Cruzar el puente levadizo de un castillo, asomarse a la torre del homenaje o caminar por el adarve tiene algo de conquista y de viaje en el tiempo. Durante siglos, las fortalezas españolas sirvieron para resistir asedios, vigilar territorios y marcar el poder de quienes las levantaron, pero también fueron escenario de la vida cotidiana de sus señores, que poco a poco transformaron las estancias defensivas en palacios donde vivir, celebrar y recibir. Hoy, sus murallas siguen en pie y se pueden recorrer de torre en torre, descubrir salones, patios y armas, conocer historias de nobles y reinas y contemplar desde lo alto paisajes que explican por qué se construyeron allí.
Pero no todos los castillos cuentan la misma historia ni tienen la misma manera de recibir al visitante. En Córdoba, el de Almodóvar del Río conserva el aire de una gran fortaleza medieval y unas vistas que explican su estratégica ubicación junto al Guadalquivir. En Segovia, el de Coca sorprende por sus muros de ladrillo y por una arquitectura que se aleja de la imagen más habitual de un castillo. En Cuenca, el de Belmonte guarda entre sus torres la historia de los Pacheco y la huella de Eugenia de Montijo, que impulsó su restauración. Y en Navarra, el Palacio Real de Olite parece hecho para otra vida de corte, con torres, galerías, jardines y hasta animales exóticos. Cuatro fortalezas muy diferentes, un mismo plan para este otoño: cruzar sus puertas, subir sus torres y dejar que sean sus piedras las que cuenten la historia.
Castillo de Almodóvar del Río, Córdoba
En lo alto de un cerro, mirando de frente al Guadalquivir, el castillo de Almodóvar del Río parece saber que tiene una de las mejores vistas del blanco caserío y de la campiña cordobesa. Sus torres, almenas y murallas de época medieval cuentan una larga historia que pasa por Al-Ándalus, el conde de Torralva —que empeñó su fortuna en restaurarlo— y hasta Juego de tronos. Un castillo imponente, sí, pero también muy entretenido.
- No te pierdas: el salón del trono, en la torre del homenaje, y la colección de espadas, con réplicas de las del Cid o Robin Hood y una Excalibur clavada en una roca.
- Una curiosidad: sirvió de escenario de rodaje de Juego de tronos, convertido en Altojardín.
- La visita: se hace por libre, con plano y paneles explicativos o con audioguía (11 €). También las hay guiadas teatralizadas (16 €). Los días 30 y 31 de octubre acoge el evento Luna Negra (15 €).
Castillo de Coca, Valladolid
La Casa de Alba es la propietaria de esta soberbia fortaleza en mitad de la llanura segoviana, sin montaña ni río que la protejan. Nada tiene que ver con el castillo medieval de piedra que cualquiera puede imaginar; este fue construido ladrillo a ladrillo. Lo levantó en el siglo XV la familia Fonseca, como muestra de poderío, y tiene torres y almenas, sí, pero también muros cuajados de cenefas y dibujos geométricos, obra de artesanos mudéjares. Para acceder a él hay que cruzar un puente que salva su foso seco y desemboca en el patio de armas.
- No te pierdas: en la torre de Pedro Mata, la mazmorra y el conjunto pictórico de la sala de los Jarros, también conocida como de los Secretos por su sorprendente acústica.
- Una curiosidad: el castillo está cedido para albergar un centro de formación forestal, cuyos estudiantes le dan vida.
- La visita: son guiadas y se realizan sábados, domingos y festivos con reserva.
Entrada: 3 €.
Castillo de Belmonte, Cuenca
Mandado construir por Juan Pacheco, el primer marqués de Villena, cruzar su portón de entrada es descubrir salones con artesonados de madera y patios por los que siglos después paseó la emperatriz Eugenia de Montijo, esposa de Napoleón III, que se encargó de devolverle su antiguo esplendor. La cinematográfica fortaleza —escenario de El Cid—sigue hoy en manos de sus descendientes, la familia del aristócrata Javier Fitz-James Stuart y Soto, presidente de la Red de Patrimonio Histórico de España.
- No te pierdas: su planta en forma de estrella de seis puntas, el patio de armas triangular y los interiores con artesonados de madera.
- Una curiosidad: cada mes de septiembre acoge el Torneo Nacional de Combate Medieval Desafío Belmonte.
- La visita: existen diferentes tipos de entradas: libre autoguiada, guiada, teatralizada y otras combinadas con la colegiata de la localidad o con catas de vino y aceite.
- Desde 10 €.
Palacio Real de Olite, Navarra
En torno a la suntuosa construcción que el Rey Carlos III el Noble de Navarra concibió como un palacio de clara influencia francesa gira la vida del pueblo de Olite, de calles estrechas, casas blasonadas y buen vino. El castillo es un laberinto de torres con tejados cónicos —cada una con su leyenda—, galerías y patios que en su día albergaron jardines colgantes y hasta un pequeño zoológico. Aquí la prioridad no era defenderse, sino disfrutar.
- No te pierdas: las vistas sobre los tejados de la ciudad desde los ventanales góticos de la galería del Rey y desde la torre de las Tres Coronas.
- Una curiosidad: la princesa Leonor visitó el conjunto palaciego en septiembre de 2025, durante su primer viaje oficial a la Comunidad Foral de Navarra.
- La visita: son guiadas y se realizan todos los días (7,50 €). Otras incluyen experiencias de realidad virtual (10,40 €) y del 22 de octubre al 1 de noviembre se puede vivir una experiencia inmersiva de terror al caer la noche (20 €).








