Capital del hygge, la vanguardia arquitectónica europea, el diseño escandinavo y una de las escenas culturales más estimulantes de Europa; nunca faltan los motivos para visitar Copenhague.
Sin embargo, hay una sola noche al año en la que la ciudad se transforma por completo, celebrando su escena cultural de una forma particular: la Kulturnatten, también conocida como Noche en Blanco (aunque las fechas difieran en el resto de Europa, donde suele ser en primavera), que convierte la capital danesa y (en particular) el barrio de Frederiksberg en un enorme escenario inmersivo.
En concreto, y durante seis horas, más de 200 instituciones y alrededor de 250 organizadores abren sus puertas con una programación especial que permite entrar en lugares normalmente fuera del circuito turístico; desde laboratorios y bibliotecas hasta antiguos museos científicos, pasando por edificios vinculados a la política y la historia nacional, como el Parlamento. Una oportunidad única para contemplar la capital danesa desde perspectivas inéditas, descubrir rincones desconocidos y hasta asomarse a algunos de sus secretos de la realeza. A continuación, las claves para exprimir al máximo tu próxima visita a Copenhague coincidiendo con esta cita, el próximo 9 de octubre.
Diseño y cinnamon buns
Como la noche será larga, el día comienza sin prisa en Frederiksberg, uno de los barrios más elegantes y agradables de Copenhague. Allí está Hart Bageri (Gl. Kongevej 109, 1850 Frederiksberg), una señalada panadería artesanal a cargo de un exalumno del icónico Noma (y perfecta para entregarte a la tarea de probar sus bollos (o buns) de canela y de cardamomo). Además, el parque homónimo del barrio (inicialmente planeado como jardín real) es ideal para pasear tras un desayuno en clave danesa: café, repostería y arquitectura residencial que convive con sus majestuosas avenidas arboladas.
Arte undeground
Al otro lado del parque se encuentra Cisternerne, uno de los espacios culturales más singulares de toda la capital: nada menos que unas antiguas cisternas subterráneas que comenzaron abasteciendo de agua a la ciudad, pero que hoy funcionan como un espacio dedicado al arte contemporáneo; de hecho, hasta el 30 de noviembre acoge una muestra de Marina Abramovich. La experiencia tiene mucho de viaje al centro de la Tierra (por la oscuridad, humedad, temperaturas frescas y grandes salas abovedadas) sin dejar de ser un must para disfrutar de un lado de Copenhague menos evidente y turístico, ideal para los amantes del arte.
Además, desde allí puedes dirigirte hasta Værnedamsvej, una pequeña calle que actúa de vínculo entre el barrio de Frederiksberg y el Vesterbro, por donde pasear entre sus cafés de especialidad, tiendas independientes y restaurantes.
Smørrebrød entre canales
Tras una pequeña pausa para comer en cualquiera de las cafeterías danesas donde sirven su clásico pan oscuro de centeno, el smørrebrød, en diferentes combinaciones (y generalmente bajo queso, carne o pescado; algo así como los pintxos daneses, salvando las distancias) o incluso acercarse al mercado de Torvehallerne (donde es posible degustar diferentes productos sin perder demasiado tiempo), toca cambiar de perspectiva y conocer la Copenhague desde el agua.
La primera opción es la de acercarse a Nyhavn o Ved Strandepasar para la sobremesa en un barco, cuyo trayecto generalmente recorre Christianborg, la Biblioteca del Diamante Negro, la Ópera, Amalienborg y la famosa Sirenita desde el agua; la segunda, pasear hacia Amalienborg, la residencia oficial de la familia real danesa, y seguir hasta Langelinie para vislumbrar, al menos, la escultura inspirada en el cuento de Hans Christian Andersen antes de prepararse para comenzar la tarde en versión más cultural.
