"Uno pensaría que tuve la mejor ayuda del mundo. Soy un príncipe, por Dios, pero aun así estaba de luto y no tenía dónde canalizar esos sentimientos", el príncipe Harry ha vuelto a hablar de salud mental para explorar el duelo, la resilencia y el impacto duradero que tuvo la muerte de su madre, Diana de Gales, cuando él tenía tan solo 12 años. Desde que salió de la realeza británica, el duque de Sussex no tiene miedo a convertir su dolor en una experiencia de aprendizaje y acompañamiento para otros, ahora ha lanzado un nuevo proyecto en el que ha revelado detalles nuevos de su vida, como la depresión que tuvo después de dejar la vida real y el Reino Unido o la "regla de los 10 días" que él y Meghan Markle se han marcado como padres.
El príncipe Harry se ha unido a la neurocientífica Dra. Mary-Frances O'Connor para lanzar una master class bajó el título Redefiniendo el duelo: construyendo resiliencia a través de la pérdida, un proyecto para una plataforma educativa estadounidense de psicología y salud mental. El duque de Sussex ya contó en sus memorias cómo, siendo un niño, no recibió ayuda para procesar la muerte de Diana de Gales, muy prematura, pública y expuesta. Sin embargo, ahora ha ido más allá y ha reconocido que esas emociones le acompañaron y marcaron durante casi 20 años y que solo fue tras la terapia cuando pudo reencontrarse en paz con los recuerdos y emociones que tenía con su madre y había bloqueado para evitar ese dolor.
"Sentí que tenía que estar triste para demostrar que la echaba de menos", cuenta Harry. "Fue como ser transportado a otra época", dijo Harry reconociendo que había llegado a olvidar cómo sonaba la voz de su madre, cómo era su risa o su olor. Harry, que reconoce que no lloró durante 20 años, ahora es capaz de pensar en ella "prácticamente todas las noches y casi todas las mañanas".
El príncipe Harry explica otros detalles de su vida, estos inéditos, como que a pesar de haber encontrado la felicidad con Meghan, "cayó en una depresión" después de que abandonaran la vida real y dejaran el Reino Unido. "Nos mudamos a Canadá para alejarnos de todo y simplemente pensar", explicó sobre la polémica decisión que los Sussex tomaron en 2020. "A los dos o tres días de dejar ese entorno estresante, experimenté una bajada de adrenalina como nunca antes había sentido. Era como si necesitara estrés para que mi cerebro funcionara. Me volvía inútil en casa. Caí en una depresión durante unas dos semanas y sentía que no podía funcionar sin adrenalina", cuenta Harry sobre la crisis de identidad que sufrió al dejar de ser todo lo que había sido durante toda su vida, un príncipe británico en activo y bajo la protección de la Corona británica.
El príncipe Harry habla ahora desde otro lado, sin ese dolor, y se ha marcado como padre reglas estrictas inpensables en otro tiempo de la realeza británica. "La regla de los 10 días", explica el duque de Sussex. "Para mí, lo más importante es la energía, la alegría y la felicidad que obtengo al estar con mi familia, especialmente con nuestros hijos, y al estar sobre el terreno realizando mi trabajo. La clave para mantener ese equilibrio es no pasar más de diez días lejos de mi esposa y mis hijos", explico el nieto de Isabel II, una mujer que se esforzó por demostrar que el hecho de ser mujer y madre no le restaba tiempo en la jefatura del Estado y se esforzó por reducir el tiempo en familia.
"Se trata de equilibrar mi trabajo y el sentido de propósito al ser padre y esposo", cuenta Harry en un valiente vídeo en el que habla sobre su experiencia personal. De algún modo, aunque no lo han dicho tan claramente, es lo mismo que hacen los príncipes de Gales, Guillermo y Kate, que han puesto el foco en su vida familiar y han creado un sistema de trabajo en el que ella no viaja cómo hacían antes. Con personalidades distintas y dos modos de procesar la pérdida, los hermanos Guillermo y Harry han llegado a una conclusión parecida: el tiempo perdido no vuelve y su familia es lo primero.









