En el condado de Norfolk

Por qué Carlos III pasa su convalecencia en Sandringham, el retiro campestre de los monarcas

El Rey se encuentra en esta inmensa finca propiedad de la familia real desde el siglo XIX

Por Lucía Fernández

En solo 48 horas Carlos III hizo un anuncio que dejó en shock al país, se trasladó a Londres para comenzar su tratamiento contra el cáncer, se reunió con su hijo el príncipe Harry que voló de urgencia de California tras nueve meses sin verse y saludó a los fotógrafos con una sonrisa al salir de su residencia de Clarence House hacia Buckingham. Entonces se subió a un helicóptero rumbo a Sandringham, lugar de retiro de cuatro generaciones de monarcas. Fue allí donde se le vio por última vez antes de que se hiciese público el anuncio de su enfermedad, paseando junto a la reina Camilla para asistir a misa. En este rincón del condado de Norfolk el Rey encuentra privacidad, tranquilidad y mucho campo. Todo lo contrario a lo que han sido estos dos últimos días en el corazón de la capital. 

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Sandringham Estate, situada al este de Inglaterra, la forman una enorme mansión de estilo jacobino construida por Eduardo VII y la reina Alejandra que alberga auténticos tesoros de la era victoriana, los jardines diseñados por Geoffrey Delecoe, un área de juegos infantil y la iglesia de Santa María Magdalena. Buena parte de este complejo de 8.000 hectáreas, a excepción de la casa privada, se encuentra abierto al público. Esta finca colosal en plena naturaleza pertenece a la familia real británica desde 1862 y, junto con el castillo de Balmoral, no forma parte de los bienes del Estado. Así, cuando en 1936, Eduardo VIII (después conocido como el duque de Windsor) abdicó como Rey, estas fincas no pasaron al nuevo Rey, su hermano Jorge VI, sino que éste tuvo que comprárselas a su hermano para que ambas propiedades siguieran siendo propiedad exclusiva de los Windsor. 

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Era la residencia favorita de Isabel II y el punto de encuentro de los Windsor cada Navidad. Además ha sido escenario de grandes celebraciones familiares como el bautizo de Charlotte de Gales, pero también de grandes cismas como la cumbre en la que acordaron los términos de la renunica de Harry y Meghan a sus obligaciones reales. Para Carlos III, amante de la jardinería y la naturaleza es un retiro ideal en el que, además se ha afanado en dejar su impronta introduciendo cultivos sostenibles y mejorando su diversidad. Tiene, además, grandes planes para esta finca, tan inmensa que el Rey quiere poner en marcha un camping de lujo en sus terrenos con unas 15 tiendas de campañas tipo safari.

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Tradicionalmente, la residencia habitual del monarca es el palacio de Buckingham, donde prevé mudarse con al reina Camilla cuando finalicen unas obras de reforma que se prevén terminen para 2027. Nunca tuvo prisa en trasladarse ya que el Rey vive desde hace dos décadas en Clarence House, en pleno centro de Londres.

Cuando buscaba calma, se refugiaba en Highgrove, una casa de campo de estilo georgiano construida entre el 1796 y 1798 en el condado de Gloucestershire. Allí es donde siempre ha desatado su pasión por la jardinería y la agricultura ecológica. A menudo se ha dicho que de no haber sido Rey, sería granjero. Highgrove siempre ha sido su residencia predilecta, pero su ascenso al trono llegó con 30 palacios -entre los que son propiedad de la monarquía y los del Estado- a su entera disposición. Entre ellos, la majestuosa finca de Sandringham que en estos momentos le ofrece la paz que necesita

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