Christianborg y el Versalles danés
Después de un descanso y un aromatizado té negro (o Admiraalksæ) en Østerlandsk Thehus (la casa de té y café más antigua de Copenhague, fundada en 1889), el inicio de la noche comienza en Slotsholmen, una isla que concentra buena parte del poder político e institucional danés y donde se encuentra nuestra primera parada: el Palacio de Christiansborg, o la sede del Parlamento danés, además de uno de los edificios que mejor resumen la historia política de Dinamarca. Desde aquí se puede continuar hacia el otro de los sitios abiertos toda la noche en exclusiva: la Biblioteca Real, un espectacular edificio contemporáneo junto al canal (no en vano conocido como el Diamante Negro, por su particular arquitectura), que contrasta con las fachadas de Slotsholmen.
Los tesoros reales
Tras un primer baño de conocimiento a la historia y política nacionales, nuestra ruta avanza hacia el centro histórico para subir a la Rundetårn (o Torre Redonda), uno de los iconos de la Copenhague de Christian IV (el monarca con el reinado más largo de la historia escandinava); construida en el siglo XVII como observatorio astronómico, es una de las experiencias arquitectónicas (y panorámicas) más importantes de la ciudad.
Después, ponemos rumbo a Rosenborg Slot y la perspectiva nocturna de Kongens Have, el jardín real más antiguo de Copenhague, construido por el monarca danés a comienzos del siglo XVII como residencia de verano, pero también la sede de tesoros como las Joyas de la Corona o una inaudita colección vinculada a la familia real danesa.
Una vuelta a la vida intelectual y creativa
Después de atravesar la bonita zona de Nyhavn (famosa por sus fachadas de colores) iluminada, una ruta alternativa nos lleva hasta el Barrio Latino, para descubrir la arquitectura de la universidad de Copenhague (fundada en 1479). Una vez dentro, es posible vislumbrar patios interiores, librerías, pequeñas galerías e instalaciones científicas solo abiertas al profesorado de investigación o los estudiantes. Una vez en Gråbrødretorv, donde a diario cobra vida la parte más intelectual y creativa de la ciudad, podemos continuar hacia Rundetårn o, directamente, coger el autobús o metro (abierto hasta las 4 am durante esa jornada, e incluido en el Kulturpas), hacia Kongens Nytorv, la penúltima parada de la noche.
Entre bambalinas en el Teatro Real danés
Lo mejor de acercarse al Teatro Real danés, y a su sede histórica (la Gamle Scene) es poder contemplar en primera persona el teatro más antiguo de la ciudad y uno de los más señalados escenarios de ballet de toda Dinamarca. Conviene sacar entradas con antelación, ya que en cada edición la institución suele ofrecer algunas de las actividades, visitas y charlas más interesantes de la ciudad, sin olvidar el acceso a sus espacios exclusivos, que normalmente permanecen entre bambalinas; y, si además tienes suerte de que coincida con alguna actuación, mucho mejor.
Un final de cuento
Dicen que Walt Disney se inspiró en este parque de atracciones, el tercero más antiguo del mundo aún en funcionamiento (tiene la noria de madera más longeva documentada), para crear Disneyland, pero lo cierto es que Tivoli es uno de los lugares más especiales que se pueden visitar en la ciudad danesa. Además de un vistazo por sus jardines, atracciones y programación musical, este espacio es el broche perfecto para esta ruta que conjuga tradición, modernidad y escenarios de cine; no en vano, en las fechas de la Kulturnatten ya estará instalada su feria de Halloween (que dura aproximadamente un mes, exactamente hasta el 1 de noviembre), siendo el final perfecto para adeptos a la magia, el cine y, sobre todo, los cuentos daneses.
LO MÁS PRÁCTICO
Aunque el programa completo está disponible a partir del 11 de septiembre, es importante chequear las actividades que requieren reserva previa con tiempo (generalmente, pueden reservarse desde el 1 de octubre a las 12:00 h). Además, el pase completo de Kulturnatten cuesta 120 coronas danesas (unos 16,70 €) e incluye acceso a todo el transporte público y a las 250 instituciones que participan en esta edición.
