Elegancia, talento y una presencia que trasciende generación tras generación. Ana Belén vuelve a la gran pantalla como actriz protagonista después de dos décadas. Tras años centrada en la música y el teatro, la artista, de 74 años, regresa al cine con la película Islas, un drama intimista sobre la salud mental que explora temas como el paso del tiempo, el olvido, la soledad y el miedo y llega a los cines el 27 de febrero. Ana Belén se mete en la piel de Amparo, una mujer sola y en la ruina, con su carrera de actriz acabada, que decide suicidarse en el mismo hotel donde rodó una de sus olvidadas películas. Ella espera que la prensa al menos se haga eco de su desesperado final. Pero en su camino se cruza Toni (Manu Vega), un joven de 20 años tan atormentado como ella. Durante dos días se descubrirán el uno al otro y comprobarán que ninguno es lo que parece.
Ana Belén promete en pantalla esa emoción, talento y magnetismo que siempre la ha distinguido a lo largo de su trayectoria. Protagoniza Islas 20 años después de su último gran papel en Cosas que hacen que la vida valga la pena (2004), junto a Eduard Fernández y bajo la dirección de Manuel Gómez Pereira. En este tiempo, ha brillado en los escenarios como cantante y en colaboraciones especiales en series Un cuento perfecto y Traición, además de un breve papel en La reina de España (2016).
Un regreso épico
"Con Islas me enfrento a un nuevo y gran reto, no por muchos años trabajados el reto es mínimo, al contrario, es mayor", revela la actriz. Después de 40 películas en su haber, la mujer de Víctor Manuel reconoce que en esta cinta hay muchas escenas potentes y emotivas, muy fuertes a nivel emocional, y le acompaña en este desafío, Manu Vega, un joven de 35 años, para quien es un honor haber trabajado con una actriz de su talento: "Ana Belén es maravillosa. Rodar con ella ha sido un sueño. Después de tenerla tan idealizada, es muy bonito descubrir una persona tan humilde, tan normal y tan profesional, que tiene claro que lo importante es la película y no ella", revela en Kinótico. Juntos han rodado este filme a las órdenes de Marina Seresesku, ambientado en un hotel junto al mar en Canarias, que también expone y da algunas pinceladas de la situación social que viven actualmente las islas en relación con la inmigración.
Ana Belén se siente dichosa de volver al cine ya reivindicó su sitio cuando le concedieron el Goya de Honor en 2017. "Me encantaría hacer más cine, sinceramente. Me gusta mucho el cine y me gustaría seguir haciendo más; me siento con energía", declaró en un acto celebrado en la sede de la Academia de Cine. Años después su deseo se ha hecho realidad después de cinco veces nominada a los Premios Goya, cuatro como mejor actriz protagonista (Miss Caribe, 1989; El vuelo de la Paloma, 1989; La pasión turca, 1994; y Cosas que hacen que la vida valga la pena, 2004) y una como directora novel (Cómo ser mujer y no morir en el intento, 1991).
Su debut con 13 años
Ana Belén, nacida como María del Pilar Cuesta Acosta, recuerda con cariño a la niña de 13 años que debutó en el cine en 1965 con Zampo y yo, bajo la dirección de Luis Lucia. Se reconoce en esa versión joven de sí misma: sensible ante las injusticias, tímida e ingenua, pese a su falta de experiencia. Su carrera cinematográfica, que resurgió en 1970 tras un paréntesis teatral, es extensa y brillante, con colaboraciones junto a directores como Gonzalo Suárez, Jaime de Armiñán, Pilar Miró, Mario Camus, José Luis García Sánchez, Fernando Trueba, Fernando Colomo y Vicente Aranda. Películas emblemáticas incluyen Morbo (1972), El amor del capitán Brando (1974), La colmena (1982), La casa de Bernarda Alba (1987), La corte de Faraón (1985), Sé infiel y no mires con quién (1985), La pasión turca (1994) y Libertarias (1996). Sus favoritas son La corte de Faraón y La pasión turca, por los personajes que interpretó. Paralelamente, desde finales de los 70 triunfó en la música con discos y giras, y nunca abandonó el teatro, donde trabajó con directores de la talla de José Carlos Plaza, José Luis Gómez, Joan Ollé y Magüi Mira.
Un amor de leyenda
Además de ser una de las artistas más queridas y respetadas del panorama español después de más de 60 años sobre los escenarios, puede presumir de una vida estable a todos los niveles. Conoció al gran amor de su vida, Víctor Manuel, casi por casualidad en un hotel de A Coruña en 1971: ella llegaba con la obra Sabor a miel y él de gira con Julio Iglesias. Hubo flechazo, pero entonces nada ocurrió porque Víctor Manuel tenía novia. Un año después, sin embargo, volvieron a coincidir, esta vez como protagonistas de la película Morbo, dirigida por Gonzalo Suárez. Aunque el cantautor estaba enamoradísimo de ella, fue la actriz quien dio el primer paso. La pareja se casó el 13 de junio de 1972 en Gibraltar en una ceremonia civil, una boda que no fue válida legalmente en España durante décadas. Fruto de su amor nacieron sus dos hijos, David, en 1976, y Marina, en 1983, y a día de hoy tienen dos nietos, Olivia y León, hijos de su primogénito, David San José (productor musical).
Ana Belén y Víctor Manuel, una de las parejas más sólidas y admiradas del panorama artístico español, atesoran más de medio siglo de amor. Ambos coinciden en que la clave de su larga vida sentimental reside en varios pilares: la complicidad, el humor y una visión poco convencional del matrimonio. "Yo siempre digo que la relación con Ana es provisional, por eso funciona bien", destaca Víctor Manuel, mientras que Ana Belén enumera lo con cariño cada una de sus cualidades: "Tiene un sentido del humor fantástico. Es muy calmado, relativiza mucho todo… Es muy buen hombre, muy buena persona. Siempre ha ayudado a la gente", contó en Harper's Bazaar. Y además: "Es un tío con el que me río. Somos muy cómplices, compartimos mucho, tenemos gustos parecidos y, aunque caracteres diferentes, somos muy disfrutones". Una fórmula sencilla, basada en el cariño, el respeto y la admiración mutua, que sigue funcionando después de 55 años juntos.












