El príncipe Harry vuelve a revivir el fantasma de su mayor remordimiento: la brevedad de la última llamada telefónica que mantuvo con su madre, Diana de Gales, apenas unas horas antes de su trágico accidente en París. No es la primera vez que el duque de Sussex habla de ese momento, del trágico verano de 1997, sin embargo, con el paso de tiempo, su propia experiencia como padre y la ayuda profesional que ha recibido en esta última étapa de su vida, parecen haber resignificado un dolor que lleva arrastrando casi tres décadas.
La actualidad muestra una nueva faceta del príncipe Harry, más maduro y reflexivo, gracias a una entrevista concedida a la revista GQ durante su último viaje de trabajo a Nueva York. En ella, el duque profundiza en el trauma de la pérdida temprana y en la dolorosa comparativa entre una muerte repentina y una enfermedad, por lo que es inevitable recordar que su padre, el rey Carlos III, acaba de pasar por un cáncer.
Ante la pregunta de si la experiencia de la pérdida traumática influye en su visión actual, Harry se sincera de forma desgarradora: "Tengo amigos y familiares con cáncer, y a mí me quitaron a mi madre demasiado pronto. Uno de mis mayores arrepentimientos es precisamente esa última llamada con ella: si hubiera sabido que era la última, la conversación habría sido completamente distinta. Pero era un niño de doce años que solo pensaba en colgar para irse a jugar con sus primos, y es algo con lo que tengo que cargar".
Este sentimiento de culpa no es nuevo en su narrativa personal. El duque de Sussex ya había recordado las horas previas a la muerte de su madre en sus memorias oficiales, Spare (En la sombra en español), publicadas en enero de 2023. En las páginas de su biografía, Harry contextualizaba el escenario de su infancia y recordaba la felicidad inocente que precedió a la tragedia en la residencia escocesa de la reina Isabel II: "Para mí, Balmoral nunca dejó de ser, sencillamente, el Paraíso; un cruce entre Disney World y una especie de arboleda druídica sagrada... A decir verdad, es posible que nunca fuera más feliz que aquel fatídico día dorado de verano en Balmoral: el 30 de agosto de 1997".
El contraste entre esa atmósfera idílica que ofrece el castillo escocés y la posterior llamada telefónica acentúa el dolor de un recuerdo que al parecer, según su última entrevista, el príncipe Harry revive de forma recurrente. A sus 42 años, el duque de Sussex explica que ese duelo ha mutado, pero la figura de su madre sigue siendo una constante diaria. Al ser cuestionado en la citada entrevista sobre el peso de su ausencia en el día a día y sobre las reflexiones que comparte con la neurocientífica Dra. Mary-Frances O'Connor para lanzar una master class bajo el título Redefiniendo el duelo: construyendo resiliencia a través de la pérdida, un proyecto para una plataforma educativa estadounidense de psicología y salud mental, el príncipe admite que el recuerdo de su madre y la conversación con ella permanecen siempre abiertos: "Son cosas rápidas, como: 'Vaya, te echo de menos. Me pregunto cómo sería el mundo si aún estuvieras aquí. Me pregunto cómo sería mi familia si aún estuvieras aquí'. Así que hay preguntas que me hago a mí mismo. Y a veces hay preguntas que le hago a ella, buscando algún tipo de respuesta, ya veces sí que obtengo una respuesta".
El testimonio de Harry vuelve una y otra vez a conectar con el niño de doce años que perdió a su madre de una forma brutal, pública y mediática, pero ahora comparte su vulnerabilidad desde otro ángulo, con la esperanza de ayudar a otros a procesar su propio dolor.









