Eugenia Martínez de Irujo en Ibiza sin José Coronado... pero sin despegarse del móvil

Mientras el actor continúa rodando su última película en Madrid, la Duquesa de Montoro disfruta en la isla Pitiusa de los últimos coletazos del verano junto a su hija, su hermano Fernando y unos amigos

por hola.com

Eugenia Martínez de Irujo es la viva imagen de la felicidad. Después de los duros momentos vividos tras la muerte de su madre, la Duquesa de Alba, el pasado mes de noviembre, la Duquesa de Montoro ha vuelto a sonreír… y el responsable no es otro que José Coronado, que ha conseguido que su corazón vuelva a latir con fuerza.

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Fueron las páginas de la revista ¡HOLA! las que descubrieron hace unas semanas a la sorprendente nueva pareja, que ha decidido no esconderse. Sobre todo José, que siempre ha mantenido con la prensa una relación excelente y prefiere vivir con naturalidad todos y cada uno de los noviazgos que ha mantenido. "Estoy feliz", contestó al día siguiente de conocerse su relación con Eugenia.

Desde que saliera a la luz su romance, la pareja se ha cuidado mucho de mantener en la intimidad las primeras semanas de relación. Mientras que el intérprete se ha dejado ver cumpliendo con sus compromisos profesionales, la aristócrata se ha divertido en Marbella asistiendo a las numerosas reuniones sociales y conciertos como el de Enrique Iglesias que compartió con su hija, Tana.

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Mientras que el actor continúa en Madrid volcado en el rodaje de su última película El hombre de las mil caras, de Alberto Rodríguez, Eugenia apura sus últimos días de vacaciones antes de volver a la rutina y ha viajado con su hija a Ibiza, uno de sus destinos predilectos. En compañía de su hermano Fernando y de un nutrido grupo de amigos, madre e hija disfrutaron de un divertido día en alta mar a bordo de un yate.

Todo el grupo decidió comer a bordo de la embarcación, y más tarde Eugenia, que no se despegó de su teléfono móvil en ningún momento, atendió una llamada y se apartó del resto de pasajeros para gozar de mayor intimidad. Muy sonriente, cual adolescente enamorada, mantenía una animada charla con su interlocutor, quizá su enamorado. Más tarde se reunía de nuevo con dos amigas con las que se la pudo ver conversando de lo más sonriente, quizá haciéndoles partícipes de su felicidad.

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Entretanto, Tana aprovechó para hacer una llamada, quizá a su padre, Francisco Rivera, para preguntarle por su recuperación y por su hermanita, Carmen, que vino al mundo el pasado 20 de agosto. Al caer la tarde, todos regresaban a puerto.