Sarah Ferguson cumple 67 años este 15 de octubrey lo hace con una realidad radicalmente distinta a la de otros tiempos. Lejos han quedado los días en los que la madre de las princesas Beatriz y Eugenia de York disfrutaba de animadas cenas en restaurantes de moda en Londres o planeaba celebraciones extravagantes. Tras afrontar lo que se describe como uno de los peores periodos de su vida, la exduquesa de York y exmujer del expríncipe Andrés (el prefijo ex ya es una costante en su vida) sopla las velas en un escenario de absoluto aislamiento y luto privado, manteniendo un perfil excepcionalmente bajo en una casa alquilada en los condados cercanos a Londres.
La fecha de su aniversario coincide con una profunda caída en desgracia institucional y social. Hace apenas un año, Ferguson se vio marginada y abandonada por múltiples organizaciones benéficas a raíz de que saliera a la luz su estrecha vinculación con Jeffrey Epstein. El distanciamiento público ha sido tan drástico que, coincidiendo con la semana de su cumpleaños, el hospital infantil Great Ormond Street retiró una placa que conmemoraba un centro inaugurado por ella en 1990. Este hecho marca un doloroso punto de inflexión en su actual situación.
El experto en la realeza Phil Dampier destaca el drástico contraste de esta fecha con su pasado. "A Sarah siempre le ha encantado la fiesta", comenta Dampier. "Sería la primera en organizar una fiesta extravagante donde el champán rosado Laurent Perrier fluiría sin cesar, pero sospecho que este cumpleaños será extremadamente discreto, en consonancia con el hecho de que ha mantenido un perfil bajo durante casi un año. Nadie la ha visto y está realmente decidida a mantenerse alejada de los focos". Esta ausencia de los focos responde también al reciente fallecimiento en julio de su amigo íntimo Paddy McNally, una pérdida que la ha dejado sumida en el duelo durante este aniversario.
A pesar del aislamiento, el apoyo en este día proviene estrictamente de su entorno familiar íntimo. Sus hijas, las princesas Beatriz y Eugenia, se han convertido en su pilar fundamental, visitándola en secreto para ofrecerle consuelo. No obstante, el distanciamiento social también tiñe estas interacciones afectivas. Según detalla el cronista real, las princesas evitan a toda costa ser captadas junto a ella. "No creo que quieran que los vean con ella en público ahora mismo, y probablemente ella también se dé cuenta de que no es buena idea, pero en privado están hablando y tratando de apoyarla", desvela Dampier, añadiendo que el vínculo familiar se ha transformado notablemente debido al temor de las jóvenes a verse salpicadas por la polémica.
Ante la imposibilidad de festejar en el Reino Unido de forma abierta, el destino de la celebración podría trasladarse al extranjero para eludir el escrutinio mediático. "No me sorprendería que celebrara su cumpleaños en Portugal, donde vive Eugenia", añade Phil Dampier. "Ha mantenido un perfil muy bajo y, si va a celebrar algún evento familiar o reunión, será allí, en lugar de en un restaurante o pub de Londres o Windsor. Simplemente creo que no quiere que la vean ahora mismo". Esta opción refuerza su total deseo de desaparecer de la vida pública británica.
Por el contrario, quien no formará parte de ninguna celebración es su exmarido, el príncipe Andrés. A pesar de haber compartido residencia durante tres décadas tras su divorcio, Sarah no ha viajado a Norfolk para visitarlo en su exilio. Al cumplir los 67 años, el panorama de Sarah Ferguson se define por la soledad, el luto y un futuro incierto. A pesar de todo, quienes conocen su trayectoria mantienen una pequeña duda sobre su capacidad de resiliencia, tal como concluye Dampier: "Ella es la reina del regreso. Quién sabe si, a los 67 años, será capaz de lograrlo o si ya es demasiado tarde. Pero sin duda lo intentará."









