Murcia: la otra cara de la Costa Cálida

Paraíso de buceadores y de senderistas, el agreste territorio que se extiende por la costa meridional murciana, entre el cabo Tiñoso y Cuatro Calas, atesora recónditas playas vírgenes, cobijadas bajo paredes de roca que, en ocasiones, dibujan formas imposibles. Un paisaje solitario donde la naturaleza se mantiene impoluta a pocos pasos de los animados centros del turismo de sol y playa

Murcia ¡HOLA! Viajes
Por Noelia Ferreiro

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Murcia tiene una franja de litoral que custodia calas intactas, resguardadas por sierras semiáridas, donde el agua registra una temperatura superior a la del resto de la costa. Un tramo en el que la naturaleza se ha impuesto al desarrollo, exhibiendo las formas que el mar ha dado a la línea de acantilados, y la arena dorada contrasta con el tono rojizo de las rocas. Del cabo Tiñoso hacia el límite con Almería, aguarda un territorio que esconde espacios protegidos en los que bañarse sin edificios a la vista, formaciones geológicas que conforman una ciudad encantada y pequeños núcleos de población con interesantes huellas de civilizaciones perdidas y un animado ritmo de vida.

Murcia ¡HOLA! Viajes©Juan Serrano Corbella
Murcia ¡HOLA! Viajes©GettyImages
Erosiones de Bolnuevo, un mágico y peculiar paisaje en la bahía de Mazarrón donde la arenisca ha sido modelada de forma caprichosa por el viento y el agua a lo largo de millones de años. Arriba, surfistas en Cala Bahía.

Comenzamos la ruta ejercitando las piernas en pleno espacio natural de la Sierra de la Muela, Cabo Tiñoso y Roldán, que debe a su pasado militar la conservación intacta de su entorno. Bastarán unos kilómetros de caminata, al paso de la imponente batería de Castillitos, para que la costa se abra abruptamente con la mejor panorámica del litoral murciano: al frente, el pequeño islote de Las Palomas, y bajo las paredes escarpadas, un rosario de playas (El Portús, Aguilar, Bolete, Salitrona…), cuyos fondos son una meca para los buceadores. Casi sin darnos cuenta, la carretera conduce al recoleto puerto pesquero de La Azohía, unido por una senda peatonal a la diminuta pedanía de Isla Plana. Aquí no solo encontramos los restos de las antiguas termas romanas del Baño de la Marrana, también un conjunto de terracitas al final del paseo marítimo, ideales para tomar un aperitivo.

Llegamos a Mazarrón, donde también los romanos establecieron una fábrica de salazón en la que elaboraban garum, la salsa de pescado que servía para potenciar el sabor. Descubierta en los años 70 del pasado siglo junto al muelle pesquero, hoy se visita en el llamado Museo Arqueológico y Factoría Romana de Salazones, como también el Centro de Interpretación del Barco Fenicio, una de las embarcaciones más antiguas halladas en el Mediterráneo.

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La batería de Castillitos, construida imitando un castillo medieval en el cabo Tiñoso, protegía la entrada a la bahía de Cartagena junto a su gemela, la de Cenizas, en el cabo Negrete.

Más allá de su casco urbano, Mazarrón es un municipio con 32 playas para todos los gustos. Y aunque algunas como Cala Bahía o Cala Desnuda gozan de un bonito entorno, es imprescindible acercarse hasta las llamadas Gredas de Bolnuevo, el impactante paisaje donde la erosión ha tallado extrañas figuras en la roca. Una suerte de Capadocia murciana designada monumento de interés natural.

El viaje avanza, entre ramblas desérticas e infinitos invernaderos, bordeando la inmensa bahía. Aparece entonces el Parque Natural de Calnegre, posiblemente el tramo de costa más virgen de toda la región. Un rosario de calas resguardadas por paredes de pizarra que le otorgan al paisaje una coloración oscura.

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En la playa de Los Cocedores (en la imagen), como también en las de Calarreona, La Higuerica y La Carolina –Cuatro Calas– se observan extraños relieves en los afloramientos volcánicos.

En Calnegre lo que encontramos es monte tapizado de rala vegetación que se adapta a la sequedad de estas tierras, acantilados que se precipitan al mar y dunas fósiles que son el hábitat de la tortuga mora. También el pequeño poblado de Puntas de Calnegre, con sus blancas casitas a pocos pasos del agua. Pero, sobre todo, encontramos rincones donde el bañista más exigente puede sentirse en el paraíso: Calnegre, Baño de las Mujeres, Siscal, Calahonda…, y, para muchos, la más bonita, Percheles, con su forma de media luna y su línea de palmeras en la orilla. La arena es tan fina y el agua tan cristalina que trae reminiscencias a exóticas latitudes.

Dejamos atrás el cabo Cope, después de recorrer un sendero natural que nace junto a una atalaya, y partimos hacia el paisaje protegido de Cuatro Calas, ya en la localidad de Águilas. Calarreona, La Higuerica, La Carolina y Los Cocedores, con un mar cristalino encajado entre extraños relieves, son una muestra del vulcanismo del sureste de la península y un reducto del Mediterráneo más virgen.

Murcia ¡HOLA! Viajes©Palo Del Mar

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Navegar en busca de delfines y ballenas. Las aguas cálidas que bañan la bahía de Mazarrón, entre el cabo Cope y el cabo Tiñoso, albergan durante todo el año hasta cinco especies de delfines. En mayo y junio reciben, además, la visita de dos grandes cetáceos: los rorcuales y los cachalotes, que acuden a esta franja costera para reproducirse. Cetáceos y Navegación (cetaceosynavegacion.com) y Rutas de Tierra y Mar (rutasdetierraymar.com) ofrecen esta excursión.

Guía práctica

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