Con estas palabras, Nuria Roca resumía en Instagram una de las escapadas más especiales de la presentadora, la que ha hecho nada más estrenar 2026 a la capital francesa junto a su marido Juan del Val y sus hijos Juan, Pau y Olivia, coincidiendo con una gran nevada invernal: “París nevado bien merece un post aparte”. Un viaje marcado por la nieve en uno de los momentos más especiales del año: la fiesta de los Reyes Magos.
La nevada sorprendió a la familia recorriendo París, transformando el viaje en una experiencia inolvidable y regalando imágenes que pocas veces se contemplan de una ciudad acostumbrada a deslumbrar, pero que bajo la nieve tiene un encanto único.
Más allá del destino, el viaje tuvo un significado especial también por la fecha. “Mis Reyes”, compartió Nuria Roca junto a una serie de imágenes. Una manera sencilla y emotiva de mostrar que esta escapada no fue un viaje más, sino una celebración familiar única.
GRANDES CLÁSICOS EN BLANCO
Lejos de rincones alternativos, Nuria Roca y los suyos se centraron en visitar los imprescindibles de París, empezando por el Arco de Triunfo y los Campos Elíseos, preciosos de blanco. La Torre Eiffel, que pudieron contemplar sin las multitudes que en otros momentos del año provocan grandes colas, también mostró su mejor cara. Bajo la icónica estructura de hierro que nació para ser efímera y se convirtió en el símbolo de la capital francesa, se fotografiaron mientras caía la nieve. Y también pudieron disfrutar desde sus miradores de panorámicas de la ciudad únicas.
Cada piso tiene su propia plataforma de observación. El del primer piso se encuentra a 57 metros de altura, y el del segundo, al que subió la mediática familia y el más popular, a 115 metros, accesibles ambos bien en escalera o ascensor. Desde él tomaron varias fotografías, como la que sacaron del puente de Léna sobre el río Sena, junto al Jardín del Trocadero. Todavía hay un tercer piso que sube a la cima, situada a 276 metros de altura, con una vista de 360º que, si hay buena visibilidad, esta vez no era la ocasión, alcanza a ver el Sacre-Coeur, el barrio de Saint-Germain y La Défense.
Muchas de las curiosidades de la Torre Eiffel, que seguramente hayan conocido in situ Nuria Roca y su familia durante la visita, es que la torre no mide siempre lo mismo, durante el invierno encoge unos centímetros cuando baja la temperatura, que luego recupera con el calor y la dilatación.
Si de día Nuria Roca, Juan del Val y sus hijos Juan, Pau y Olivia subieron a sus alturas, de noche también tuvieron la oportunidad de contemplarla, cuando varios haces de luz la iluminan en tonos dorados, emitiendo destellos durante 5 minutos cada hora. Otra curiosidad, como tantas más que se cuentan sobre ella en la subida por las escaleras, es que fueron 25 alpinistas los que durante 5 meses realizaron los trabajos de instalación de la iluminación.
LA PUESTA AL DÍA DE NOTRE-DAME
Con un cielo azul y el sol brillando, pero desafiando a las bajas temperaturas, la familia continuó descubriendo otros imprescindibles de la ciudad, como la catedral de Notre-Dame, reabierta hace un año tras el incendio de 2019, aunque aún sigue en proceso de restauración. Reconstruida la famosa aguja, según los planos originales de Eugène Viollet-le-Duc, sus gárgolas y en el interior, vitrales y rosetones góticos, cientos de esculturas –muchas con nuevas réplicas exactas– o el órgano histórico, nadie se quiere perder la visita para ver cómo ha quedado. Y de ello dan fe las imágenes de las numerosas personas que se concentraban a sus puertas y no parecían temer al frío.
MONTMARTRE: EL ENCANTO BOHEMIO
Por el barrio de los artistas y los bohemios, que gira en torno a la basílica del Sacré-Coeur, también pasaron la periodista y el escritor con sus hijos. En las fotos que han compartido, la pareja aparece besándose en las escaleras de la rue Foyatier, una famosa y empinada callejuela que conecta la parte baja del barrio con la colina en la que se ubica el barrio, y sale el molino de la Galette, en la rue Lepic, uno de los últimos molinos de viento que quedan en París. Construido en 1622, durante el siglo XIX se convirtió en un cabaret y salón de baile muy popular entre artistas como Toulouse-Lautrec y Renoir –este lo inmortalizó en una obra con el mismo título– y, aunque ya no funciona como tal, es un icono fotográfico del barrio.
La noria instalada en el Jardín de las Tullerías en época navideña –entre el Museo del Louvre y la plaza de la Concordia–, las orillas del Sena, los jardines del Palais Royal o el Centre Pompidou –actualmente cerrado para someterse a una amplia renovación y modernización–, también ha formado parte de su itinerario parisino, como las paradas gastronómicas. Pero al lugar que han dedicado más tiempo ha sido al Museo Dorsay, ubicado en la antigua estación de tren Beaux-Arts a orillas del río Sena, construida para la Exposición Universal de 1900.
ENTRE OBRAS IMPRESIONISTAS
Bajo una arquitectura impresionante, con techo de vidrio, relojes enormes y estructuras metálicas de la Belle Époque, que hacen del propio edificio una obra de arte, se encuentra la colección más grande del mundo de obras maestras impresionistas y postimpresionistas. La Noche estrellada sobre el Ródano de Van Gogh, los bailarines de Degas, las esculturas de Renoir y los paisajes de Monet y de Cézanne son algunos de los iconos que todo visitante busca.
Va a tener razón Nuria Roca cuando dice que “hay viajes que bien merecen un post aparte”. Y este que ha hecho en familia para estrenar enero lo demuestra. Profundamente especial, como cualquier visita a París, pero con un elemento inesperado añadido: la nieve.


















