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Camille Gottlieb, la hija pequeña de Estefanía de Mónaco, concede su primera entrevista: 'Odio perder el control'

Abre su corazón y habla por primera vez de su familia, de su vida, de sus sueños

por hola.com

La primera entrevista anuncia razones de primer orden: Camille Gottlieb ha salido del refugio familiar, de las faldas maternas de Estefanía de Mónaco, para ser otra Grimaldi para el mundo. La hija pequeña de la Princesa ha hecho público que se unirá activamente al clan soldado, que cerrará filas en torno a las huestes de la filantropía, que perseverará en la cruzada familiar de las causas sociales. Ha confiado en Point de vue para abrir su corazón, para hablar por vez primera de su familia, de su vida, de sus sueños… La felicidad que todavía anhela y la vocación que ya cumple con su última decisión de dedicarse al servicio de los demás.

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Tiene 19 años, la cabeza sobre los hombros y el corazón muy grande, donde atesora “amor infinito hacia los suyos y, por extensión, hacia los monegascos. “Mamá me educó igual que a mis hermanos -Louis y Paulina Ducruet, nacidos del matrimonio de la princesa Estefanía y Daniel Ducruet-, a pesar de nuestra diferencia de edad, así que maduré muy pronto. Como ella, soy también muy sensible a los problemas de la sociedad. Me inculcó sus valores, el cuidado de los demás, el deseo de ayudar a mi prójimo. Mi abuelo el príncipe Raniero también era así”.

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Su madre es su modelo, su ejemplo a seguir. La larga carrera de Estefanía de Mónaco en la lucha contra el SIDA y en la defensa de los animales ha impulsado a Camille a dar sus primeros pasos por la senda de la solidaridad con el lanzamiento de la Fundación Be Safe Monaco, que pretende concienciar a la juventud monegasca del peligro que entraña el alcohol y la conducción, un cóctel mólotov: “En Mónaco, somos un montón de amigos. Este verano, perdimos a Alexis, víctima de un accidente de tráfico al regresar una noche. La noticia de su muerte nos conmocionó y este drama fue el desencadenante de Be Safe Monaco”. Camille y tres amigasCharlotte, Andrea y Margaux, fundaron la organización para alentar a los jóvenes a organizar fiestas sin alcohol, entre otras medidas. “No es necesario tener tres gramos en la sangre para pasar un buen rato”.

Ella lo sabe bien. No bebe. Probó el alcohol cuando empezaba a salir con 17 y 18 años como todos los demás, pero pronto se dio cuenta de que no era para ella: “Odio la idea de perder el control”. Por eso también medita concienzudamente cada decisión y toma en consideración la opinión de sus padres, tanto de la princesa Estefanía como de Jean-Raymond Gottlieb, ante las grandes encrucijadas de la vida. Su futuro como estudiante, tras un bachillerato de Letras con honores, ha sido la más reciente. Tras mejorar su inglés, aprender ruso, trabajar como voluntaria en Fight Aids Monaco, la organización contra el SIDA de su madre, y cursar el BTS en Comunicación en Niza, un ciclo formativo de dos años de grado superior, quiere ir un tercer año a la universidad de Mónaco y, finalmente, hacer un máster en el extranjero, lo que de momento ni se plantea:  “Antes debo encontrar el valor necesario para separarme de mi madre”.

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Sabe que cuando llegue el momento de abandonar el hogar familiar a la princesa Estefanía tampoco le resultará fácil: “Mi madre lloró cuando Louis y Paulina abandonaron el nido y llorará cuando me vaya también. Ella es realmente una mamá gallina (…). Nos llama a todas horas y nos dice cuánto nos quiere varias veces al día. Ella y yo realmente nos conocemos muy bien, somos muy cómplices, nos reímos mucho juntas”. Y es que madre solo hay una, aunque miembros de la familia hay muchos, y se siente muy unida a todos ellos. Si a su madre se refiere como su pulmón izquierdo, de su padre dice que es el derecho y que sin ellos no podría vivir. Con sus hermanos maternos forma los Tres Mosqueteros, como se llaman entre ellos, y a los hermanos paternos, los pequeños Maxime y Thomas, sencillamente los adora, igual que a sus abuelos por parte de padre, para quienes tiene amor infinito.

Apenas conoció a su abuelo materno, el príncipe Raniero, pero tampoco lo olvida: “Tuvimos una conexión muy fuerte. Me encantaba estar con él. Para mí, antes que ser un príncipe, era un abuelo, mi abuelo. Solo lo conocí seis años, desafortunadamente, pero él nunca dejó de ser una fuente de inspiración para mi madre y para mí. Algunas personas decían que no siempre tenía un carácter fácil, pero mi abuelo tenía sobre todo un gran corazón, una gran sensibilidad”. Y, en cuanto a la princesa Grace, no hay elogio que más le complazca que la comparen con ella. A fin de cuentas fue la primera que se dio al mundo.

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