendemos y tenemos una complicidad absoluta", explica. Y, para poner el broche, vuelve a esa metáfora del principio, quizá la que mejor resume lo que Lourdes significa para él: "Es mi complemento perfecto; el timón de mi alma". Ni más ni menos.