Cómo llegar a Copenhague
La forma más sencilla de llegar es volar directamente a Copenhague-Kastrup (CPH) y desde el aeropuerto utilizar el metro o el tren hacia el centro; es rápido y económico. Además, para la ruta de Kulturnatten no es necesario alquilar coche: el centro es muy transitable a pie y bici, además de que el Kulturpas cubre gratuitamente el transporte público durante la noche (hasta de 16 h a 4h).
Dónde comer en Copenhague
- Sonny (Rådhusstræde 5): Nació en 2017 de la mano de dos parisinos (Sara y David) que trasladaron a la capital danesa el savoir-faire adquirido en París, y es un estupendo punto de desayuno (desde sus cafés de La Cabra a productos de temporada procedentes de Birkemosegård); además, queda en un punto especialmente central de la ruta, perfecto para descubrir el casco histórico.
- Poulette (Møllegade 1): La perfecta parada para reponer fuerzas o comer algo ligero durante el día en el efervescente barrio de Nørrebro. Sus sándwiches son su especialidad (servidos en brioche con pepinillo, mayonesa, queso y lechuga, aunque su versión vegetariana de tofu frito merece también atención), en especial, el de pollo frito (probablemente el más viral de la ciudad, después de que Dua Lipa lo recomendase en su newsletter). Lo completa su estupenda selección de vinos naturales (con Pompette, su wine bar) en el local de al lado.
- Locale21 (Ny Østergade 21): Una opción siempre infalible es este luminoso italiano de propuesta contemporánea y desenfadada, ideal para comer o cenar si estás en Kongens Nytorv o el barrio de Indre By. Aunque la pasta siempre es un acierto, sus entrantes para compartir y postres no le hacen ningún feo. Además, está abierto hasta medianoche entre semana, perfecto para cualquier jornada cultural o festiva.
- Schønnemann (Ny Østergade 21): No conviene dejar la ciudad sin haber disfrutado de (al menos) una comida tradicional. En este caso, lo adecuado es dirigirse a esta ya institución del centro histórico que lleva sirviendo smørrebrød desde 1877. Su restaurante aún conserva el aire de una antigua cervecería y sus pequeñas salas están bajo el nivel de la calle, lo que hace aún más especial la visita. Completan la experiencia sus más de 140 variedades de snaps, además de otros platos tradicionales como los arenques de pescado o el tartar de ternera.
Dónde dormir en Copenhague
Hotel Sanders: La opción perfecta para dormir en el centro, este hotel de diseño de cinco plantas (creado y regentado por el ex bailarín Alexander Kølpin) tiene lo mejor de la esencia de un club privado con la calidez de una casa particular; no en vano, abundan las maderas oscuras y piezas vintage de inspiración mid-century, además de chimeneas y bañeras en sus habitaciones. Además, su ubicación para la Kulturnatten es todo un acierto (entre Kongens Nytorv, el Teatro Real, Nyhavn y el eje hacia Christiansborg).
Hotel Bella Grande: A pocos pasos de Rådhuspladsen y los Jardines de Tivoli, este céntrico hotel es el nuevo favorito de la ciudad, tras haber remodelado un histórico edificio de 1899 combinando nostalgia europea y diseño contemporáneo (ojo a su patio de inspiración italiana). Además de todos los servicios (hasta bicis para recorrer la ciudad) Bella Grande destaca con la propuesta de su flamante italiano (Donna) y una situación que es perfecta, entre otras cosas, para volver a casa después de una visita temática a Tivoli.
Hotel Coco: En el corazón de Vesterbro (a pocos minutos de la Estación Central y de Tivoli) esta reciente apertura es una de esas direcciones que resumen muy bien el nuevo espíritu de Copenhague: diseño con mobiliario vintage, ambiente de barrio y mucha personalidad. Como plus, su café se transforma en un wine bar (especializado en vinos naturales) al atardecer y el hotel cuenta con certificación Green Key como base de su gestión (energía renovable, productos orgánicos y reducción de plásticos como leit motiv).

















