Carolina de Mónaco y su hija Alejandra supieron en Capri que Ernesto había sido hospitalizado

por hola.com

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Las costas de Italia es uno de los destinos preferidos de la princesa Carolina para sus vacaciones de verano. Un lugar tranquilo en el que disfruta de la compañía de sus hijos y sus respectivas parejas y se relaja tras los meses de ajetreo y preparativos de la boda de su hermano Alberto. Paseando por la playa, las tiendas o buceando, la princesa Carolina parece llena de energía e inicia ahora una nueva etapa en el Principado, tras ejercer durante décadas de primera dama.

Acompañada de sus hijas Carlota y Alejandra y Beatrice Borromeo, la novia de Pierre, Carolina pasó un día tranquilo en Capri tras bajar a tierra desde el yate en el que navegan. Las cuatro visitaron algunas tiendas de la localidad en las que Carlota, que apenas se despegó de su teléfono móvil, se probó varios pares de cómodas sandalias. El broche de oro a la tarde lo puso un refrescante helado para combatir el calor.

Sin embargo, no todo ha sido tranquilidad durante este periplo ya que ha sido allí donde la princesa ha recibido la noticia del ingreso de su todavía marido Ernesto de Hannover, padre de su hija pequeña Alejandra, en Ibiza a causa de una pancreatitis. A pesar de que no han llevado a cabo los trámites legales para finalizar su matrimonio, la última vez que se les vio juntos fue en julio de 2009, en Bonifacio (Córcega) con motivo del cumpleaños de su hija Alejandra. Desde entonces han hecho vidas separadas y no se les ha vuelto a ver juntos, aunque Carolina sigue manteniendo un estrecha relación con los hijos de Ernesto a quienes se dio un lugar destacado en la boda del príncipe Alberto (se sentaron detrás de sus hijos durante la ceremonia religiosa).

Ernesto de Hannover tuvo que ser ingresado de urgencia a principios de esta semana tras sentir un fuerte dolor abdominal y permanece bajo observación. No es esta la primera vez que pasa por esto, pues ya en abril de 2005, sufrió una pancreatitis aguda por la que hasta llegó a temerse por su vida. “La pancreatitis es lo más siniestro que puede sucederle a uno. No se lo desearía ni a mi peor enemigo” confesaba Ernesto hace seis años.

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